| 4/26/2018 12:01:00 AM

El aporte de Uniformar al desarrollo social del Eje Cafetero

Uniformar es reconocida por la elaboración de uniformes para todo tipo de empresas, pero también por su apoyo a las personas menos favorecidas. Esta es su historia.

Generar empleo incluyente con poblaciones vulnerables como la indígena, víctimas del conflicto armado y personas en proceso de reintegración ha sido una de las constantes de Uniformar, empresa de Pereira dedicada al diseño, confección y comercialización de dotaciones empresariales e industriales.

Liliana Ospina Gil y Mónica Sánchez se han dado a la tarea no solo de sacar un negocio adelante, sino de hacerlo con la ayuda de la población menos favorecida. Hoy Uniformar genera 10 puestos de trabajo directos, además de los indirectos de los 22 talleres satélites con los cuales trabaja.

Liliana creó la empresa en 1994 y dos años más tarde llegó su socia Mónica Sánchez, quien cuenta que cuando decidió unirse a la iniciativa de este emprendimiento, Liliana ya trabajaba con 6 mujeres indígenas emberá que habían sido impactadas por la violencia.

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Desde sus inicios, el objetivo ha sido el mismo: hacer un aporte social. Uniformar se ha especializado en la elaboración de uniformes para el sector hotelero, siendo Decameron su principal cliente. A través de esta cadena exporta sus productos a Haití. También le vende a hoteles como Portobelo y Casa Blanca en San Andrés, además de algunos otros en el Eje Cafetero.

En su trayectoria, la compañía ha sido proveedora de la Federación de Cafeteros, que le ha pedido uniformes para las mercaderistas, lo que ha permitido que las prendas elaboradas en Pereira se exhiban en Perú, Ecuador, Bolivia y Estados Unidos, aunque no se trate de exportaciones directas, pues el producto lo entregan en Colombia                                                   Liliana Ospina Gil, gerente comercial de Uniformar y Mónica Sánchez, gerente de Unformar. 

En el año 2008, Uniformar vinculó a su nómina al primer reintegrado. Se llama Luis y desde ese año es el mensajero de la empresa. Luis hizo que las socias se enamoraran del proceso de reintegración al cual le habían huido.

Cuando un grupo de reinsertados llegó a tocar a sus puertas, lo primero que hicieron fue donarles ropa con la idea de que se fueran y no regresaran. Sin embargo, no fue así, y por cosas del destino el mensajero que tenían en ese momento se fue, por lo que decidieron darle la oportunidad a Luis, quien debió someterse a un complejo proceso de selección, ante la incertidumbre que les generaba vincular a una persona que había sido parte del conflicto.

Hoy, 9 años después, Liliana y Mónica valoran enormemente la lealtad, entrega y dedicación de esta persona en su trabajo y han vinculado a más desmovilizados a su empresa, a la vez que se han dado a la tarea de que las unidades productivas con las que trabajan también contraten a estos colombianos. En este momento en los talleres satélites trabajan 19 personas reintegradas.

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El año pasado, la empresa abrió su propia unidad productiva dentro de sus instalaciones, con la idea no solo de desarrollar sus procesos manufactureros e industriales, sino de continuar generando empleo. En este momento son 10 personas y la proyección es que en diciembre la cifra llegue a 22.

Apoyo a reintegrados

Mónica Sánchez dice que el proceso de reintegración de Luis las animó a generar 9 empleos directos con la empresa para reintegrados, además de los que trabajan con los talleres satélites. No obstante, hoy de esos 9 solo se conservan 4.

Precisa que un estudio realizado por el Clúster Textil–Confección Eje Cafetero, que precisamente Uniformar tuvo la iniciativa de crear con el fin de unir esfuerzos para hacer frente a las dificultades del sector confeccionistas, indica que donde hay reintegrados la productividad se incrementa en 20%, pues son personas que no van a hacer amigos, sino a ganarse su oportunidad laboral.

En temporadas normales, Uniformar fabrica 5.000 unidades por mes, pero con los pedidos de Decameron han llegado a elaborar hasta 24.000 prendas mensuales; lo que les obliga a incrementar la mano de obra.

Y, aunque mantenerse en un mercado tan competido y azotado por el contrabando no ha sido tarea fácil, Liliana y Mónica le siguen apostando no solo a la región sino al país; pues vienen de enfrentar una difícil coyuntura generada por el impacto que tuvo el paro de los pilotos de Avianca en el sector hotelero, que terminó pasándoles factura también a ellas.

Ha sido tal la caída, que la empresa pasó de registrar ventas anuales por un monto promedio de $2.000 millones a $1.121 millones en 2017, lo que la obligó a reducir casi a la mitad su nómina. Un año atrás trabajaban 19 personas; ahora son 10.

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Pero, a pesar de la adversidad, este par de emprendedoras tienen claro que no van a cerrar su empresa y por ello se han dado a la tarea de buscar nuevos clientes con el fin de sacar su negocio y a sus empleados adelante. Están poniendo sus ojos en el sector industrial y en el educativo. En este momento trabajan en uniformes para los colegios Aspaen, una red de instituciones educativas que tiene presencia en las principales ciudades del país con más de 20 sedes.

La empresa ha diseñado un modelo de gestión que facilita la capacitación de operarias y la creación y fortalecimiento de talleres satélites como proveedores. Además de la compra de los insumos, Uniformar promueve la educación de los beneficiarios, la adquisición de vivienda y el acceso a seguridad social.

El año pasado, Uniformar obtuvo el premio Emprender Paz, que reconoce el aporte empresarial a la construcción de paz en el país. Pero no es el único reconocimiento.

A este se suma uno de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) por su articulación y contribución a la estabilización económica y social de la población víctima del conflicto armado, recibido en 2012; otro de la Agencia Colombiana para la Reintegración, por su contribución al proceso de reintegración social y económica de los desmovilizados y un Galardón Coomeva al Emprendimiento, categoría Mujer Emprendedora 2013-2014, entre muchos otros.

Así, con un trabajo articulado no solo con su propia gente sino con los talleres satélite, Uniformar tiene el objetivo de seguir “uniformando” a los empleados de muchas compañías y colegios del país, al tiempo que les ayudara a los menos favorecidos a encontrar segundas oportunidades.

Clúster de confección

El deseo de Liliana Ospina y Mónica Sánchez de trabajar por su región las llevó a poner en marcha una iniciativa con el fin de unir esfuerzos en beneficio de la industria textil y de la confección del Eje Cafetero. Lideraron un proceso de asociatividad con otras empresas del sector para darle vida a un clúster que hoy funciona bajo la sigla Juntos Eje Cafetero, una entidad sin ánimo de lucro que tiene vida jurídica desde el 25 de abril de 2015 cuando se constituyó como Federación ante la Cámara de Comercio de Pereira. Hoy el clúster cuenta con más de 10 empresas asociadas que generan más de 700 puestos de trabajo.

EDICIÓN 562

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