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| 10/25/2018 12:01:00 AM

Sigue el corto circuito entre el Grupo Energía de Bogotá y Enel

Las relaciones entre el Grupo Energía de Bogotá y Enel –socios en Emgesa y Codensa– pasan por uno de sus momentos más tensos, por diferencias en dividendos, en el desarrollo de las energías renovables y en el uso de la marca.

El pasado viernes 12 de octubre, una información eventual del Grupo Energía de Bogotá (GEB) publicada segundos antes de las 5 de la tarde confirmó un secreto a voces: las diferencias de este poderoso conglomerado energético –considerado la joya de la corona de Bogotá– con su socio Enel, que participan en Emgesa (que tiene 21% del mercado de generación en Colombia) y en Codensa (compañía de distribución que atiende el centro del país).

“Con ocasión de debates específicos alrededor de los Acuerdos Marco de Inversión suscritos con Enel Américas en relación con las compañías Emgesa y Codensa se ha decidido elevar los conflictos no resueltos entre las partes ante un tribunal de arbitramento”, dice en forma escueta el pronunciamiento del grupo.

Ante un requerimiento de la Superintendencia Financiera para que ampliara la información, el GEB confirmó que las controversias “se refieren al porcentaje de reparto de dividendos, el desarrollo de negocios en nuevas tecnologías y asuntos de propiedad intelectual”.

La relación del GEB y la italiana Enel, cada una con sus transformaciones y cambios de propiedad, ha sido una de las alianzas público-privadas más largas en el tiempo –con más de 20 años de existencia– y más exitosas, pues los recursos que han salido de ella han servido para apalancar el desarrollo de las obras y proyectos de Bogotá y le permitieron a la entonces Empresa de Energía de Bogotá (EEB) convertirse en un poderoso conglomerado.

Además de las diferencias en el reparto de utilidades, también hay conflictos internos entre los socios sobre la forma de incursionar en el negocio de las energías renovables no convencionales –que se espera tengan un desarrollo importante en el país, tras el anuncio de nuevas subastas por parte del Gobierno, aunque hay todavía interrogantes en su operatividad– y, una de las controversias adicionales, está relacionada con el manejo de las marcas, pues Emgesa y Codensa, bajo el nuevo concepto de comunicación, terminaron siendo un apéndice de Enel.

Esta situación no es nueva para Enel, que ya ha tenido enfrentamientos en diferentes mercados, en especial en Chile con los fondos de pensiones, y en Brasil con otros jugadores del sector, como Iberdrola.

Foto: Astrid Álvarez, presidente de GEB

En el caso del GEB, sorprende el hermetismo con que ha manejado la información una empresa listada en la Bolsa de Valores de Colombia, donde el Distrito tiene más de 65% y los fondos de pensiones son jugadores activos, dando espacio a numerosas especulaciones, pero generando interrogantes e inquietudes acerca de la información para los accionistas minoritarios e incluso para quienes participaron en el reciente proceso de democratización accionaria del grupo.

Visite: En Podcast Ecopetrol y GEB entre las principales noticias empresariales de la semana

Dinero intentó conseguir la posición de cada una de las partes –GEB y Enel– pero las empresas prefirieron no pronunciarse.

La historia

A finales del siglo pasado, el sector eléctrico en Colombia pasaba por uno de sus momentos más álgidos, y la EEB no fue la excepción: afrontaba serias dificultades para subsanar su desequilibrio financiero y era casi una empresa inviable que necesitaba acometer un proceso de capitalización y avanzar en un esquema que permitiera la vinculación de capital privado.

En 1997 se dio este proceso –señala el libro Historia de la Empresa de Energía de Bogotá– en el que ganó el consorcio Capital Energía –conformado por Endesa de España y Endesa de Chile–, para Emgesa, por US$810 millones (32,8% superior al precio de reserva), y Luz de Bogotá –en el que participaban Endesa de España y Enersis y Chilectra de Chile, de las que era accionista Endesa de España–, para Codensa, por US$1.085 millones (3,7 veces superior al precio de reserva).

Además, como parte de lo establecido en los pliegos, cada uno de dichos consorcios aportó US$141 millones adicionales para participar en 5,5% en el capital de la empresa matriz EEB (11% en total). En suma, el valor total que se capitalizó fue de US$2.177 millones.

El libro también señala que con el fin de garantizar el control operativo de las nuevas compañías por parte de los inversionistas privados pero, al mismo tiempo, preservar el voto decisorio de la EEB en asuntos estratégicos, se adoptaron dos decisiones fundamentales: primera, dividir la participación mayoritaria de la Empresa en las nuevas empresas (51,5%) en dos categorías de acciones, ordinarias y preferenciales (estas últimas sin derecho a voto, pero con mayor dividendo), de tal forma que, al final, los nuevos inversionistas privados tendrían 57% de las acciones con derecho a voto; y la segunda, comprometer a los favorecidos por la adjudicación con un acuerdo marco de inversión que incluía la aprobación previa por parte de la asamblea de accionistas de la EEB de cualquier operación de fusión o escisión de las nuevas empresas, de la emisión de acciones, de reforma de estatutos y de la participación en nuevos negocios no relacionados con sus objetivos fundamentales.

La EEB empezó un proceso de transformación. Inicialmente, el foco de sus negocios sería el de transmisión de energía, pero los ingresos que le llegaban de Emgesa y Codensa, le dieron un nuevo músculo, e hizo dos movidas estratégicas: se quedó con Ecogas –hoy, TGI–, que tiene operaciones en Perú; y empezó su expansión regional que la llevó a Centroamérica.

El portafolio del GEB lo componen 18 compañías. Para el primer semestre de 2018, el GEB registró ingresos por casi US$580 millones, 11,7% más que en el mismo periodo de 2017; un ebitda de US$560 millones, casi 11% adicional, y la utilidad neta llegó a US$278 millones. Su deuda, que asciende a $8,5 billones, en su gran mayoría es de largo plazo.

Al mismo tiempo, en el mundo empezaron las consolidaciones en las operaciones de las empresas de energía y Enel se quedó con los activos de Endesa, incluidos los que tenía en América Latina.

Las diferencias

Según algunas fuentes consultadas por Dinero, las relaciones entre el GEB y Enel se han venido agrietando en los últimos años. En el caso de los dividendos, señalan que el compromiso era repartir 100% de ellos, pero en los dos años pasados, ese tope no se habría dado.

Foto: Lucio Rubio, gerente general de Enel en Colombia

Este tema es crucial para las dos partes: la Alcaldía –mayor accionista del GEB con más de 65%, tras el pasado proceso de democratización de hace unos meses que alcanzó cerca de $2 billones– porque necesita más dividendos para atender sus megaproyectos, en una conyuntura donde la venta de la ETB no se ha dado y se está convirtiendo en un proceso cada vez más complejo y difícil y con el precio de la acción cayendo. Pero Enel necesita invertir.

Y eso pasa por los temas contables: si Enel quiere hacer inversiones de capital o de mantenimiento no puede entregar toda la caja al Distrito porque se tendría que endeudar más y eso consolida en Enel Américas.

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El segundo tema clave es el desarrollo de las energías renovables no convencionales, que se da en momentos en que el Gobierno se prepara para sacar adelante las subastas de este tipo de energía, pese a la crítica de distintos sectores por el papel que asumió el Ministerio que, a juicio de algunos analistas, le quitó funciones a la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg).

Pero una crítica adicional es que con la subasta en este tipo de energías el riesgo lo asume el comprador/comercializador, pues la subasta dice que está obligado a poner esta energía media y de lo contrario, el comprador tiene que ir a bolsa.

Enel, al parecer, decidió no presentarse para el desarrollo de los proyectos de energías renovables con Emgesa sino a través de uno de sus más poderosos vehículos, Enel Green Power, con el que tiene la apuesta de invertir más de US$8.000 millones en el mundo, en energías renovables no convencionales, entre 2018 y 2020. En Colombia está construyendo uno de los proyectos más grandes de energías renovables no convencionales: El Paso, en el Cesar, con cerca de 90 megavatios de capacidad y una inversión de más de $210.000 millones, y cuya energía va a entrar a la bolsa.

La preocupación con la subasta es que, con Hidroituango sin haber entrado al sistema, es posible que venga una escalada de precios en la bolsa de energía y los compradores podrían terminar asumiendo el riesgo.

Habría preocupación por parte del GEB porque podría quedar por fuera del negocio de las energías renovables no convencionales, pero además que las empresas en las que es socio –Emgesa y Codensa– entrarían a participar como las comercializadoras de Enel Green Power, asumiendo mayores riesgos y con unos precios de energía que podrían facilitar el cierre para ingresar a la subasta.

Ante esta situación, es posible entonces, que el GEB termine consolidando un vehículo para desarrollar su propio negocio de energías renovables no convencionales.

Y, en el caso de la marca, Enel está en una campaña de posicionar su marca y Emgesa y Codensa, poderosas en el mercado eléctrico colombiano, estarían relegadas. Tendrá que discutirse en el tribunal si había restricción a que hicieran un cambio de marca.

La historia se repite

La historia que se está dando entre el GEB y Enel, parece repetir los casos que se vivieron en Chile entre la firma italiana y los fondos de pensiones. El primero, dice un analista chileno, se dio a principios de esta década cuando Endesa España que controlaba a Enersis, y a su vez era controlada por Enel, propuso un aumento de capital en el que las empresas ponían unos activos y los accionistas minoritarios dinero en efectivo. Enel y Endesa España los valorizaban en US$4.800 millones y por la lucha de las AFP en Chile se llegó a determinar que la valorización estaba sobreestimada y bajó US$3.600 millones. La razón es que fue una operación entre partes relacionadas que exigía dos valorizaciones independientes.

En 2015, la puja fue por las reestructuraciones de las compañías –Enel, Endesa, Enersis– para crear la holding de la operación en Latinoamérica y el papel en los negocios de generación, pues estas reestructuraciones implicaban división y posteriormente fusión de compañías, con el incentivo de valorizar con un mayor monto aquella compañía donde se tiene mayor participación y valorizar con menor monto donde hay menor participación. Y la justicia también determinó que era una operación entre partes relacionadas.

Y en el tercer capítulo entra Enel Green Power. “En algún momento –recuerda el analista del mercado chileno– Enel Generación hizo contratos con esa firma para que le proveyera a un cierto precio, energía renovables no convencionales, siendo que podría haber un tema de operación entre relacionados y donde Enel tenía mayor participación en Enel Green Power y menor parte en Endesa. En vez de que Enel Generación fuera la que generara sus propios proyectos de energías renovables no convencionales se decidió que estos los haría Enel Green Power”.

Lea además: Grupo Energía de Bogotá y Enel pelea de socios

Una reciente publicación de El Mercurio de Chile advierte que la situación en Colombia es similar a la que ocurrió en ese país “en la que Enel decidió zanjar a través del desarrollo del Plan Elqui, operación en la que se terminó realizando una reestructuración societaria con la que se incorporaron los activos chilenos de Enel Green Power y se lanzó una OPA por Enel Generación”.

En medio del hermetismo, las diferencias del GEB y Enel apenas empiezan sus discusiones judiciales y podría convertirse en uno de los pleitos más importantes en los negocios en Colombia, en donde será fundamental el seguimiento de las autoridades para proteger la información de los minoritarios y el impacto que este conflicto pueda tener en sus inversiones y en la valoración del GEB.

Pero también puede ser uno de los pleitos más dolorosos, pues golpearía un modelo de alianza público-privada exitoso y que podría servir para replicar en otros negocios.

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