| 4/17/2019 12:01:00 AM

Conozca el mayor productor de tomate de árbol en Colombia

Nacer, crecer y trabajar en el campo le permitió a Antonio Lopera Gil convertirse en el mayor productor de esta fruta en el país. Esta es su historia.

La meseta, finca ubicada en Santa Rosa de Osos Antioquia, es el lugar que le proporciona tomate de árbol a las principales ciudades de Colombia: Medellín, Cali, Bucaramanga, Barranquilla, Bogotá y Pereira reciben toneladas de este producto desde ese municipio.

Las difíciles condiciones en el campo, que en los años 50 eran aún más complicadas, no permitieron que Antonio Lopera Gil pudiera estudiar y en su niñez acompañó a su padre en la actividad ganadera. Para ambos, los viajes a Medellín eran importantes y su visita no pasaba más de la plaza de Guayaquil donde vendían quesos y tomates que ellos les compraban a sus vecinos.

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“En ese momento me di cuenta que era un buen negocio porque el tomate se vendía muy bien. A los 18, mi papá me arrendó una parte de la finca y sembré los primeros 450 árboles”, cuenta. En los años 70, con una deuda de $60 millones, y media hectárea sembrada, comenzó el negocio que se extendió a 12 municipios más de Antioquia.

Su primer cliente formal fue almacenes Éxito y hoy 38 años después sigue siendo su proveedor. El tomate de árbol es la sexta fruta que más vende esta cadena.

El agricultor paisa logró adquirir más tierras que lo posicionan como el rey del tomate de árbol. Su cultivo consta de 900 hectáreas aproximadamente y como su negocio se expandió rápidamente creó una sociedad con otro agricultor llamada Frutex desde la que comercializan 3.200 toneladas mensuales a muchos lugares de Colombia. Según los datos presentados por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT) acerca de la cadena de producción de esta fruta, Antioquia está ubicado en el primer lugar y Santa Rosa de Osos es el primero de la lista, con una cifra de 1.474 hectáreas cosechadas.

Cosecha de tomate de árbol, finca La Meseta, la Muñoz Antioquia.

Modelo de negocio

Desde la experiencia ‘Toño Lopera’, como es conocido, creó un modelo diferente a los demás. Asegura que “vende para cosechar y no cosecha para vender”. Es decir, cada tomate que crece y sale de sus fincas ya está vendido.

“En el campo todo hay que hacerlo: las carreteras, escuelas, electrificar. Nosotros suplimos la presencia del Estado. El éxito del tomate también ha traído desarrollo social al norte antioqueño, me gusta sembrar para el futuro”, comenta y menciona que ahora genera 1.200 empleos en siembra, cosecha y empaque. Además tienen posibilidades de ascenso. Hay personas que entraron a cargar y ahora son ingenieros agrónomos. Todos sus empleados han sido formados, en la práctica y con instituciones como el Sena. La motivación, es el pilar: allí les pagan un buen salario y dan oportunidad de estudio y capacitación.

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Entre 16% y 18% de las utilidades netas se reparten entre los 70 líderes que están al mando de los cultivos y los miden por metas y resultados.

El proyecto se hizo a pulso y ha traído empleo por generaciones a los habitantes de los municipios cercanos a la meseta del norte. “El éxito para mí está en que creé un equipo de trabajo sólido que es capaz de planear y ejecutar”, afirma ‘Toño’, quien hace énfasis en que la motivación es también una pieza clave.

En su trayectoria logró el premio Nacional Expofinca en 2008 y la oportunidad de exportar esta fruta 14 veces al Japón, pero su prioridad es ocuparse del mercado colombiano que hasta ahora le ha traído buenos ingresos. Hablar de cifras, dice, es muy complejo porque son cultivos al sol y al agua y entonces hay muchas variables. “El tomate es rentable y he logrado generar un impacto social y económico”, afirma.

La cosecha

La siembra del tomate de árbol debe hacerse en tierras áridas que estén entre 2.000 y 2.500 metros sobre el nivel del mar. Necesita crecer en zonas que tengan más horas luz para que cuente con buena concentración de azúcares, mejor sabor y color.

Los árboles tardan un año para empezar a producir: en ese tiempo amarran y podan. Después de este proceso crecen tomates por dos años seguidos y se cosecha cada quince días.

Debido a la amplia demanda, en sus fincas los frutos se recogen todos los días de 6 a 9 de la mañana, en las siguientes cinco horas empacan y los camiones salen llenos de toneladas de tomate que ya están vendidas y listas para entregar. Su empresa está certificada por el Invima y en buenas prácticas de manufactura.

“En este negocio hay dificultades incontrolables como el ambiente y la inseguridad. Sin embargo, siempre trato de encontrar oportunidades”, comenta.

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En estos años ha tenido experiencias malas como un secuestro y pérdidas de algunas cosechas por las heladas. Pero también ha vivido momentos buenos porque ha podido ayudar con empleo y desarrollo para los habitantes de su región.

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