| 3/21/2019 8:00:00 AM

Invertir en cacao, una nueva alternativa

Una compañía colombiana encontró un interesante modelo para apostarle al campo colombiano por medio de un fondo de capital privado. Así funciona su negocio.

En un país que requiere empresas, diversificar su economía, mayores recursos para el campo y alternativas novedosas de inversión, el caso de la Compañía Colombiana de Cacao (CCC) y su modelo de negocio y propiedad es un gran ejemplo.

En tan solo 5 años, la CCC es una empresa integrada de producción de cacaos diferenciados y de origen, que cuenta con 653 hectáreas sembradas en Cimitarra, Santander. El suyo es el segundo cultivo más grande del país, luego de uno desarrollado por Casa Luker, y ya produjo sus primeras 15 toneladas.

Pero no pertenece a grandes multinacionales o a algún conglomerado económico, sino a un grupo de 70 inversionistas que creyeron en el proyecto.

“Hace 5 años comenzamos con una idea plasmada en diapositivas y hoy contamos con uno de los cultivos de cacao más grandes del país”, afirma Paula Paucar, presidente de Ultraserfinco, la entidad proveedora del vehículo de inversión, el Fondo de Capital Privado (FCP) Agronegocios Cacao. La compañía es administrada por el gestor profesional Agrow.

Con este esquema, todos ganan. La compañía puede concentrarse en desarrollar su estrategia de diferenciación para convertirse en un jugador relevante en el mercado del cacao fino de aroma. Los inversionistas tienen acceso a un vehículo de inversión diferente a los activos tradicionales del mercado de capitales, con una rentabilidad esperada atractiva y que no está correlacionada con otros mercados. Y el país logra mayor inversión para el campo a un escala mayor, con un modelo que no solo beneficia al gran capital sino buscando que los campesinos se beneficien de ese desarrollo.

La meta es consolidar un clúster cacaotero en la región.

¿Por qué cacao?

Las tendencias climáticas amenazan la producción de cacao e incrementan la demanda, favoreciendo un aumento en los precios de esta materia prima a futuro, afirma Mario Acosta, gerente de investigaciones económicas de Ultraserfinco.

El calentamiento global reduce el área cultivable, limita la oferta potencial y beneficia a países montañosos cercanos a la línea ecuatorial como Colombia, donde el cacao se cultiva sobre el nivel del mar y a temperaturas entre 20º y 30º centígrados. Además, la mayoría de los cultivos de África –donde está el grueso de la producción mundial– fueron sembrados hace décadas y han comenzado a decaer en productividad. Adicionalmente, han sido afectados por enfermedades y plagas.

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Paralelamente, la demanda de los países emergentes crece y tiende a asemejarse a la de los desarrollados. Mientras un europeo puede consumir cerca de 10 kilogramos de chocolate al año, en los mercados emergentes se consume una décima parte de dicha cantidad. Además, las tendencias del consumo de chocolate han migrado hacia productos en los que el sabor y la calidad del cacao utilizado cada vez son más relevantes.

Colombia tiene una ubicación geográfica ideal para aprovechar estas tendencias. Aunque la producción total nacional únicamente representa 1% de la mundial es uno de los pocos países con denominación de origen para su cacao.

De acuerdo a la International Cocoa Organization, 95% de las exportaciones colombianas de cacao son clasificadas como cacao fino de aroma. Colombia tiene el potencial de entrar a un mercado de nicho y de alta calidad, en el cual se consiguen precios muy superiores a los que logran productores de cacaos de menor calidad y mayor volumen como los africanos, los indonesios o los brasileños.

Precisamente, esta es la estrategia de la compañía. “Competir en el mercado de cacao fino, logrando una prima en precios por un producto diferenciado. Hay que perfeccionar el proceso de fermentación de la semilla y lograr la escala suficiente para atraer al comprador internacional y exportar el producto”, afirma Camilo Pérez Villegas, gerente general de Agrow.

La firma también ha involucrado a la comunidad en el proyecto, fomentando a pequeños agricultores a sembrar, apalancando sus capacidades a través de la transferencia de conocimiento, tecnología, compra de material y soporte en ventas.

La meta es consolidar un clúster cacaotero. El objetivo de la compañía es alcanzar 1.200 hectáreas sembradas propias y otras 4.000 hectáreas de campesinos en el Magdalena Medio. “Esta es una zona esencialmente ganadera y lo que buscamos es un mayor intensidad de uso del suelo, generar empleo y esquemas de comercialización más justos, compartiendo las primas de calidad”. El objetivo de la compañía es alcanzar una facturación de US$33 millones al año 2026.

Además de buenas rentabilidades y diversificación del riesgo, a los inversionistas les gusta ver el impacto tangible de sus inversiones, la transformación social y el tema ambiental. De hecho, hay varias comunidades religiosas dentro de los primeros inversionistas.

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La inversión mínima es alrededor de los $500 millones (600 salarios mínimos) y se estiman rentabilidades entre 12% y 18%. Sin embargo, solo comenzara a repartir dividendos a partir de 2021.

Este es uno de los pocos fondos de capital privado que se le han medido a invertir en el agro. De los más de US$16.000 millones que estos han levantado, hay solo uno forestal y este de Agrow.

Sin embargo, son los que mayor empleo generan. Este proyecto produce 130 puestos de trabajo, 45% de los cuales son para madres cabeza de familia.

Isabella Muñoz, directora ejecutiva de Colcapital, gremio de los fondos de inversión, dice que se requieren cambios regulatorios en el régimen de los inversionistas institucionales y, sobre todo, mayor seguridad jurídica en el agro para que prosperen nuevas empresas y fondos de este tipo. Y son justamente recursos y compañías formales lo que requiere el campo colombiano.

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