| 11/8/2018 12:01:00 AM

La visión de Jimmy Mayer: el decano del desarrollo industrial colombiano

Jimmy Mayer es uno de los principales constructores del tejido empresarial en Colombia. Aunque desde hace años vive en el exterior, sigue atento a lo que pasa en el país y este es su diagnóstico de por qué no crecemos.

A Jimmy Mayer se le puede considerar uno de los decanos en el desarrollo del sector industrial colombiano. Participó en la creación de Pavco y en la conformación del Grupo Sanford, con empresas como Petroquímica Colombiana, Centelsa, Propilco y Biofilm.

Hoy vive fuera del país, pero está muy atento al desarrollo empresarial en Colombia. Dinero conversó con él para analizar la coyuntura en materia de impuestos y desarrollo industrial y las perspectivas del país. Sus preocupaciones son evidentes: “La triste realidad es que nunca Colombia tuvo un verdadero propósito nacional con miras a desarrollar un potencial industrial”.

Dinero - Desde hace un tiempo, Usted no vive en Colombia. A la distancia, ¿qué opina del inicio del actual gobierno?

Jimmy Mayer: Efectivamente, hace exactamente 22 años que no vivo en Colombia, pero sigo muy firme en mi amor por el país y en mi fe en nuestra gente. Mantengo un patrimonio importante invertido en empresas en Colombia, las cuales hemos creado o adquirido a través de tantos años; y en este momento estamos haciendo inversiones muy cuantiosas con miras a robustecer estas empresas. Respecto a la pregunta, sería de parte mía un atrevimiento opinar sobre un gobierno que apenas ahora comienza su labor. Me temo que –tal vez gracias a las telenovelas– nos hemos vuelto muy inmediatistas y olvidamos que los cambios toman tiempo.

No pretendo aquí tildar a ningún gobierno en particular, ni tratar de asignar “culpas”. No olvidemos que ningún Presidente, por fuerte que sea, puede gobernar sin acuerdos políticos y, en particular, sin el apoyo del Congreso de la República.

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D- Entonces, ¿cuál es su mensaje? ¿Qué es lo que no le ha permitido a Colombia tener crecimientos económicos relevantes?

JM - Mi intención es tratar de despertar una conciencia colectiva para que nos sinceremos y no pretendamos ser lo que no somos. A diario nos autoalabamos y nos damos golpes de pecho, pero sin mirar afuera y compararnos con modelos muchísimo más exitosos.

Tome, por ejemplo, la República de Corea. Hace ya casi 70 años teníamos economías muy comparables; ambas con un paupérrimo ingreso per cápita. Hoy en día, Corea tiene un ingreso per cápita más del doble del nuestro. Su economía es pujante, con tecnologías de punta manufacturando los productos más avanzados del mundo. La empresa Samsung, por sí sola, ¡¡tiene ventas anuales cuyo monto se acerca al producto bruto nacional de Colombia!! Si quiere, sigo señalando a Singapur, Israel, Estonia, y el mismo Japón. Digo esto con el fin de tratar de despertarnos de un torpor que no nos permite ver con claridad nuestras deficiencias y aplicar los correctivos necesarios.

Fíjese: nuestra población crece a una tasa de aproximadamente 1% por año. No se necesita ser un matemático para sacar la cuenta que, si queremos doblar el ingreso per cápita, necesitaremos 18 años, ¡siempre y cuando el producto bruto interno crezca a la tasa del 5% anual! No estamos ni cerca. Entonces, ¿cuál es el plan? ¿Hay plan? ¿O estamos condenando a los colombianos a esperar 40 o 50 años más para mejorar sustancialmente su nivel de vida?

D- ¿Dónde está el problema? ¿Por qué no hemos podido progresar más?

Me la pone muy difícil. Para buscar causas de fondo tendríamos que remontarnos a los años del Frente Nacional. Nuestros líderes, así como supieron superar la crisis de la violencia, no fueron igualmente acertados en trazar un rumbo económico que condujera a igualar el progreso que han logrado otros países.

A su vez, hay que admitir y aplaudir el hecho de que el manejo de la economía siempre fue serio y ortodoxo, de tal forma que Colombia nunca faltó a sus compromisos. Pero tal vez fue ese mismo rigor el que no nos permitió adoptar un esquema más atrevido, más imaginativo y más productivo.

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La triste realidad es que nunca Colombia tuvo un verdadero propósito nacional con miras a desarrollar un potencial industrial. Tradicionalmente nos enfrascamos en los commodities, olvidando el hecho que los países dependientes de ellos rara vez logran un verdadero progreso.

En épocas más recientes nos hemos embarcado en varios tratados de libre comercio, sin tener en cuenta que Colombia no tiene mucho qué ofrecer, pero en cambio hemos entregado nuestro mercado a países mucho más desarrollados, con esquemas económicos que favorecen ampliamente la creación de industrias.

D- Uno de los principios de la reforma tributaria de finales de 2016 fue la de ayudarles a las empresas. En su concepto, ¿cree que se cumplió con este objetivo?

JM - ¿Bromea, o pregunta en serio? Los impuestos que pagan nuestras industrias en Colombia están hoy en día entre los más altos del mundo.

Permítame un ejemplo de la vida real: hace un par de semanas tuve una presentación por parte de una de nuestras empresas, donde proyectan para este año una pérdida, después de impuestos, de unos US$239.000.

Ahora bien, miremos esto como se hace en cualquier otro país: Impuesto ICA: 433,000; Impuesto Predial: 100,000; Presuntiva: 189,000; 4X 1000: 200,000; Total de Impuestos: 922,000. Utilidad antes de todos estos impuestos: 639,000. Tasa efectiva de impuestos: 144%.

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¿Quién, en su sano juicio, emprende un nuevo negocio en estas condiciones? Voy a otro ejemplo, de una empresa (no del grupo) muy exitosa. En esa, los impuestos a pagar suman más de 56%, tasa efectiva. Ahora, compare esto con los impuestos en los países de la Ocde, donde el promedio es del orden de 25%; y me apresuro a añadir que en Estados Unidos es de 21,5% y en el Reino Unido de 19%.

D-¿Por qué le atribuye tanta importancia a la tasa impositiva?

JM - Cuando operábamos bajo el régimen de una economía cerrada, las industrias en Colombia no tenían por qué esforzarse a producir con calidad, ni ser eficientes y, si además los impuestos eran altos, el consumidor forzosamente pagaba el precio. Hoy la cosa es muy diferente, ya que nos enfrentamos día a día con empresas en el exterior, las cuales gozan de beneficios extremadamente favorables. Y ahora te voy a sorprender con la siguiente frase: ¡Las empresas no pagan impuestos!

D-Perdón, hace unos momentos se quejaba de la tasa tan alta, ¿y ahora me dice que las empresas no pagan impuestos?

JM - Me explico: cuando vas a una de nuestras empresas y compras algo por, digamos, $1.000; de esa suma pagamos materia prima, costos de producción, nómina, etc. y, con algo de suerte nos puede quedar un 10%, o sea $100 de utilidad. De esa suma el estado nos quita $50.

Pregunta: ¿De dónde salieron esos $50? ………¡Pues de su bolsillo! ¡De los $1.000 que pagó por la mercancía! Al final de cuentas los impuestos siempre van implícitos en el precio de compra de cualquier bien o servicio. Ahora, fíjese: con impuestos tan elevados, las industrias en Colombia se ven cada vez más asfixiadas y marginadas y acaban finalmente por cerrar y ceder el mercado a los productos de importación. Si tiene en mente lo que expliqué anteriormente, ¡¡el consumidor en Colombia termina pagando impuestos a países en el extranjero, por conducto de los bienes de importación que compra!!

                                Mayer considera que para dar un gran salto, Colombia debe impulsar manufacturas de alto valor agregado. Foto: Dinero. 

D-Pero, algunos advierten que, a pesar de los impuestos tan altos, contamos con una mano de obra barata, la cual nos debe permitir competir…

JM- Nuestra mano de obra no es tan barata como se piensa, especialmente cuando se tienen en cuenta las prestaciones sociales, etc. Pero eso, para mí como industrial, es irrelevante. Todo lo contrario: ojalá las empresas nos dieran mejor rendimiento para poder remunerar mejor a todo nuestro personal. El patrimonio más valioso en cualquier empresa es su personal, y ese es el activo que mejor hay que cuidar y conservar. Ahora, cuando un gobierno nos quita un porcentaje desmesurado de nuestras utilidades, no nos queda suficiente para seguir invirtiendo, ampliando y modernizando, y de esa manera aumentar la productividad de nuestro personal. Recuerde que, mientras más productivo el personal, mejor le podemos pagar.

¡La idea de que debemos compensar un alto impuesto con una mano de obra barata es una simple monstruosidad!

D- El presidente Duque ha dicho que se le bajará la tasa impositiva a las empresas y se le aumentará a las personas naturales. ¿Ve esto con optimismo?

JM- Honestamente, no. Es muy poco, muy tarde. Lo que se rumora puede ser un gran paliativo para las empresas existentes, pero dista mucho de ser un plan atrevido y agresivo con miras a darle un verdadero impulso a la actividad industrial en Colombia. Necesitamos urgentemente que el país dé un gran salto adelante. Ya conozco de varias empresas que –habiendo desarrollado excelente tecnología en Colombia– ahora se establecen en países donde las condiciones impositivas les son mucho más favorables. No me quiero adelantar, pero mal haría en esconder el hecho de que nuestro grupo está activamente gestionando un nuevo centro de manufactura en otro país. Estamos considerando Estados Unidos, donde el impuesto es de tan solo el 21,5%, y además ofrece otros beneficios. Por ejemplo, el costo de la energía eléctrica se puede negociar hasta por debajo de $0.05 US/kwh. En Costa Rica nos ofrecen 5 años sin impuestos, y luego 5 más pagando tan solo 5%.

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D- Con su experiencia creando empresas, ¿cuál sería su consejo para darle un fuerte empuje a la industria, y a la economía del país?

JM- El tema no es sencillo. Sería irresponsable de mi parte no reconocer el problema fiscal del país en estos momentos. En ese sentido, lo único que puedo aportar es el consejo que cierren la brecha tan gigantesca por la cual se fugan miles de millones. No quiero señalar ninguna actividad en particular porque son bien conocidas y tampoco es mi lugar hacerlo. Pero el hecho es que una parte muy importante del déficit se debe simplemente a un mal manejo.

Se requiere voluntad política, gobierno, y mano firme. Si piensan los tecnólogos con sus hojas de cálculo que van a cerrar la brecha con más impuestos, están tristemente equivocados. Lo único que lograrán es una fuga aún mayor de empresas y capitales.

¿Qué solución propongo? Comencemos por nuestras fortalezas: ante todo, el capital humano. Durante esos 22 años aprendí que hay pocos países con gente tan inteligente, dedicada y trabajadora como Colombia. Si no hemos progresado más es porque ningún gobierno ha sido capaz de crear las condiciones para el desarrollo. Si el entorno fuese más favorable, no hay país al cual le tendría yo más fe. Tenemos un país maravilloso con cualquier cantidad de recursos naturales. Gracias a los recientes gobiernos, nuestro país ha recuperado su prestigio y su credibilidad en el entorno internacional. Ahora tenemos que crear el entorno para aprovechar lo anterior y dar un salto adelante. Para que Colombia dé ese gran salto es menester que impulsemos manufacturas de gran valor agregado. Nuestro mercado interno es demasiado pequeño para poder absorber tales productos y, por lo tanto, no sería rentable establecerse en Colombia sin un componente exportador preponderante.

D-¿Cómo motivar esto?

JM- Primero, crear un régimen tributario extremadamente favorable a las exportaciones de productos con alto valor agregado (y soy el primero en admitir que la definición no será fácil). Mi sugerencia es que las utilidades provenientes de esas exportaciones se graven a una tasa no mayor a 10%. Y, para no enredarnos en su desarrollo, aplicaría una fórmula muy sencilla: el porcentaje de las ventas al exterior de tales productos sería el porcentaje de las utilidades que han de gozar de la tasa menor.

Segundo, con respecto a los demás productos, las empresas no deben gravarse a una tasa mayor a 25% ¡Todo incluido! Hago énfasis porque las arandelas adicionales son muy onerosas. El ICA, el predial, el 4X1000 etc. Todos suman. Hoy en día si una empresa nueva compra un terreno grande, anticipando futuro crecimiento, es castigada con un predial que no se compagina con el negocio.

Tercero, en cambio, y para compensar en parte, soy partidario de gravar los dividendos. De esta manera estaríamos favoreciendo la capitalización y el fortalecimiento de nuestras empresas.

Cuarto, eliminar el IVA para la importación de maquinaria y equipo. Cierto que se puede amortizar, pero la realidad es que se ha convertido en un préstamo, sin intereses, a la nación.

Quinto, eliminar la renta presuntiva y el impuesto a la riqueza. En un gran número de casos, estos equivalen a una simple expropiación del capital, ya que a menudo no hay renta suficiente para sustentar esos impuestos.

Sexto, fortalecer las leyes anti-dumping con el fin de dar una protección adecuada y oportuna a la empresa nacional.

Séptimo, mantener la flexibilidad en el mercado laboral. A la larga, la rigidez en este mercado opera en contra de los intereses de los mismos trabajadores.

Octavo, asegurarnos que las empresas del Estado den clara preferencia a la producción nacional cuando esta compita en igualdad de precio y calidad. Y, finalmente, ¡defendamos lo nuestro!

D- ¿Qué cambio haría en el tema tributario para personas naturales?

JM- No navego bien en esas aguas. Salvo lo que dije sobre gravar los dividendos, no tengo en realidad opinión. Pero sí quiero alzar una voz de alerta: recientemente asistí a una presentación donde se nos dijo que finalmente los impuestos a las personas naturales van a alcanzar los niveles de los países de la Ocde. Mi voz de alerta va al hecho que, en tales condiciones, empieza a ser muy atractivo emigrar y emplearse en otro país donde –en igualdad de impuestos– el Estado ofrece condiciones mucho más atractivas. Y esto no es un espejismo: hay ya muchos países, entre ellos Japón, que buscan activamente atraer profesionales en mejores condiciones de las que ofrecemos en Colombia. Por el momento, los Estados Unidos han restringido la inmigración de profesionales, pero con el desempleo al nivel más bajo en los últimos 40 años, muy pronto estarán succionando a nuestros mejores profesionales.

D- ¿Ve alguna salida a la crisis por la que pasa la economía?

JM-Si volvemos a ver los intereses del país con la vieja visión del corto plazo, debo confesar que no le veo salida. Se requiere que el país aúne esfuerzos, deje de un lado los intereses mezquinos y nos dediquemos a construir una Corea. Tenemos la gente y tenemos la capacidad.

Nos hace falta la voluntad política para crear el entorno adecuado.

De otra manera, temo mucho por el futuro de nuestro país. Mi predicción es que, de seguir por el mismo rumbo, en menos de 8 años nuestro gobierno será de izquierda. Dirán que el sistema capitalista no funciona y, tal como lo hemos aplicado, tengo que darles la razón.

D- ¿Y le preocupa el hecho que tengamos un gobierno de izquierda?

JM-De ninguna manera, si fuese una izquierda ilustrada. Pero me asusta una izquierda con ideas y esquemas propios; esquemas fracasados en tantos otros países. He escuchado los planteamientos del candidato Petro, y tengo que decir que superficialmente tienen mucho sentido. El habla con mesura, propiedad y seriedad.

Desafortunadamente, no he escuchado argumentos serios rebatiendo esos planteamientos. Solo voces que gritan: “Nos quiere llevar a otra Venezuela”. Pues eso no es serio, ni creo por un momento que el candidato Petro tenga ninguna intención ajena al bien de su país. Pero sí cabe un cuestionamiento serio a sus propuestas; especialmente cuando la solución que propone es convertir el país en un paraíso agrícola. No descarto el hecho de que en algunos rubros tendremos éxito, pero no en un volumen que nos solucione el problema de empleo para una población creciente.

Su planteamiento desconoce dos realidades: la primera es que no tenemos la más mínima posibilidad de competir en gran volumen contra países como Australia, Vietnam, Uganda y muchos más; y la segunda es el simple hecho de que nuestra población es preponderantemente urbana. Los jóvenes de hoy tienen muy poco apetito para internarse en el campo a cultivar aguacates.

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