| 9/1/1993 12:00:00 AM

Dos grandes en dieta

Coltejer Y Fabricato están en problemas por distintas causas, unas propias, otras ajenas. Todavía falta reestructurar.

Coltejer y Fabricato han sido siempre símbolos de la gran industria colombiana. Cuando han estado en crisis el gobierno ha acudido a auxiliarlas. En épocas no muy remotas la ayuda era a través de cupos de crédito subsidiados del Banco de la República o mediante restricciones a las importaciones legales con aranceles altos, con licencias previas o con listas de prohibida importación.

Sin embargo, ahora los cupos del Banco de la República no existen (están prohibidos por ley) y la apertura acabó con las restricciones artificiales a las importaciones de telas y paños. Sólo queda un arancel del 20%. Son otros tiempos.

Varios factores han ocasionado un deterioro en los balances de las dos grandes textileras del país y en los de Tejicóndor, Fibratolima y Unica, las otras empresas especializadas en tejidos planos. Por un lado, las ventas nacionales han aumentado menos que la inflación, no tanto por menores volúmenes sino por la imposibilidad de aumentar precios. La mayor competencia inducida por la apertura, el contrabando, la recesión internacional y la creciente agresividad comercial de los países asiáticos, han llevado a las textileras de tejido plano a trabajar con menores márgenes de operación.

Al mismo tiempo, la reevaluación del peso durante 1991 y 1992 constituyó un golpe adicional. "Todos los males llegaron juntos", sostiene un conocido empresario del sector.

La tendencia de los empresarios del sector es la de quejarse del gobierno y más específicamente del programa bandera de la apertura. Pero ni la recesión internacional, ni el contrabando que siempre aumenta cuando hay recesión internacional, ni la agresividad comercial de países como China, son resultado de la apertura colombiana. Ni tampoco la reevaluación del peso es consecuencia de la apertura: antes bien, se podría afirmar que sin apertura la reevaluación hubiera sido aún mayor.

Por otro lado, la apertura ha traído consigo reducciones en costos, incluyendo menores tasas de interés y menores precios de insumos y materias primas claves. Por ejemplo, con la apertura se acabó la vieja costumbre según la cual los textileros subsidiaban a los algodoneros, pagando precios por encima de los internacionales cuando éstos se encontraban deprimidos (el gobierno actuando como componedor). Se trataba de una especie de contraprestación de los textileros por los favores que recibían del gobierno en términos de créditos subsidiados y de altos niveles de protección. El mayor costo de esa "concertación" entre agricultores, textileros y gobierno lo terminaba pagando el consumidor colombiano con mayores precios por los productos terminados y el contribuyente que sufragaba el costo de los subsidios.

Pero ahí no terminaban los problemas del viejo esquema proteccionista. Con mercados altamente protegidos eran mínimos los incentivos para innovar, para realizar alianzas estratégicas con productores extranjeros, para buscar nuevas posibilidades de mercadeo y para aumentar la productividad y eficiencia. Era usual que los altos ejecutivos de estas empresas ni siquiera supieran hablar inglés, no obstante que se trata. de un sector donde los intercambios internacionales son de fundamental importancia. Adicionalmente, al igual que lo que sucedía en otros sectores industriales, los arreglos laborales se hicieron, año tras año, sin relación alguna con los aumentos de productividad o con la fortaleza estructural de los balances, no solamente a nivel de operarios de planta, sino también a nivel de los altos ejecutivos.

En otras palabras, el viejo esquema proteccionista y una legislación laboral anacrónica, colocaron a estas antiguas empresas textileras en niveles de costos no competitivos, desde el punto de vista de un mercado internacional caracterizado por la alta movilidad de capitales y por un acelerado proceso de innovación tecnológica y de cambios en la moda.



Lo anterior no quiere decir que Coltejer en mayor grado y Fabricato en menor grado no se hayan capitalizado o no hayan invertido en la modernización y reestructuración de equipos y plantas. En el caso específico de Coltejer el programa de reconversión y reestructuración ha costado US$ 63 millones: al concluir este año se habrá modernizado el 68% de la capacidad instalada de tejeduría y se habrán concentrado y relocalizado las plantas, con el criterio de reducir costos fijos de producción. Coltejer también ha realizado un gran esfuerzo financiero, que todavía no se refleja en los balances, al trasladar del viejo régimen de cesantías al nuevo régimen el 50% de la fuerza laboral.

La pregunta del millón es si estas inversiones y esfuerzos todavía son suficientes dadas las actuales condiciones del mercado internacional y doméstico. La respuesta parece ser negativa.

Por ejemplo, en los últimos cuatro años, en pleno proceso de reestructuración los

gastos administrativos y de ventas, tanto de Coltejer como de Fabricato, han aumentado consistentemente por encima de los ingresos de operación. Estos gastos hoy en día constituyen alrededor del 19% de las ventas netas, cuando en 1989 solamente representaban el 12%. El contraste es muy grande con empresas nuevas como Fibratolima, donde el a mismo porcentaje es apenas del 9%. La diferencia es mayor con las textileras de punto: en Hilacol y Textilia las cifras correspondientes son 6% y 8%, respectivamente.

No hay que olvidar que una de las características de los actuales procesos de reconversión y modernización de las empresas grandes en el resto del mundo es la reducción de personal sobrante de cuello blanco. Esta es una de las áreas más difíciles por cuanto implica una auto-crítica de los propios directores de la empresa. Por otro lado, no existe una relación directa entre el número de empleados administrativos y el número de unidades físicas producidas, tal como si es el caso con los operarios de las plantas y equipos.



Otro aspecto tiene que ver con la calidad y el tipo de productos que comercializan las dos grandes textileras.

Es indudable que la mano de obra de Colombia no es tan barata como la de países como China que están produciendo textiles de la gama baja y media - baja.

Inclusive, con Cusiana a la vista las expectativas son las de un encarecimiento en dólares de la mano de obra. Países con mano de obra más cara tienden a especializarse en las gamas medias y altas. Colombia todavía no ha dado el salto hacia la gama media, donde es mayor la calidad, es más exigente la moda y es mayor el valor agregado del producto. Aunque tanto Coltejer como Fabricato ya han dado pasos en esta dirección, produciendo cada vez una mayor proporción de telas acabadas, es posible que el cambio no haya sido lo suficientemente rápido y en la magnitud requerida.

Lo que está sucediendo en el mercado colombiano ilustra este último punto. En el primer semestre de 1993 se produjo una desaceleración de las ventas de Coltejer y Fabricato en el mercado interno. Si se compara el primer semestre de este año con el mismo período de 1992 se observan crecimientos anuales en las ventas internas de ambas empresas de 7% y 4%, respectivamente, muy por debajo de la inflación. En cambio, las exportaciones aumentaron en 29% y 100%, respectivamente. A pesar de que el mercado interno de telas y confecciones ha sido especialmente dinámico en los últimos doce meses, la mayor competencia externa ha mordido en márgenes y volúmenes más allá de lo anticipado.

Con la apertura, el segmento medio y alto del mercado colombiano se volvió más sofisticado y exigente, quedando Coltejer y Fabricato al margen, sin ofrecer las variedades y los estilos necesarios para aumentar ventas. De otra parte, en la gama baja y media-baja la competencia asiática ha sido implacable, impidiendo aumentos en precios y en cantidad. Los expertos coinciden en señalar que las grandes textileras colombianas ya no podrán recuperar el relativo monopolio en la gama baja que alguna vez disfrutaron, aun cuando el gobierno afine los controles aduaneros y aumente los aranceles.



En un mercado abierto hay que realizar un mayor esfuerzo por buscar al cliente y no esperar a que el cliente lo busque a uno. Coltejer, por ejemplo, hace poco implantó la tarjeta de crédito empresarial y la personal, el leasing y sistemas de pedidos e inventarios conectados en red con los clientes. También montó oficinas de servicio al cliente en Medellín y Bogotá.

Ahora bien, a un mayor acercamiento con los clientes debe corresponder una mayor iniciativa en materia de estilos y modas. Es aquí donde está planteado el reto de la competencia externa. El viejo lema según el cual Coltejer impone la moda ya no tiene validez. Cuando Coltejer y Fabricato se repartían el mercado interno ello era totalmente cierto. Ahora no lo es por cuanto el consumidor tiene alternativas de donde escoger. Los estilos y modas de Coltejer son cotejados con estilos y modas de distintas partes del inundo. Coltejer ya no puede imponer la moda.

Lo único que Coltejer puede hacer para ser exitoso es estar a la vanguardia de la moda en un mercado mis dinámico. Dará lograr eso necesita innovar con i' rapidez y, en general, tener las antenas puestas acerca de lo que está sucediendo en el resto del mundo. Probablemente ello no sea posible sin acuerdos y alianzas estratégicas con textileros importantes de otros países, especialmente si se trata de producir gamas de telas de mejor calidad.



No obstante los lamentos que se escuchan y el camino que todavía falta por recorrer en materia de reestructuración, tanto Coltejer como Fabricato están lejos de sufrir una crisis como la que enfrentaron durante la primera mitad de los años ochenta. Sus actuales niveles de endeudamiento (pasivos totales/activos totales) de 38% y 42%, respectivamente, son manejables y se sitúan dentro del promedio de la industria. Por otro lado, en la medida en la cual se reactive la economía internacional (no hay mal que dure 100 años) se corregirán automáticamente varias ole las distorsiones que están incidiendo negativamente sobre las ventas internas v externas.

Las medidas que el gobierno pueda adoptar para evitar el contrabando de todo tipo, incluyendo la subfacturación, serán apenas unos paliativos si las dos grandes textileras no continúan innovando. ''La ducha fría de la competencia externa' no da margen para caer en el inmovilismo empresarial. Hay que aprovechar al máximo las ventajas ole la apertura en cuanto se refiere a las posibilidades de reducir costos y de acceder a recursos ole capital más baratos.

Tal como señala René Gómez, presidente encargado ole Coltejer, "el reto que surge hacia el futuro es ajustarse cada día a las exigencias de un ciclo ole producción más corto, minimización ole los inventarios, mayor orientación al mercado, flexibilidad y agilidad en los sistemas administrativos y un mejoramiento continuo de la calidad." Todo esto, conjuntamente con un entorno macroeconómico que evite la reevaluación del peso, será determinante en la reactivación del sector de los textiles planos en Colombia.

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