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| 3/10/2020 5:01:00 AM

La minería: año de definiciones

Vienen meses claves para la minería: se conocerá el futuro de dos licencias ambientales y dos proyectos comenzarán a operar. Dudas por el carbón.

En los primeros días de marzo, Colombia protagonizó la Convención Anual de la Asociación de Prospectores y Desarrolladores de Canadá (PDAC, por su sigla en inglés), uno de los principales eventos de la minería en el mundo.

Allí, ante más de 25.000 personas de 135 países, entre geólogos, ingenieros de minas, banqueros de inversión, proveedores y fondos, el Gobierno presentó las oportunidades para invertir en minería en Colombia, los cambios que vive el sector y el interés de diversificar la matriz minera para darle más espacio, por ejemplo, al oro y al cobre.

Colombia, según el Ministerio de Minas, tiene un gran potencial para invertir en exploración minera: solo 3,1% de su superficie se encuentra dedicada a la minería (1,35% en exploración, 0,35% en construcción y montaje y 1,42% en explotación). Actualmente cuenta con 7.652 títulos mineros otorgados (7.073 vigentes y 579 autorizaciones temporales a enero de 2020), de los cuales 42% corresponde a materiales de construcción, seguido de metales preciosos y carbón, entre otros.

En ese mismo evento, el proyecto de cobre Quebradona, ubicado en Jericó, Antioquia, de la multinacional Anglo Gold Ashanti, fue seleccionado como uno de los más innovadores. Lo logró gracias a su propuesta de iniciar el plan de cierre de la mina desde el mismo día en que comience la producción del mineral.

Sin embargo, esta es solo una cara de la moneda. Por el otro lado, hay altas tensiones y el momento de algunos minerales en los mercados no es el mejor. Proyectos emblemáticos, como el mismo de Quebradona, o el de oro en Soto Norte –provincia de Santander–que adelanta Minesa cerca al páramo de Santurbán, están en el ojo del huracán. Los afectan la resistencia social y ambiental a su desarrollo en las regiones, las eventuales amenazas a las fuentes de agua y a los ecosistemas, y la vocación turística de algunas de ellas.

Además, aunque impulsó las exportaciones del pasado mes de enero, el carbón pasa por uno de sus momentos más complejos, por las presiones ambientales y las nuevas tendencias. Por ejemplo, países europeos –tradicionalmente compradores, como Alemania– han anunciado que dejarán de producir energía con carbón en 2038.

La minería es clave en la economía colombiana: representa 20% de sus exportaciones, US$1.505 millones en inversión extranjera directa y en impuestos da un soporte y estabilizan el tema fiscal del país. El carbón es uno de los minerales más importantes por su aporte a las exportaciones, a las regalías y al desarrollo de regiones como la Guajira y el Cesar.

Sin embargo, al igual que el petróleo, la minería está inmersa en la discusión sobre la transición energética y la transformación productiva del país, para reducir la dependencia de los commodities y de la industria extractiva. Y, por si fuera poco, el impacto arrasador de la minería ilegal también golpea las operaciones lícitas y pone en una misma bolsa estas actividades.

Además, el sector ha sido una de las principales fuentes de litigios judiciales. Según un informe de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, nueve demandas internacionales han interpuesto multinacionales mineras contra Colombia. Una de ellas, de Glencore contra la Nación. En una comunicación dirigida a Dinero, la minera explicó la situación: El 27 de agosto de 2019 el Tribunal Arbitral internacional emitió su decisión sobre la disputa, declarando que Colombia violó sus obligaciones bajo el Tratado, ordenándole pagar a Glencore/Prodeco la suma de US$19,1 millones, más intereses, correspondientes al monto de responsabilidad fiscal pagado por Prodeco en enero de 2016. Adicionalmente, el Tribunal ordenó a Colombia reembolsar a Glencore/Prodeco más de US$2 millones en costos del proceso, lo que en conjunto da como resultado una suma total de aproximadamente US$24 millones a cargo del Estado colombiano. Adicionalmente el Tribunal sostuvo que Colombia (incluyendo a la Contraloría) debía abstenerse de repetir la misma conducta indebida en el futuro. El Tribunal consideró innecesario referirse a la pretensión subsidiaria de Prodeco consistente en que Colombia pagara la suma de US$575 millones en caso de persistir en su conducta violatoria del tratado, en la medida en que ya se había aceptado la petición principal de la demanda, esto es, (i) obtener la devolución con intereses de la suma de US$19,1 millones por concepto de responsabilidad fiscal pagada por Prodeco y (ii) que el Tribunal estableciera la obligación de Colombia de respetar los términos del Otrosí 8 al contrato minero de la Mina Calenturitas.

En medio de este paradójico escenario de oportunidades, amenazas y pleitos, 2020 será para la minería un año de definiciones que marcarán, como advierte Juan Camilo Nariño, presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), el futuro del sector en el país.

¿Cuáles son las definiciones?

En los últimos 7 años, Colombia ha vivido de una ilusión en el sector minero: de las posibilidades de desarrollar nuevos campos, introducir nuevos minerales y diversificar su portafolio, de las perspectivas económicas que se pueden concretar con las nuevas iniciativas y de las inversiones, impuestos, regalías y puestos de trabajo que llegarían.

Glencore, el mayor productor de carbón del mundo, y dueño en Colombia de Prodeco y de un tercio del Cerrejón, planea detener la extracción de carbón en Colombia en los próximos 15 años.

Pero la presión social y ambiental, acompañada por decisiones políticas y jurídicas, ha puesto en jaque distintos proyectos, como La Colosa, en el Tolima, una de las principales apuestas auríferas del país. Entre tanto, países como Chile y Perú concretan, especialmente, en oro y cobre sus licenciamientos y reciben 30% de las inversiones en exploración en América Latina.

Por eso, el sector y el país están a la expectativa de lo que pueda suceder este año porque proyectos representativos de esta ‘nueva temporada’ de los minerales en Colombia tendrán definiciones.

La primera gran definición tiene que ver con la entrada en producción de Continental Gold, que representa 250.000 onzas más de oro legal en el país. Este proyecto concretó un cambio profundo: su mina en Buriticá, con la decisión del Estado y de las compañías, e inversiones por US$600 millones, salió de la ilegalidad, cuenta con licencias y permisos y extraerá cerca de 35% del oro lícito del país. La operación debe comenzar en el segundo semestre de este año y está en proceso de ajustar la planta que estará al lado de la mina para la producción.

Inversionistas chinos adquirieron recientemente, por US$1.400 millones, la mina de Buriticá, que pertenecía a la canadiense Continental Gold.

Este caso también refleja la dinámica de las inversiones: Continental Gold, una empresa canadiense fue adquirida recientemente por inversionistas chinos por US$1.400 millones.

La segunda definición debe llegar antes de finalizar este año y está relacionada con las decisiones que adopte la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), que estudia dos licenciamientos en minería de gran escala, uno en cobre y otro en oro. En cuanto al primero, se trata de Quebradona, en Jericó, de Anglo Gold Ashanti. Minesa en Santander, cerca al páramo de Santurbán, en el segundo.

Esas dos operaciones representan en total inversiones por US$2.200 millones que, según cálculos de la ACM, puede pasar en 2021 a fase de construcción, lo que representa unos 9.000 empleos directos por los próximos 3 o 4 años y unos 35.000 indirectos.

En el caso de Quebradona, pondría a Colombia en un entorno nuevo: el mercado del cobre. Es el primer yacimiento de cobre viabilizado en un estudio de impacto ambiental que se presenta a las autoridades en la historia del país. La expectativa por el desarrollo del sector de cobre en Colombia es alta y este sería el efecto demostrativo. ¿Cuál es el atractivo?

“Hoy el cobre es el mineral que el mundo más verde necesita, junto con otros como el litio. No hay mejor transmisor que el cobre: un carro eléctrico necesita 4 veces más cobre que uno de motor de combustión; cada turbina eólica necesita cerca de 3,5 toneladas de cobre para funcionar. Un mundo verde necesita más minería. Esa es la única realidad”, dice Nariño.

El cobre es uno de los minerales más atractivos en el mundo. Es fundamental en el desarrollo de las turbinas para los proyectos de energías renovables.

Sin embargo, estos proyectos tienen resistencia en sus áreas de influencia. Minesa es optimista en cuanto a obtener el licenciamiento y ha entregado la información adicional que le ha solicitado la Anla. Pero los ambientalistas piden al Gobierno negar la licencia y tienen programada para mediados de marzo una protesta en Bogotá antecedida por una marcha, de unas 3.000 personas, desde Santander hasta la capital.

Por su parte, representantes de la Mesa Técnica del Suroeste de Antioquia han manifestado en medios su preocupación por el proyecto en Jericó y han advertido que tiene una “resistencia significativa y mayoritaria” y que su desarrollo es “incongruente” con la vocación y las potencialidades del territorio.

Otro proyecto que verá su factibilidad este año es Gramalote, ubicado en San Roque, Antioquia. Es de la empresa canadiense B2 Gold que está tomando control de ese proyecto. Esta firma tiene 49% y Anglo Gold 51%. Llegaron a un acuerdo para que Anglo Gold se concentre en Jericó y B2Gold tuviera control operativo de Gramalote y determinar, en unos 8 meses, su factibilidad. Este proyecto representa unas 450.000 onzas de oro adicionales legales en Colombia y una inversión de US$900 millones.

Entre Minesa, Continental y Gramalote producirían casi 1,2 millones onzas de oro adicionales legales cuando terminen las construcciones en 3,5 años. Hoy producen 320.000 onzas legales; es decir, Colombia podría tener 4 veces más oro legal.

¿Y el carbón?

Mientras el futuro de estos proyectos se define, el carbón pasa por momentos tensos. Una de las grandes tendencias globales es la ‘descarbonización’ y reducir la dependencia de este mineral como fuente de energía y dar paso a las renovables.

Muchos mercados, en especial los europeos, han anunciado sus planes de migrar hacia energías limpias en el mediano plazo. Mientras tanto, tradicionales y poderosas empresas mineras han señalado nuevos focos en su producción.

Glencore, el mayor productor de carbón del mundo y dueño en Colombia de Prodeco y de un tercio del Cerrejón, redujo el valor de su negocio en Colombia en US$1.000 millones a medida que se adapta a las dificultades del mercado del mineral. La empresa planea detener la extracción de carbón en Colombia en los próximos 15 años, según lo afirmó Ivan Glasenberg, CEO de Glencore, a Bloomberg, al tiempo que señaló que no ve una gran recuperación de ese mercado. Los socios de Glencore en el Cerrejón, BHP Group y Anglo American Plc, también han anunciado interés de salir del carbón, aunque en Glencore siguen viendo un negocio rentable en el mineral, en especial, en sus minas australianas.

¿El carbón colombiano podría quedarse sin demanda en el mundo? “No estoy de acuerdo con eso”, dice Nariño. Según él, la Agencia Internacional de Energía prevé que el carbón seguirá generando 25% de la electricidad del mundo para 2040. Aunque la tendencia viene a la baja, pues hoy representa 33%.

Además, advierte que otros mercados distintos al europeo siguen viendo al carbón –con mejores especificaciones y tecnologías más modernas– como uno de sus principales insumos. Japón instalará 6 termoeléctricas en los próximos años. Y China, Vietnam e India también van a seguir demandando y produciendo energía con carbón.

“Hay 70 años de reservas de carbón en el suelo colombiano. ¿Vamos a dejarlas ahí o este es un año decisivo para construir una política para el carbón colombiano? Una política que nos permita ponernos de acuerdo sobre qué haremos. No tengo la respuesta, pero sí la clara decisión que no podemos seguir en el estado actual”, puntualiza Nariño.

La minería en Colombia está hoy en una carrera contrarreloj para definir su siguiente paso, en medio de la expectativa de los pronunciamientos de la autoridad ambiental. Es el momento de las definiciones y de encontrar el futuro para que no solo sea el soporte de la transición energética en el largo plazo, sino que sus recursos permitan construir la transformación productiva.

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