| 7/5/2018 12:01:00 AM

Las cooperativas se convierten en la fuerza de 80.000 caficultores

Las cooperativas de caficultores son hoy el principal actor del negocio de producción y comercialización del grano. Las 21 más grandes facturaron el año pasado $3,7 billones y agremian a 80.000 asociados. Su principal reto es enfrentar la caída del precio internacional del grano.

La primera cooperativa de caficultores nació en el país hace 59 años y aunque hoy este modelo de economía solidaria ha demostrado ser buen negocio para los pequeños cultivadores, el camino no ha estado exento de problemas. La desconfianza que generaron las cooperativas durante la crisis de finales del siglo pasado, la caída de los precios del café y el lento relevo generacional entre los productores del grano son algunas de las dificultades que han marcado su desarrollo.

La pionera fue la cooperativa de caficultores de Pereira, hoy de Risaralda, y su origen, como el de la mayoría de sus colegas, se dio de la mano de la Federación de Cafeteros, que vio en esta figura una herramienta para garantizar la compra de café al mejor precio posible y de contado.

La idea inicial era que las cooperativas les compraran a los caficultores para luego venderle a la Federación, pero con la ruptura del pacto cafetero en 1989 se empezaron a utilizar los recursos del Fondo Nacional del Café para regular los precios del grano. Esos recursos se acabaron en 2001 y desde entonces las cooperativas entraron a un mercado libre en el que pueden vender el café que compran al mejor postor entre los que está la misma Federación o los grandes importadores globales.

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Durante esa transición se pasó de las 50 cooperativas que existían en 1989 a 33 hoy. “Quedaron solo las más competitivas, pero su cobertura sigue siendo la misma, a través de una red de 536 puntos de compra para atender a los 540.000 caficultores del país”, explica Javier Sanín, director nacional de cooperativas de la Federación.

Hoy no solo existen las cooperativas afiliadas a la Federación, sino también otras 35 independientes y justamente una de ellas es la más grande en términos de facturación. Se trata de la Cooperativa de Caficultores del Suroeste de Antioquia, Coopesur, que según el ranking de las 5.000 empresas más grandes del país de la revista Dinero es el quinto mayor productor y comercializador de café del país, solo superado por Colcafé, Louis Dreyfus, la Compañía Cafetera La Meseta y la Federacafé. En 2017 Coopesur obtuvo ingresos por casi medio billón de pesos.

Hasta en Estados Unidos

La segunda cooperativa más grande en términos de ventas y la mayor entre las afiliadas a la Federación es De los Andes Cooperativa, basada en el municipio antioqueño del mismo nombre. Además de comprarles a los caficultores, esta entidad tiene dos metas: brindarles educación y enseñarles a ser empresarios y su gerente es la prueba fehaciente de ese propósito.

“Antes de que se estableciera que parte de los excedentes de las cooperativas se debían destinar a educación, la cooperativa había decidido financiar con becas a los hijos de los afiliados (yo fui uno de los beneficiados)”, comenta vía telefónica Juan David Rendón, gerente de la cooperativa.

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En sus 57 años de existencia De los Andes ha beneficiado a 1.000 hijos de caficultores y ha destinado $6.000 millones para su educación superior.

Rendón comenta que su mayor desafío consiste en buscar alternativas para mejorar los ingresos de los caficultores y, en su caso, la estrategia ha consistido en aplicar la integración vertical. Ellos compran el café pergamino y lo trillan, al tiempo que desde 2004 exportan sin necesidad de intermediarios. Ya llegan a 32 mercados y para ejecutar ese proyecto montaron una comercializadora en la Florida (Estados Unidos), desde allí atienden a sus clientes de Europa, Asia y la costa este del país del Norte. Sus exportaciones oscilan entre US$80 millones y US$100 millones.

“Ya somos uno de los 12 exportadores de café más grandes del país y además trabajamos mucho con alianzas”, reitera Rendón. Han construido dos beneficiaderos en los que se han invertido más de $9.000 millones junto con Nespresso y Colcafé, al tiempo que alistan un tercer beneficiadero, que según este ejecutivo va a ser una de las mayores inversiones cafeteras que se han realizado recientemente en el país, que se construyó con cooperación estadounidense, la cual donó US$750.000.

Otro desarrollo de De los Andes Cooperativa, que tiene 4.000 afiliados y le compran a más de 8.000 familias cafeteras, consiste en el uso de instrumentos financieros para la venta de café a futuro, lo que permite fijar un precio y protegerse ante las oscilaciones del mercado externo. Ya han logrado vender hasta 125 kilos a futuro, lo que también los vuelve líderes en ese aspecto entre los pequeños cultivadores del país.

Rendón aclara que por estas estrategias pueden pagar un precio por encima del oficial. Al cierre de esta edición el precio interno de la carga estaba en $740.000 y ellos pagaban alrededor de $1 millón.

Otro de los trabajos de Los Andes ha estado en la intermediación de créditos del Banco Interamericano de Desarrollo por US$1 millón y de Starbucks por US$2 millones para la mejora de los cultivos. Estos recursos han servido para certificar los cafetales con sellos como los de comercio justo (fair trade), que dan un sobreprecio de US$0,20 por libra de café.

Igualmente, para fomentar que las nuevas generaciones se queden en el campo, la cooperativa les paga un sobreprecio a los productores menores de 30 años y están usando herramientas tecnológicas para atraer a los milenials. Una de ellas es Farmer link, un aplicativo que permite mejorar la calidad y la productividad del cultivo.

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Con marca propia

Un frente adicional en el que trabajan las cooperativas es la importación directa de fertilizantes, que compran en Rusia y que luego empacan y venden bajo su marca. Esto los hace De los Andes Cooperativa y las dos mayores del Huila: Cadefihuila y Coocentral.

Justamente, Cadefihuila es la tercera cooperativa más grande en ventas, con $418.000 millones el año pasado. Nació tras la fusión de varias cooperativas que habían sido creadas en el departamento. Su gerente, Saúl Sanmiguel comenta que las anteriores cooperativas fueron duramente golpeadas por la crisis del sector y por una gran sequía que redujo la productividad de los cultivos.

“La unión fue una estrategia para sobrevivir y hoy somos los que más café compramos en el país, en los últimos cinco años nuestro promedio anual es de 45 millones de kilos y en fertilizantes comercializamos entre 56.000 y 60.000 toneladas, que equivalen a unos $7.500 millones”, comenta y agrega que atienen a 75% del Huila a través de 41 puntos de compra.

Insiste que la importación de fertilizantes no solo les reduce costos a los productores, sino que es un mensaje para las grandes empresas del sector con el fin de que moderen sus precios.

Al igual que De los Andes Cooperativa, Cadefihuila exporta directamente a 20 países y ha logrado que sus 3.500 afiliados certifiquen sus cultivos con sellos de comercio justo.

En total les compran a 54.000 productores y, aunque en todas las zonas donde operan también compran grandes procesadores de café privados, Cadefihuila adquiere 33% de toda la producción de su área de influencia.

“El café es un negocio de detalle y nuestra meta es seguir mejorando la calidad del grano que comercializamos”, precisa Sanmiguel.

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Sentido de pertenencia

La cuarta cooperativa más grande, medida por sus ingresos es Caficauca, que tiene 57años de existencia.

Con 3.200 asociados, pero una gran área de influencia, dado que 60% de la economía rural del departamento depende del café, esta cooperativa busca generarles sentido de pertenencia a sus afiliados. “No es solo darles, sino también mostrarles que son dueños y que tienen derechos y obligaciones”, sostiene Édgar Francisco Meneses, gerente de Caficauca. Agrega que los pasados cinco años han sido los mejores para la cooperativa, pese a que compiten con los mayores exportadores del país por comprarles a los caficultores. “No es fácil convencerlos de que nos vendan a nosotros, pero somos transparentes con los productores y ellos ven las ventajas de la cooperativa. Además, tenemos trilladora propia, donde procesamos 1.500 sacos diarios”, explica.

A diferencia de sus colegas que se enfoca en la venta del café pergamino, Caficauca está en un proyecto con inversionistas estadounidenses para tostar el grano en el país y exportarlo ya listo para el consumidor. “Eso se podría llamar las 4G del café y la meta es llegar allá”, enfatiza Meneses.

Con estas estrategias y en medio de una coyuntura de caída de precios internacionales (este año han bajado 3%), las cooperativas de caficultores han demostrado que la unión hace la fuerza.

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Tras más afiliados

Una de las debilidades de las cooperativas de caficultores está en su bajo número de afiliados, unos 80.000 frente a medio millón de caficultores. Los gerentes de estas entidades sostienen que el problema es el valor del aporte social que deben hacer y que está alrededor de $1 millón, una suma muy elevada para un productor que en promedio tiene 5 hectáreas y que más que vivir del café, sobrevive con él.

La gran excepción es la Cooperativa de Caficultores de Antioquia, que cuenta con 11.600 afiliados y hace cinco años tenía 7.000. Su meta es llegar a los 20.000 y para lograrlo les muestran la ventaja de la asociatividad a sus posibles socios, pues en total les compran a 45.000 productores de unos 54 municipios. Además, maneja su marca propia de café tostado: Cartama.

Hotel y tiendas

Con ventas de $195.499 millones, Coocentral, cooperativa con sede en Garzón (Huila), agrupa a 4.000 asociados y desde hace 4 años exporta de manera directa un promedio de 30.000 sacos, con énfasis en cafés especiales. Sus ingresos no solo provienen de la comercialización del grano, sino de actividades como compra-venta de insumos agrícolas y ferretería, crédito, transporte y turismo. Específicamente en este campo, cuentan con un hotel, donde ofrecen la oportunidad de disfrutar de la cultura cafetera. El hotel se llama Kahvé, como las tres tiendas, tipo Juan Valdez, en donde venden su café.

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