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| 9/27/2018 12:01:00 AM

Tres emprendedoras que pasaron del microemprendimiento a grandes ligas

Tres microempresarias lograron sacar sus negocios adelante y han ido más allá del emprendimiento de subsistencia.

Crear empresa no es fácil para las personas que no cuentan con los recursos necesarios que implican el montaje y puesta en marcha de un negocio. Sin embargo, algunas entidades financieras están trabajando en estrategias para apoyar a los emprendedores que quieren “ser sus propios jefes” y salir adelante.

Una de estas estrategias consiste en respaldar el empoderamiento económico de la mujer, a través del fortalecimiento de su oferta de valor, enfocada en cubrir sus necesidades con productos y servicios financieros diseñados con el propósito de ayudarla a desarrollar todo su potencial de trabajo.

Así lo destaca Miguel Ángel Charria, presidente ejecutivo de Bancamía, quien sostiene que la entidad, del Grupo Fundación Microfinanzas BBVA, le ha apostado a esta estrategia, porque “las mujeres son más emprendedoras, ahorradoras y pagan mejor”.

Sostiene que del millón de clientes que atiende Bancamía, 54% corresponde a mujeres, la gran mayoría de ellas microempresarias, y 36% vive en zonas rurales. Y es que, según el directivo, en el banco se reconoce la importancia de la mujer colombiana como agente de transformación social, a través de su empoderamiento productivo y monetario.

Según estudios de la entidad, 53% del total de la cartera del banco corresponde a créditos entregados a mujeres, principalmente para financiar negocios de: venta de abarrotes, tiendas, minimercado, supermercado, ventas por catálogo, venta de ropa en general, misceláneas, confección de prendas para vestir, comidas rápidas y salones de belleza. El desembolso promedio que solicitan las microempresarias atendidas es de $2‘800.000.

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Otro dato importante que encontró el banco es que las mujeres microempresarias “son buena paga”. En este sentido, Charria agrega que el índice de cartera vencida de ellas es de 4,69%, mientras que el de los hombres alcanza 6,12%.

De igual forma, destaca que el papel de las clientes del banco gana más relevancia en las finanzas de sus familias, si se tiene en cuenta que 55% de las personas con cuentas de ahorro en la entidad son mujeres, lo que significa –de acuerdo con Charria– que ellas ahorran más, pensando en el futuro y preparándose para imprevistos.

El ejecutivo también señaló que, junto con la Fundación Microfinanzas BBVA, Bancamía desarrolló un sistema único y propio de medición de impacto social, llamado MIDE, que permite validar el cumplimiento de su misión a través de indicadores que ponen en valor la evolución social y económica de los clientes a lo largo del tiempo.

Su compromiso es facilitar el progreso de las mujeres colombianas y acompañar el desarrollo productivo de aquellas que por sus realidades sociales y económicas han encontrado barreras para acceder a la financiación de sus negocios.

Más cartera de microcrédito

Recientemente, Bancamía adquirió la cartera de microcrédito del banco Scotiabank Colpatria, con saldo a capital de $31.456 millones, operación que corresponde a préstamos adquiridos por 4.514 personas emprendedoras que buscan mejorar su calidad de vida, poniendo en marcha unidades productivas.

Con esta compra –dice Charria– se da un incremento del porcentaje del activo de la entidad en 2,1%, fortaleciendo así la entrega de créditos a más microempresarios, además de poner a su disposición un portafolio de productos y servicios financieros de ahorro, inversión, microseguros, banca móvil y educación financiera, adaptados a sus realidades y necesidades.

“La adquisición de esta cartera reafirma nuestro compromiso con los pequeños empresarios, creciendo nuestra base de clientes para llegar hoy a más de 981.000 colombianos de menores ingresos. Esta compra también nos permitió incrementar nuestra cartera vigente y acercarnos ya a los $1,3 billones en préstamos productivos entregados a colombianos en zonas urbanas y rurales”, afirma.

A continuación los casos de tres mujeres emprendedoras que han dinamizado sus negocios de la mano de créditos otorgados por la entidad.

Ángeles y princesas

Foto: Yamile Salazar, fundadora de Ángeles y Princesas

El nacimiento de su hija fue para Yamile Salazar el punto de partida de su emprendimiento: un negocio de diseño y confección de ropa para niñas que ya tiene ocho años en el mercado y que vende, en promedio, más de $400 millones al año.

Su pasión por la costura comenzó desde que era una niña y vivía en San Carlos (Antioquia). Allí les diseñaba vestidos a sus muñecas con pedacitos de tela que encontraba y si no lograba conseguirlos se los hacía con envolturas de alimentos.

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Después empezó a coser para amigas y vecinas, a quienes les gustaba lo que ella confeccionaba. Fue así como comenzó a descubrir su talento. Por aquella época su familia vivía con limitaciones en un pueblo que no ofrecía mayores oportunidades, sin embargo, su madre nunca quiso que trabajara en la calle.

Hace 15 años se fue con ella a Medellín, hizo un curso de modistería por el que le cobraban $2.000 mensuales. Posteriormente, comenzó a trabajar en una empresa de confecciones, hasta que quedó embarazada. “Llegué a ser la auxiliar de la diseñadora”, dice con orgullo esta paisa de 30 años.

Cuando nació su niña comenzó a coserle vestidos y “todo el mundo” quedaba encantado con sus diseños, sostiene. Empezaron a hacerle pedidos, recuerda que la primera vez le solicitaron 12 vestidos. El negocio fue creciendo y fue ahí cuando nació su emprendimiento: Ángeles y princesas.

Para ponerlo en marcha solicitó a Bancamía un primer crédito de $3 millones, con el que compró una máquina fileteadora, ya que en ese momento solamente contaba con una máquina de coser que le había regalado su madre cuando terminó el curso de modistería. Posteriormente vino el segundo crédito, con el que compró una máquina plana y una cortadora.

Hoy, su empresa cuenta con 12 máquinas y 20 talleres satélite, enlos que emplea a unas 80 personas, más los que genera la compañía como tal. También tiene cuatro puntos de venta en el centro de Medellín.

Su producto estrella son los vestidos confeccionados con retazos de tela que compra a recicladores (en total adquiere 4.000 kilos de tela al mes). También diseña faldas y blusas en poliéster. Entre sus proyectos a corto plazo, expresa, se destaca el lanzamiento de la línea para niños. De hecho, ya tiene listo todo un mostrario.

Un negocio hecho con amor

Foto: María Celina Álvarez, fundadora de Tarjetas Pilo´s, con su hija

Hace 23 años nació Tarjetas Pilo´s, un emprendimiento que bajo la batuta de María Celina Álvarez, una bogotana de 61 años, ha crecido de forma sostenida, tanto así que el año pasado facturó alrededor de $600 millones.

La empresa se dedica a la distribución al por mayor de productos con los que se expresan sentimientos: tarjetas, chocolates, esquelas, mugs y empaques, entre otros detalles en los que los personajes “Pilo” y sus amigos son los protagonistas.

La idea nació después de que el esposo de doña María Celina trabajara en Albón, una empresa de Estados Unidos pionera en productos de expresión social en Colombia, como se denomina la categoría.

Fue así como con la experiencia de su esposo y sus ganas de salir adelante montaron este emprendimiento, que hoy genera más de 15 empleos y que cuenta con alrededor de 20 proveedores y más de 300 clientes.

Doña María Celina cuenta que hace alrededor de 10 años recibió un préstamo de $20 millones para apalancarlo y hace poco le prestó $48 millones más.

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Hoy la firma tiene una planta de producción en el barrio Galán de Bogotá, en la que dos profesionales hacen los diseños correspondientes para enviarlos a las oficinas centrales de la empresa, donde se adelantan los terminados de los distintos productos. También cuenta con la ayuda de madres cabeza de familia que trabajan desde sus casas en esta misma labor.

Actualmente, la compañía distribuye sus productos a nivel nacional y también los exporta a países como Ecuador, Guatemala y Costa Rica. A futuro –dice doña María Celina– el objetivo es exportar a México, para lo cual ya está adelantando conversaciones con distintos canales, con el fin de conseguir la cadena de distribución apropiada

Otro de sus proyectos es manejar, además de la venta personalizada, la comercialización digital, a través de las redes sociales, plan que espera sea una realidad el próximo año.

Arepas “gomelas”

Foto: Yanira Charry, fundadora de Productos de Maíz Doña Yanira

Doña Yanira Charry es ejemplo de una mujer que se propuso dar la mejor educación a sus hijos, literalmente a punta de arepas. Ella, después de haberle apostado a varios emprendimientos, se la jugó por darle vida a su microempresa: Productos de Maíz Doña Yanira, negocio que ya tiene más de 20 años y que factura alrededor de $150 millones al año.

La empresa comenzó después de que un cuñado le propusiera hacer arepas, ya que él tenía que cumplir con unos pedidos que le había hecho el restaurante de una universidad. Ella ya tenía experiencia en eso porque años atrás había vendido este producto en un pequeño espacio que le ofrecieron en la Universidad de los Andes.

Fue en ese momento cuando aceptó la propuesta de su cuñado y, al mismo tiempo, se propuso una gran meta: hacer de sus tres hijos unos grandes profesionales de las mejores universidades del país.

Así dio inicio a su emprendimiento, con una producción de 50 arepas diarias, que fue creciendo con nuevos pedidos que hacían colegios, tiendas de barrio y más universidades.

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Esto iba acompañado del perfeccionamiento de sus recetas, según la necesidad de los clientes. “Mi producto es único y logrado a punta de pruebas con diferentes quesos y cantidades de maíz puro”, cuenta, al tiempo que destaca el apoyo de la entidad bancaria para adecuar su fábrica, que armó en el primer piso de su casa, donde puso planchones, neveras, mesas de amasar, fogones y una pequeña bodega.

La microempresa llegó a producir más de 300 arepas diarias, alcanzando una producción que supera las 8.000 unidades mensuales para entregar a diferentes clientes. Al tiempo que su emprendimiento iba creciendo, su meta también se fue cumpliendo: su hijo mayor se graduó de ingeniero de sistemas, el segundo de médico y el tercero de sicólogo.

En este camino su esposo, quien trabajaba con unos primos en unos restaurantes, decidió retirarse para acompañarla, ayudándole en todos los procesos administrativos que requería la formalización del negocio, que cuenta con 5 empleados.

Hoy en día los mayores clientes de Doña Yanira, de 55 años, son la Universidad Javeriana y Aldimark, una empresa que ofrece servicio de alimentación para empresas, colegios y hospitales.

A futuro quiere seguir creciendo con sus arepas artesanales, elaboradas con queso y maíz y que ella califica graciosamente como “gomelas”, porque sus mayores consumidores son “estudiantes gomelos de las mejores universidades de Bogotá”, según dice.

Estas son historias que van más allá del emprendimiento de subsistencia.

EDICIÓN 562

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