| 10/4/2013 6:00:00 AM

Café chimbo

Los consumidores colombianos están tomando café importado de mala calidad. Los granos buenos se están exportando.

"Una selección de los mejores cafés de las montañas latinoamericanas”, reza el empaque de una de las marcas más populares del grano que se venden en el país. Y aunque eso puede molestar a muchos consumidores que están convencidos de que el café que compran es colombiano, para la Federación de Cafeteros es una buena noticia.

Les alegra que el anuncio haga esa claridad a los consumidores –que poco suelen leer etiquetas y solo se fijan en el precio–, porque es el resultado de un duro trabajo que realizan hace una década para que todo el café que se autodenomine colombiano, realmente lo sea.

Aparte de conseguir derechos como denominación de origen e indicaciones geográficas que protegen el café nacional, como se protege la champaña o el queso parmesano, en la Federación usan tecnología de punta para evaluar el café con el fin de determinar su origen.

Como resultado, no solo los tostadores locales están empezando a informar mejor a los consumidores, sino que los supermercados de los países industrializados comienzan a recibir cartas de la Federación que les informan que una determinada marca de café no está vendiendo grano colombiano como lo dice en su empaque.

“Esa estrategia nos funciona mejor que mandarle la comunicación al tostador, que muchas veces no nos para bolas, pero a su cliente sí”, explica Luis Fernando Samper, gerente de comunicaciones y mercadeo de la Federación. “A veces basta con eso, pero otras veces comenzamos un pleito”.

En los puertos la Federación también revisa el café de exportación pues en algunas ocasiones se mezcla con importado para venderlo como colombiano. El castigo: se impide la exportación.

“El lío es que los grandes tostadores mundiales mezclan el café colombiano con otros de menor calidad para mejorar estos, y eso va en detrimento del grano nacional, pues así no se puede ubicar entre los mejores del mundo, que es lo que nos garantiza la prima adicional que nos pagan”, dice un cultivador del Huila.

Samper acepta que una vez el café sale en los barcos es difícil seguirle el rastro, pero que justamente lo que se está haciendo en materia de propiedad intelectual es tener una batería legal para pelear esos casos.

Luis Fernando Vélez, propietario de la marca de café Amor Perfecto, dice que aparte del esfuerzo se debe hacer más dentro del país, pues muchos tostadores que importan café lo hacen argumentando que es el sabor que les gusta a los colombianos, pues el grano bueno se exporta. “Y claro, a mucha gente le gusta ese sabor porque no conoce más, pero una fórmula para aumentar el consumo es enseñar a beber café de calidad, comenzado por cumplir con lo que dice la etiqueta. Por eso, además de prometer sellos de calidad de Icontec, se requiere que el café sí sea colombiano y no mezclado”, reitera Vélez.

A nivel local es la Superindustria la llamada a sancionar a los tostadores que incumplan, aunque hasta el momento no existe ningún sancionado, pero a nivel internacional se tiene que seguir siendo muy riguroso. No en vano, después de mucho tiempo el café volvió a ser protagonista del PIB.

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