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| 5/20/2019 12:01:00 AM

Las armas colombianas que se están internacionalizando

Indumil vende armas de efectividad ya probada en combate. Es un ‘plus’ de esta firma que crece en exportaciones, ventas y utilidades. Así lo hace.

El conflicto armado y el narcotráfico han sido los principales lastres del país. No obstante, en la lucha por combatirlos Colombia ha desarrollado habilidades en las que sobresale a nivel internacional, como una fuerte industria de seguridad privada, prevención y detección de lavado de activos y producción de armamento.

En este último campo la Industria Militar (Indumil), empresa industrial y comercial del Estado adscrita al Ministerio de Defensa, produce armas de origen iraelí (el fusil Galil), cuyas partes hoy exporta al propio Israel. También ha creado su propio armamento, la pistola Córdoba, que ya tiene patentada en varios mercados y aspira a comercializar en Estados Unidos, una de las plazas más grandes de ventas de armas del mundo.

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El almirante Hernando Wills, gerente de Indumil, dice que el armamento nacional, precisamente por el conflicto, tiene la ventaja comparativa de haber sido probado en combate. Eso lo destacan los compradores, en especial de Medio Oriente, uno de los principales clientes de armamento colombiano.

De las ventas de Indumil, solo 24,1% corresponde a armas. El resto, a explosivos.

Actualmente Indumil exporta 18% de sus ventas totales, que el año pasado sumaron $585.000 millones. Al excluir los ingresos por comercialización de explosivos, la otra gran línea de negocios de la compañía, las ventas externas equivalen a 70% de las de equipo militar.

A Indumil, que cumple 65 años, también le va bien con sus exportaciones, debido a que vende con precios inferiores al promedio, en un sector altamente competido, pues todos los países tienen su industria militar. Por ejemplo, una pistola de buena calidad en Estados Unidos vale US$700 y las colombianas cuestan cerca de 15% menos.

La situación es diferente en el mercado local, donde el Estado controla fuertemente las armas legales y solo Indumil puede venderlas. Dichos controles encarecen el armamento y la pistola que en Estados Unidos vale US$700 en Colombia cuesta $10 millones.

Eficiencia y ganancias

El almirante Wills explica que Indumil ha venido fortaleciendo su proceso de internacionalización a medida que disminuye el conflicto interno, especialmente en los últimos cinco años. Sus exportaciones alcanzaron en 2018 US$30 millones, el nivel más alto del que tiene registro y 370% más que un año atrás. En el primer trimestre de 2019 ya sumaban US$12 millones, según las estadísticas del Dane. Esto ha redundado también en un crecimiento de las utilidades que el año pasado sumaron $73.000 millones, es decir, 57% más que un año atrás.

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El gerente de Indumil atribuye el aumento de las ganancias a que han logrado mayor eficiencia en su producción, ajustes en la planta de personal, que alcanza 1.600 personas, y a una estabilización en su política de precios, lo que mejora la rentabilidad.

Indumil opera en tres plantas. Una está en Soacha, donde fabrican armas y municiones, incluso para cacería o tiro deportivo. Por ejemplo, para este deporte, la empresa fue proveedora en los Juegos Centroamericanos.

La segunda planta está en Sibaté y produce explosivos. Entre sus principales clientes están la minería y la construcción, más ahora que con los proyectos 4G hay varios túneles y vías en proceso. Además de las materias primas, administran las bodegas donde guardan los explosivos, conocidas como polvorines y suministran igualmente las voladuras y detonadores. Indumil también se encarga de autorizar la importación de explosivos para pirotecnia.

Indumil tiene entre sus nuevas líneas la azul, armas sin explosivos que sirven para entrenamiento.

La tercera planta, ubicada en Sogamoso (Boyacá), trabaja la metalmecánica. En esa, una de las fábricas más grandes de la región, hacen metalurgia, fundición y microfundición y producen aparatos grandes, como bombas para aviones o granadas de artillería. Paralelamente, tiene un departamento de electrónica que trabaja en las espoletas, es decir, el mecanismo que activa los explosivos militares.

Impacto climático

El almirante Wills explica que a ese negocio no lo afecta tanto el ciclo económico, sino factores presupuestales y el clima. Con el inicio del proceso de paz se han reducido los presupuestos de las Fuerzas Militares, lo que ha impactado sus ventas. Sin embargo, para 2019 espera un incremento por reposición y mantenimiento de las cargas básicas, es decir, la munición que requiere cada soldado y cada unidad militar. Justo ese es uno de los factores que los motiva a buscar mercados externos.

En el frente climático, cuando llueve más que el promedio, como ocurrió el año pasado, las mineras no pueden hacer sus excavaciones y, por ende, requieren menos explosivos. Sin embargo, los precios internacionales del carbón se han mantenido al alza, y por eso en Indumil ven cierta estabilidad en esa demanda para el próximo quinquenio.

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Para 2019 proyectan hacer ventas por cerca de $700.000 millones y conservar el nivel de exportaciones y de producción de explosivos, que estiman en unas 250.000 toneladas. “Ese es nuestro plan operativo, que lo debemos ejecutar con anterioridad, pues un contrato para traer materia prima para explosivos no demora menos de 6 meses, mientras se firma el contrato y el buque llega a puerto colombiano”, precisa el directivo.

El conflicto armado ha impulsado esta industria, primero para mejorar su calidad y producción y ahora en su internacionalización. Quizás la única consecuencia positiva de ese terrible flagelo.

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