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| 10/25/2018 12:01:00 AM

¿Las bolsas seguirán una tendencia a la baja?

Después de un período prolongado, la volatilidad regresó a los mercados financieros internacionales. ¿Constituye una señal de una nueva tendencia bajista de las bolsas?

Dada la tendencia estable al alza que habían tenido los mercados financieros en los seis meses precedentes y su baja volatilidad respecto de los estándares históricos, un retroceso como el de este mes no era descartable, sobre todo al ser motivado por el temor a los efectos en la actividad económica mundial de una eventual guerra comercial de grandes proporciones y una aceleración del tránsito a la normalidad, o incluso más allá, de la postura monetaria de los bancos centrales de las economías avanzadas más grandes.

Ese descenso junto con el aumento reciente de la volatilidad ha hecho que los inversionistas y los analistas se pregunten si la etapa de expansión de la economía de Estados Unidos y las de otros países avanzados, que están cerca del pleno empleo, estaría próxima a terminar y si sus mercados financieros están en el umbral de una fase de prolongada inclinación a la baja.

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Un indicador que los inversionistas utilizan de una forma recurrente como un predictor de la salud de la economía y sus mercados financieros, es la brecha entre las tasas de desempleo e inflación. Con alguna frecuencia en el pasado, cuando ambas tienden al mismo valor, de modo que la brecha se estrecha, sugieren la proximidad de una fase de desaceleración prolongada en el crecimiento económico y unos mercados donde predomina la baja en los precios de los activos financieros.

Esa correlación se explica porque, en circunstancias normales, cuando la economía sale de una recesión tiene un alto desempleo y una baja inflación, debidos a los excesos de oferta que exhibe en sus mercados de bienes, servicios y factores. El repunte de la demanda y la aceleración de la actividad económica hacen disminuir el desempleo y aumentar la inflación. Cuando convergen a la misma tasa en la fase de expansión, sugieren que la economía está cerca de un recalentamiento, en el pico del auge y, en esa medida, próxima al comienzo de la siguiente etapa de desaceleración.

Un año después de que la brecha entre esas tasas desaparece, con frecuencia las economías han entrado en recesión y los precios de sus activos financieros siguen una pronunciada tendencia a la baja.

Hace pocos días Jeffrey Kleintop, jefe global de estrategias de inversión de la Corporación Schwab, ilustró en una nota que esa brecha se cerró con antelación a las tres últimas recesiones en Estados Unidos y en Australia y a la más reciente en Alemania. Además su estrechamiento precedió a las dos últimas en el Reino Unido y a las cuatro más recientes en Japón.

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No obstante, a pesar de haber disminuido, en la actualidad esa brecha está todavía por encima de un punto porcentual en esos países: 1,1 en Japón, 1,4 en Estados Unidos y Reino Unido, 2,1 en Alemania y 3,4 en Australia, de manera que no es nula todavía, pero podría cerrarse en el curso de los dos próximos años. Con ello alertaría sobre una recesión y unos mercados financieros a la baja en las economías avanzadas en ese período.

En consecuencia, en ese horizonte podrían madurar las condiciones para una recesión en las economías avanzadas. Mientras tanto el temor a ella podría hacer que se presentarán nuevos episodios de alta volatilidad en los mercados financieros, a medida que la Reserva Federal de los Estados Unidos y otros grandes bancos centrales apresuran el tránsito de sus posturas monetarias a la normalidad, para prevenir recalentamientos, debido a los excesos de demanda que pueden enfrentar en la proximidad al pleno empleo; o al intensificarse las escaramuzas comerciales entre Estados Unidos y China.

Por otra parte, la volatilidad reciente de los mercados financieros no es alta comparada con sus estándares históricos. Lo inusual más bien fue la baja volatilidad en los seis meses precedentes, sobre todo en el tercer trimestre. Este año los índices de las acciones en las bolsas de Estados Unidos, por ejemplo, han tenido tres retrocesos entre 5% y 10%, que es compatible con el promedio de los episodios de descenso en períodos de la misma longitud en el largo plazo.

Volatilidad a la vista

El regreso de la volatilidad a los mercados financieros es apenas normal después de una fase de alza prolongada, que quizá está entrando en su última etapa. Pero en este momento no es inminente que entrarán de inmediato en una fase a la baja, debido a que las economías avanzadas prolongarán todavía su expansión, quizá durante un año o dos, si no se materializan los riesgos a la baja.

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La economía de Estados Unidos, por ejemplo, está todavía en una dinámica expansión, estimulada por una fuerte demanda de bienes de consumo, una vigorosa actividad industrial, una elevada confianza de los consumidores y los empresarios, un estrecho mercado laboral y unas condiciones financieras todavía estimulantes. Incluso la pendiente de la curva de rendimientos de los bonos de la deuda pública, que se había aplanado en el primer semestre, se ha empinado en las últimas semanas.

Con la solidez de esos fundamentales, las previsiones sobre las utilidades de las empresas son optimistas, porque están respaldadas por el dinámico crecimiento de la economía y el estímulo fiscal a la demanda interna.

En estas condiciones, si el incremento de las tasas de interés es lento y moderado, no tendría por qué frenar la tendencia al alza de los mercados financieros, mientras esté respaldada por el firme crecimiento de la economía.

Algo similar, pero en menor escala, ocurre en las demás economías avanzadas, de modo que sus mercados financieros podrían tener las mismas perspectivas.

Sin embargo, los principales riesgos a la baja para la actividad económica global y la tendencia al alza de los mercados financieros persisten: la amenaza de una guerra comercial de grandes proporciones, el peligro de la adopción de posturas monetarias desestimulantes en las economías avanzadas, un brexit desordenado sin acuerdo de salida y la implementación de una política fiscal populista en Italia. Puede que no se materialicen, pero seguirán generando incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros.

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Si no se realizan, lo que tal vez ocurra de modo paulatino es una inclinación de las preferencias de los inversionistas hacia los activos más seguros, a medida que revaloran el riesgo por el estrechamiento de las condiciones financieras en los mercados internacionales. Esa es una oportunidad para que los inversionistas incluyan en sus portafolios inversiones de largo plazo, quizá menos rentables pero más seguras, mientras la solidez de los fundamentales se impone sobre la incertidumbre generada por los riesgos a la baja.

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