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| 10/25/2018 12:01:00 AM

Crecen los riesgos para la actividad económica mundial

Aunque la actividad económica mundial permanecerá dinámica este año y el siguiente, los riesgos a la baja aumentan por una mayor incertidumbre y una menor confianza.

Los pronósticos de los organismos multilaterales indican que la actividad económica mundial permanecerá firme en 2018 y 2019, con un ritmo de expansión similar al de 2017 (3,7%, según el Fondo Monetario Internacional –FMI–). Sin embargo, este año su crecimiento comenzó a perder sincronía entre las economías, por el debilitamiento del comercio, la manufactura y la inversión global, debido a la incertidumbre creada por las amenazas a la baja.

Los principales riesgos son una guerra comercial, una salida sin acuerdo del Reino Unido de la Unión Europea (UE), la inestabilidad financiera en la Zona del Euro por la política fiscal populista en Italia y los efectos de la normalización monetaria en las economías avanzadas sobre las emergentes y los mercados financieros.

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En la coyuntura actual, las economías avanzadas crecen de forma estable cerca del potencial, lo que las mantendrá próximas al pleno empleo este año y el siguiente, si no se materializan los peligros a la baja. En tal caso, su fase de expansión se prolongará en el mediano plazo, aunque a un ritmo menos dinámico. La amenaza de un repunte de la inflación y sus expectativas parece controlada por los bancos centrales en el corto plazo. Sin embargo, los excesos de demanda generarán tarde o temprano un rebrote inflacionario, que los llevará a apurar la normalización de sus posturas monetarias. Por el momento, sus mercados financieros han soportado el apretón monetario de la FED y los riesgos geopolíticos.

En contraste, las economías emergentes padecen las expectativas de un apretón monetario más veloz que el previsto en las avanzadas, a través de unos menores flujos (o fugas) de capital, que han depreciado sus monedas y desvalorizado sus activos.

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Mientras que los indicadores de la actividad real lucen saludables en la mayoría de los países, los de la demanda –como la confianza de los consumidores y los empresarios– y las condiciones financieras sugieren que el crecimiento se debilitará en el mediano plazo entre los emergentes.

Impulsado por una postura fiscal procíclica, que amenaza resultar perjudicial más adelante, Estados Unidos está en pleno empleo, con un crecimiento acelerado este año y el entrante (2,9% y 2,5%) que excede el potencial (2%), junto con un desempleo en mínimos históricos (3,7%), sin que el exceso de demanda haya generado todavía unas presiones inflacionarias desmesuradas, pero con el riesgo de que lo haga pronto.

Después de un auge prolongado, su mercado de acciones todavía tiende al alza, por un incremento robusto de las utilidades. No obstante, el aplanamiento de la curva de rendimientos sugiere que el mercado espera un debilitamiento de la actividad económica, mientras que su eventual inversión indicaría que preverían una recesión.

En la Zona Euro el crecimiento sigue estable. Una aceleración de los salarios ha llevado al Banco Central Europeo a comenzar a reducir sus compras netas de activos. Sin embargo, el proteccionismo de Estados Unidos, una salida desordenada del Reino Unido de la UE y los efectos de las iniciativas fiscales populistas en Italia podrían tener efectos adversos sobre su estabilidad económica y financiera.

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La actividad económica británica permanece sólida, pero la incertidumbre sobre las condiciones de salida de la UE comienza a afectar la confianza y ralentizar la inversión.

Las economías emergentes enfrentan riesgos crecientes en la medida en que el entorno financiero internacional deviene menos favorable y el dólar se fortalece, como consecuencia de las expectativas de que la FED apure el tránsito a la normalidad monetaria. En estas circunstancias, los emergentes resultan afectados según el tamaño de sus desbalances macroeconómicos, la magnitud de sus deudas pública y externa, su liquidez en moneda extranjera, la credibilidad de sus políticas económicas, su inflación y su estabilidad política.

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La hostilidad comercial de Estados Unidos empieza a desacelerar a China. Para contrarrestar ese efecto, las autoridades han relajado la postura monetaria, con el peligro de subir los desequilibrios financieros.

India sostiene un ritmo de crecimiento muy dinámico, pero es vulnerable a los choques externos, por su elevado déficit fiscal, su alta deuda pública y su creciente déficit en la cuenta corriente.

Brasil también es sensible al estrechamiento del entorno financiero internacional, por su amplio déficit fiscal y la incertidumbre de las elecciones presidenciales, del cual dependerá la posibilidad de consolidar sus finanzas públicas.

Por los indicios de una desaceleración inminente de la actividad en las economías emergentes, el FMI redujo sus pronósticos del crecimiento global para este año y el siguiente, de 3,9% a 3,7%.

Otras debilidades que tiene hoy la economía mundial fueron generadas por las estrategias fiscales y monetarias implementadas durante la última década para enfrentar la crisis financiera internacional. Durante este período algunas economías avanzadas acumularon unas elevadas deudas públicas, sus bancos centrales ampliaron con desmesura sus balances y sus mercados de activos tuvieron auges prolongados, en los cuales sus precios aumentaron con exuberancia.

De una manera paralela, en muchas economías emergentes los abundantes flujos de capital apreciaron sus monedas y valorizaron sus activos, al tiempo que contribuyeron a financiar unos elevados excesos de demanda, que ampliaron sus desbalances macroeconómicos y acrecentaron sus deudas públicas y externas, junto con las de las firmas y los hogares.

Como las posturas fiscales y monetarias en muchas economías avanzadas y emergentes han permanecido estimulantes durante un período prolongado, sus autoridades tienen poco espacio para relajarlas, en el caso de enfrentar un choque inesperado.

Por tanto, es menester corregir en lo posible esas posturas, con el fin de morigerar los excesos de demanda, estrechar los desbalances macroeconómicos y ampliar el margen de maniobra de las autoridades. De modo simultáneo, es necesario acometer reformas para aumentar la resiliencia de las economías, mejorar su eficiencia en la asignación de los recursos, incrementar su productividad y elevar su capacidad de crecimiento sostenido.

EDICIÓN 562

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