| 2/1/2018 12:01:00 AM

Los riesgos de una prolongada política expansionista

La implementación de las políticas fiscales y monetarias estimulantes durante un período prolongado no está exenta de riesgos. ¿Cuáles son?

Las buenas perspectivas de la actividad económica mundial este año y el siguiente, basadas en un repunte de la inversión y un incremento del consumo alrededor del mundo, junto con una expansión del comercio internacional, recibieron un impulso adicional por el efecto estimulante que la reforma tributaria de la administración Trump tendrá sobre la acumulación de capital y el crecimiento en los Estados Unidos.

El optimismo de las proyecciones se apoya también en las expectativas de un tránsito suave hacia la normalidad de las políticas monetarias de los grandes bancos centrales del mundo, en las cuales dejarán de utilizar estrategias no convencionales, como las tasas de interés nulas o negativas, el compromiso de mantenerlas bajas por un largo periodo y el relajamiento cuantitativo.

Aunque la prolongación de las posturas fiscales y monetarias estimulantes en las economías avanzadas asegura la afirmación de su actividad económica, con un gran efecto multiplicador sobre el crecimiento mundial, también entraña riesgos. La materialización de esos peligros podría perturbar la estabilidad financiera global y conducir a otra recesión.

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En las economías de mercado, las crisis financieras son recurrentes y la recesión es una fase del ciclo económico que tarde o temprano se repite. La economía de los Estados Unidos, por ejemplo, está en su noveno año de expansión, a una tasa que durante este año y el siguiente excederá su tendencia de largo plazo, sin signos de que se aproxime a una desaceleración. Sin embargo, según Martin Feldstein, de la Universidad de Harvard, el mayor riesgo para esa expansión es la fragilidad de su sistema financiero. Una década de extrema laxitud monetaria elevó de manera exuberante los precios de sus activos financieros. Una corrección fuerte de su valor, que lo devuelva hacia su promedio histórico, podría acarrear cuantiosas pérdidas a los intermediarios financieros, crear un efecto riqueza negativo, que tendría consecuencias adversas sobre el consumo, la inversión y la actividad económica en ese país. También podría contagiar la inestabilidad financiera y la ralentización del crecimiento al resto del mundo.

En eventos como esos, las autoridades implementan con frecuencia recortes de las tasas de interés, reducciones de los impuestos y aumentos del gasto público.

Sin embargo, la persistencia de las posturas fiscales y monetarias laxas en las economías avanzadas más grandes y algunas emergentes dificultaría enfrentar la quiebra de los intermediarios financieros, el congelamiento de los mercados y el descenso de la actividad económica que ocurre en las crisis, porque habría dejado un margen de maniobra reducido para implementar estrategias contracíclicas.

Ese estrecho espacio es preocupante porque, como establecieron Christine y David Romer, de la Universidad de California, en los países que cuentan con un rango más amplio de opciones fiscales y monetarias al comienzo de las crisis financieras, la actividad económica cae menos y se reactiva más rápido, mientras los sectores financieros se recuperan con mayor celeridad que en aquellos donde hay menos posibilidades.

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Esto ocurre porque los países con un amplio espacio para implementar estrategias fiscales y monetarias contracíclicas pueden utilizar el mayor número de instrumentos disponibles de una manera más agresiva que aquellos donde el margen es estrecho.

Lo preocupante de la coyuntura actual de la economía mundial, como argumenta Barry Eichengreen, de la Universidad de California, es el estrecho espacio que tienen las autoridades en algunos de los países avanzados más grandes para implementar esas políticas, por lo bajas que están las tasas de interés de sus bancos centrales y la elevada carga de la deuda, tanto pública como privada.

En esas condiciones, un recorte de la tasa de interés no podrá ser de gran magnitud, porque en el caso de algunos de los bancos centrales más grandes están en cero o llegarían muy pronto a este límite. De modo que el efecto estimulante de la reducción de sus tasas de interés sobre la demanda de crédito, el consumo y la inversión no sería de elevadas proporciones.

En las últimas tres recesiones en los Estados Unidos, por ejemplo, la Reserva Federal recortó la tasa sobre los fondos federales 500 puntos básicos. En la actualidad, la meta para esa tasa está entre 1,25% y 1,5%. Los pronósticos de los miembros de su comité de operaciones de mercado abierto sugieren, en promedio, que el alza de la meta será gradual: estará entre 2% y 2,25% al finalizar 2018 y entre 2,5% y 2,75% al terminar 2019. Por tanto, el espacio para un recorte agresivo, si fuera menester, es menor en esta coyuntura.

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Un factor que contribuye a mantener más estrecho que antes el margen de maniobra monetaria en las economías avanzadas es la reducción de la tasa de interés neutral, a medida que aumentaron la propensión a ahorrar y la demanda por activos seguros, al tiempo que disminuyó su capacidad de crecimiento potencial por el envejecimiento de la población y el estancamiento de la productividad.

Una reducción de los impuestos tampoco sería muy eficaz en las economías donde la deuda pública y privada son muy elevadas, como ocurre en algunas avanzadas y emergentes en la actualidad. En estas circunstancias, es probable que los hogares dedicaran el mayor ingreso disponible a amortizar sus deudas, en lugar de gastarlo en bienes de consumo.

Además, recortar los impuestos e incrementar el gasto público aumentaría los déficits fiscales y la deuda del Estado. Si estos son ya elevados, como ocurre en algunas de las economías avanzadas y emergentes, la solvencia de los Estados sufriría un menoscabo que sería penalizado por los inversionistas, quienes exigirían unas tasas de interés más altas para cubrir el mayor riesgo de financiarlos. En ese evento, la expansión fiscal perdería eficacia porque la elevación de las tasas de interés desestimularía el gasto del sector privado.

En consecuencia, sería aconsejable que, mientras la economía mundial se mantenga en expansión, las autoridades alrededor del mundo acometan una consolidación fiscal y recuperen la neutralidad monetaria, para ampliar el margen de maniobra de las políticas contracíclicas en una próxima recesión.

Esta es una lección que no deberían pasar por alto los candidatos a la presidencia en Colombia.

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