| 3/28/2018 12:01:00 AM

¿Alemania le dará un nuevo amanecer a Europa?

La conformación de una coalición mayoritaria en Alemania es una oportunidad para llevar a cabo reformas que cohesionen la Unión Europea. ¿Cuáles son los retos?

De manera paradójica, la gran coalición que le permitió a Angela Merkel establecer un nuevo gobierno en Alemania está integrada por las mismas fuerzas políticas que en el pasado la apoyaron, pero que recientemente habían amenazado con convertirse en oposición.

Después de fracasar en el intento de establecer una alianza con el partido verde y los liberales demócratas, la Canciller recurrió de nuevo al partido social demócrata. De este modo, la coalición gobernante quedó integrada por tercera vez desde 2005 por los partidos de centroizquierda y los demócratas cristianos, que son de centroderecha. Estos partidos obtuvieron en las elecciones de septiembre su peor resultado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, la Alternativa para Alemania, conformada por neo nazis, nacionalistas, xenófobos y antimusulmanes, enemigos de la integración europea, se consolidó como el principal movimiento de oposición, gracias a un auge sin precedentes, que la convirtió en la tercera fuerza política de ese país.

La reconstrucción de la coalición es favorable para la estabilidad política de Alemania en el corto plazo y propicia para los esfuerzos de fortalecer la Unión Europea (UE). Sin embargo, los analistas políticos temen que fortalecerá en el mediano plazo a los extremistas de derecha e izquierda.

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Las encuestas más recientes apoyan esta inferencia, al mostrar que el partido social demócrata (con entre 15% y 17% de la intención de voto) estaría en riesgo de caer por debajo de la Alternativa para Alemania (entre 15% y 16%) y de perder supremacía frente a la izquierda (12%). Nunca antes después del final de la segunda guerra mundial los extremistas tuvieron tal favoritismo ni tanta fuerza en el parlamento. Quizá por ello en el mediano plazo la coalición gobernante perderá estabilidad.

Una de las prioridades sobre las cuales se reconstruyó la gran coalición fue la integración europea. En el documento de formalización de la alianza, los demócratas cristianos y los social demócratas se comprometen a buscar el otorgamiento de mayores poderes al Parlamento Europeo y a transformar el Mecanismo Europeo de Estabilidad en un Fondo Monetario Europeo. Además, el Gobierno incrementará los aportes a la Unión Europea y buscará estrechar su cooperación en las políticas migratorias y de defensa.

En vista de ello, luego del establecimiento del nuevo gobierno de la Canciller Angela Merkel, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, le insistió en la necesidad de discutir sus propuestas de reforma para la UE y la Zona Euro (ZE). Estas abarcan un amplio rango que incluye las políticas comercial, monetaria, fiscal y de defensa. Quizá sin avanzar en ellas la UE no logre sobrevivir en la próxima recesión o ante un choque externo de grandes proporciones.

En respuesta a la insistencia del presidente Macron, la Canciller Merkel dijo que su renovada gran coalición es la oportunidad de lograr un nuevo amanecer para Europa, en cooperación con Francia. También reiteró al presidente francés el interés de considerar sus propuestas de reforma de la ZE, pero afirmó que se deben incluir otros asuntos comunes, como la mejora de la competitividad, una política migratoria y una protección fronteriza conjunta.

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Por este nuevo impulso, algunos observadores creen que las dos partes llegarán a algún acuerdo sobre las propuestas del presidente francés para llevarlas al Consejo Europeo de jefes de estado y de gobierno de junio de este año, sobre todo en los planteamientos de completar la unión bancaria y comenzar la fiscal.

¿Lecciones aprendidas?

Ambos gobiernos parecen estar de acuerdo en que una de las lecciones de los efectos de la crisis financiera internacional y la de la deuda soberana que ocurrió luego en Europa es la necesidad de profundizar la unión monetaria. Sin embargo, el gobierno alemán se opone a las propuestas que involucren un mayor aporte de fondos para absorber de una forma conjunta los choques económicos o para promover el crecimiento, por el desincentivo que constituiría para que los países miembros manejen de un modo disciplinado sus finanzas públicas y lleven a cabo las reformas estructurales necesarias para mejorar su competitividad, aumentar su productividad e incrementar la eficiencia de sus mercados de bienes y de factores, para lograr unas asignaciones optimas de sus recursos.

Foto: Las elecciones del Parlamento Europeo el año entrante son una oportunidad para renovar el liderazgo político en la Unión Europea, con miembros que favorezcan una mayor integración.

La parte más conservadora de la coalición gobernante ahora en Alemania sigue rechazando la posibilidad de avanzar en la integración europea, porque teme que eso implique de una u otra manera unos mayores costos que beneficios para Alemania. Por tal motivo se opone a la proposición de compartir el riesgo de la deuda pública de otros países, porque en su opinión constituiría un mecanismo de transferencia de los impuestos pagados en aquellos que implementan una estricta disciplina fiscal, hacia los que manejan de un forma irresponsable sus finanzas públicas. Debido a ello rechaza también la eventualidad de establecer una unión fiscal e incluso las propuestas de tener un presupuesto y un Ministerio de Hacienda común. Tampoco creen que se deba profundizar la unión bancaria sin antes haber saneado con rigor los balances de los bancos en todos los países miembros de la Zona del Euro, sobre todo si se pretende establecer un seguro de depósitos común. Completar la integración bancaria parece el objetivo más fácil de lograr en el corto plazo, mientras que la unión fiscal parece el más remoto. Sin embargo, el presidente Macron insiste en que debe permanecer como meta en la agenda de mediano plazo.

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Algunas preocupaciones del gobierno alemán son compartidas por los de otros países europeos que acatan una estricta disciplina fiscal, como Los Países Bajos, Irlanda, Suecia, Noruega y Finlandia. Este grupo se opone a seguir avanzando en los esquemas de compartir el riesgo soberano y bancario, por lo menos hasta que todos los países hayan saneado de un modo estricto los balances de sus instituciones financieras, sobre todo en Italia.

Aparte de las reformas, otra preocupación compartida por Alemania y Francia es la fricción que se ha generado dentro de la UE por los comportamientos autoritarios de los gobiernos de Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría. Esa inclinación contradice la tradición democrática de sus miembros más antiguos. De este modo, el nuevo gobierno alemán brinda a la UE la oportunidad de avanzar en las reformas para lograr una mayor cohesión. Sin embargo, si no se avanza de una manera significativa en ellas, se corre el riesgo de fortalecer a los movimientos extremistas antieuropeos no solo en Alemania, sino en toda la región. Con ello el riesgo de desintegración sería mucho mayor.

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