| 1/18/2018 12:01:00 AM

¿Seguirá subiendo el precio del petróleo?

El año pasado los precios del petróleo aumentaron de una manera inesperada. Los pronósticos son optimistas, pero hay riesgos a la baja. ¿Persistirá el repunte?

Los precios del petróleo terminaron el año pasado con una tendencia al alza, originada por la inclinación descendente de los inventarios en el segundo semestre.

Según la Agencia de Información Energética de los Estados Unidos (EIA), los inventarios globales de petróleo disminuyeron 0,4 millones de barriles diarios (MBD) en promedio en 2017, lo cual constituyó su primer descenso anual desde 2013.

En diciembre los precios recibieron un impulso adicional por la extensión por un año más del acuerdo entre los países de la Opep, Rusia y otros nueve productores, para mantener un recorte de la producción de 1,8 MBD.

Foto: Los precios del petróleo tieden al alza por el descenso de los inventarios y la prolongación del acuerdo de recorte de la oferta.

En el caso del Brent, el precio terminó el año en US$67 por barril (/b), por encima del promedio anual de US$54/b, que excedió en US$10/b el promedio de 2016.

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Los pronósticos sobre la evolución de los precios del petróleo en 2018 son optimistas. Los expertos conjeturan que el repunte de la actividad económica mundial estimulará la demanda, que aumentará en cerca de 1,3 millones de barriles diarios. De manera que si continúa el cumplimento estricto del acuerdo, la oferta y la demanda permanecerían cerca del equilibrio en 2018 y 2019.

Como consecuencia de ello, los precios seguirían elevados y el mercado tendría un ánimo alcista. Por tal motivo, la proyección de la EIA del precio promedio del Brent para este año es de US$ 60/b y para el entrante de US$ 61/b.

Los precios podrían resultar mayores, si se materializa alguno de los riesgos geopolíticos que amenazan el incremento de la oferta: un agravamiento de la crisis política en Venezuela o del conflicto en Libia, unos ataques en gran escala de grupos armados ilegales contra las instalaciones petroleras en Nigeria, o una imposición de nuevas sanciones a Irán.

Sin embargo, los precios podrían incrementarse menos de lo contemplado en los pronósticos optimistas, como argumenta Michael Lynch en la revista Forbes, si no se cumple de una manera estricta el acuerdo de restricción de la producción, o si algunos países productores que se mantienen al margen del pacto, como Estados Unidos, aprovechan la mayor rentabilidad que se deriva de los altos precios para aumentar su oferta. Por eso, algunas previsiones para el Brent en 2018 contemplan un precio por debajo de US$60 /b, como la del Citigroup (US$54/b).

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Los precios también podrían descender en el mediano plazo, debido a un incumplimiento de las cuotas del recorte de la oferta. Para ello bastaría que Irak, Rusia o Arabia Saudí, que tienen a su cargo 85% de la restricción, no la acataran.

Hasta ahora el acuerdo ha sido efectivo gracias al compromiso de esos tres países y porque México, Venezuela, Kazajistán, Angola e Irán tienen dificultades técnicas para expandir su oferta.

De modo similar, una competencia agresiva entre los países productores miembros y no miembros de la Opep, por ampliar sus participaciones en el mercado, podría afectar de manera adversa los precios. Esa lucha podría volverse encarnizada si los miembros de la organización temen que en el largo plazo, con la demanda y los precios actuales y esperados, la producción basada en técnicas no convencionales (como el shale oil) en países no miembros de ella, como Estados Unidos, pudiera representar una amenaza grande para su porción de la oferta.

En tal caso, algunos de los grandes productores de la Opep podrían optar por aumentar su producción para forzar un descenso de los precios y menoscabar la rentabilidad de la producción con métodos no convencionales.

También podría ocurrir la eventualidad de que los precios se derrumbaran. Una caída estrepitosa podría originarse en el estallido de una de las burbujas que parece haber en los mercados financieros, que contagiara al petrolero, de un modo similar a como aconteció en 2008.

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La incertidumbre que prevalece entre los inversionistas sobre la evolución de los precios del petróleo se refleja en los mercados de futuros y opciones. Por ejemplo, según los cálculos de la EIA, con base en los datos de la bolsa de materias primas de Nueva York (NYMEX), los contratos que se pactaron al comienzo del año para entrega de WTI en abril de 2018, promediaron US$61/b, con una volatilidad promedio de 19%. Con base en ello, los límites del intervalo dentro del cual podrían fluctuar los precios en esa fecha, con un 95% de confianza, eran de US$52 y US$71/b. Ese rango se amplía con el transcurso del tiempo, de manera que en diciembre de 2018 llega a US$45 y US$80/b y en el mismo mes de 2019 a US$32 y US$93/b. Sin embargo, la volatilidad disminuyó 10 puntos porcentuales desde enero de 2017.

De esta manera, si bien entre los inversionistas y los analistas prevalece el optimismo sobre la evolución del mercado del petróleo durante 2018 y 2019, la estabilidad de los elevados precios que proyectan se basa en gran medida en la disciplina que tengan la Opep, Rusia y los otros nueve países productores que acordaron el recorte vigente, para acatarlo.

Los riesgos al alza de los precios son de naturaleza geopolítica, mientras que las amenazas a la baja dependen de la intensidad de la competencia entre los productores que tenga lugar en el mercado.

Para la salud de las finanzas públicas, las cuentas externas y el repunte de la actividad económica en los países exportadores de petróleo, sería conveniente un escenario como el que proyectan los más optimistas, cuyos precios superan, por ejemplo, las previsiones del gobierno colombiano para 2018 (US$55/b para el Brent). En el país, los precios más altos de esta materia prima aumentarían los ingresos por exportaciones, las utilidades de las compañías del sector, los ingresos públicos por regalías, impuestos y dividendos de Ecopetrol. También mejorarían los términos de intercambio, dinamizarían el ingreso nacional y aumentarían la rentabilidad y los flujos de inversión en esa rama. Al mismo tiempo, en el mediano plazo podrían contribuir a aumentar la productividad de la economía y a elevar su capacidad de crecimiento. Según los cálculos del Ministerio de Hacienda, cada dólar de incremento representa un año después ingresos fiscales por $350.000 millones. Crece la expectativa.

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