| 4/26/2018 12:01:00 AM

¿Se aproxima una recesión en los Estados Unidos?

El aplanamiento de la curva de rendimientos en una coyuntura de incremento de la volatilidad de los mercados aumentó el temor de los inversionistas a una recesión. ¿Es inminente?

Los inversionistas, los analistas e incluso los funcionarios de la Reserva Federal (FED) están cada vez más preocupados por la posibilidad de que la curva de rendimientos se invierta en los Estados Unidos, hacia el final de este año o en el curso del entrante.

Esta curva es una relación entre los rendimientos de los bonos de la deuda pública en el mercado secundario y su periodo de maduración. En condiciones normales, el rendimiento de los bonos es más elevado a medida que su fecha de vencimiento es más lejana, porque los inversionistas exigen una compensación más alta por el mayor riesgo que implica prestarle sus fondos al gobierno por un tiempo más prolongado. Por tanto, lo usual es que la curva de rendimientos tenga una pendiente positiva.

La pendiente de la curva se aplana cuando disminuye la diferencia entre el rendimiento de los bonos de largo y mediano plazo respecto de los de corto plazo. De manera que la curva es plana –o tiene una pendiente igual a cero– cuando todos los bonos tienen un rendimiento similar.

En el caso de que los bonos de largo plazo tengan un rendimiento menor que los de corto plazo, la pendiente es negativa, por lo cual se dice que la curva está invertida.

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La preocupación de las autoridades y los inversionistas estriba en que, desde la década de 1960, todas las recesiones en los Estados Unidos estuvieron precedidas por inversiones de la curva de rendimientos. Sin embargo, no todas las veces que la pendiente de curva se hizo negativa la economía entró en una recesión.

Lo ocurrido hasta el momento es un aplanamiento de la pendiente, debido al estrechamiento de la diferencia entre los rendimientos de los bonos a diez y a dos años, que hace poco cayó al mínimo de una década (41 puntos básicos).

Los rendimientos de los bonos a dos años aumentaron porque los inversionistas esperan que la FED continúe con los incrementos de su meta para la tasa de interés sobre los fondos federales, con el fin de prevenir que la economía se recaliente y, como consecuencia de ello, ocurra un desborde inflacionario en el corto plazo.

En la coyuntura actual esta amenaza tiene una alta probabilidad de ocurrencia, debido a que la economía está próxima al pleno empleo y la demanda interna recibirá un gran estímulo fiscal, como consecuencia de la rebaja de impuestos a las personas y a las firmas y los incentivos a la repatriación de capitales, aprobados en la reforma tributaria de este año, junto con el aumento del gasto en infraestructura propuesto por el gobierno del presidente Donald Trump.

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Al mismo tiempo, los rendimientos de los bonos a diez años disminuyeron porque los inversionistas creen que la actividad económica y la inflación se desacelerarán en el mediano plazo, de manera que en ese lapso la FED se verá obligada a recortar su meta para la tasa de interés sobre los fondos federales.

De este modo, como es usual, el aplanamiento de la curva en esta coyuntura ocurre en buena medida porque la FED lleva a cabo un estrechamiento de su postura monetaria. El descenso de su pendiente manifiesta una mayor preocupación de los inversionistas por las perspectivas de la actividad económica en el mediano plazo.

No obstante, la normalización de la postura monetaria en los Estados Unidos no tiene que terminar en el estallido de una burbuja financiera y en una recesión. Para conjurar el recalentamiento de la economía podría bastar con llevar la meta de la tasa de interés sobre los fondos federales a su magnitud neutral, en la cual ni estimula ni frena la actividad económica.

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Por otra parte, el aplanamiento de la pendiente de la curva no conduce siempre a su inversión. Además, entre el aplanamiento y la inversión puede mediar un extenso período. De modo que la inversión de la curva no es inminente en la presente coyuntura.

En muchas ocasiones un aplanamiento como el actual e incluso otros más severos, fueron seguidos por períodos de grandes valorizaciones en los índices de la bolsa, como ocurrió después de 1984, 1988, 1994 y 2005, sin que mediara una recesión. Por tanto, no hay evidencia de que el aplanamiento de la curva de rendimientos esté asociado con un descenso en la rentabilidad de las acciones, por causa del cual se desencadene una venta masiva que lleve a la prevalencia de un sentimiento a la baja en el mercado.

Quizá el temor de los inversionistas por el aplanamiento de la curva de rendimientos en la coyuntura actual y su eventual inversión hacia el final de este año, o en el entrante, se deba en parte al aumento reciente de la volatilidad en el mercado de las acciones en los Estados Unidos, que podría ser un síntoma de que su tendencia alcista estaría próxima a terminar.

La volatilidad ha sido alimentada este año por varios factores. En primer lugar, por el temor a una normalización de la postura monetaria de la FED más rápida que la descontada por los mercados, como consecuencia de un recrudecimiento de la inflación por presiones en el mercado laboral. En segundo lugar, por el temor de que una guerra comercial entre los Estados Unidos y China conduzca a la economía mundial a una recesión. Por último, por el incremento del riesgo geopolítico en el Medio Oriente y en Asia, debido al ataque de Estados Unidos a Siria, junto con las declaraciones agresivas de los gobiernos estadounidense, ruso y norcoreano.

Sin embargo, los especialistas argumentan que, con una alta probabilidad, lo que pasa en los recientes episodios de descenso en los índices de la bolsa de Estados Unidos es que el mercado está encontrando un fondo. El proceso de tocar fondo es frustrante para los inversionistas y les genera confusión. Pero luego, cuando los fundamentales son sólidos, como en esta coyuntura, el mercado renueva la tendencia alcista. Es probable que eso ocurra de nuevo en esta oportunidad, porque tanto la economía mundial como la de los Estados Unidos están en un proceso sostenido de expansión, que se proyecta dure todavía un par de años. Gracias a ello, las perspectivas de utilidades de las firmas en este periodo son buenas y apoyan las expectativas de una atractiva valorización de las acciones. Por tanto, a pesar del aplanamiento de la curva de rendimientos en los Estados Unidos, su economía no está próxima a una recesión e, incluso, la probabilidad del estallido de una burbuja financiera es baja.

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