| 8/2/2018 12:01:00 AM

¿Existe el peligro de que la economía mundial entre en recesión?

La economía mundial permanece en una fase de expansión, pero han aumentado los riesgos de desaceleración. ¿Cuáles son y por qué podrían frenarla?

La economía mundial se ha mantenido firme, en una fase de dinámica expansión desde el segundo semestre de 2016.

No obstante, en la coyuntura actual la actividad se está haciendo menos homogénea entre los países y los riesgos de una desaceleración se están incrementando.

Algunos organismos multilaterales –como el FMI y la Ocde, por ejemplo– prevén que la tasa del crecimiento global este año y el entrante permanecerá cerca de 4%, que es su promedio en el presente siglo.

Durante esta fase la expansión se ha basado en un repunte de la inversión y del comercio internacional.

Sin embargo, la aceleración de la actividad económica no se ha basado en el incremento de la productividad ni en un cambio estructural, sino en los estímulos fiscal y monetario.

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Motores de expansión

En la última década la postura monetaria ha permanecido laxa en las economías avanzadas más grandes, con unas tasas de interés muy bajas y una elevada compra de activos financieros de sus bancos centrales.

Las bajas tasas de interés y los excesos de liquidez estimularon la demanda de crédito, la compra de activos, el consumo y la inversión. Además, permitieron que los Estados obtuvieran una financiación barata en los mercados, con lo cual evitaron subir los impuestos o recortar los gastos.

Como consecuencia de estos factores, la mayor demanda haló la actividad económica, pero aumentó de una manera exuberante el precio de los activos junto con el endeudamiento público y privado.

En la coyuntura actual algunos de los bancos centrales más grandes están en el camino hacia la normalización de sus posturas, mediante la disminución de sus compras de activos –como la Fed– y el incremento de sus tasas de interés –la Fed y el Banco de Inglaterra–, mientras que otros han anunciado que lo harán en un futuro próximo –el Banco Central Europeo–.

Al mismo tiempo, algunos gobiernos han relajado su postura fiscal –como el de los Estados Unidos–, por medio de un recorte de impuestos y/o un incremento del gasto, que desmejorará sus balances fiscales e incrementará sus deudas públicas.

Cuando el relajamiento de la postura fiscal es considerable y las economías están próximas al pleno empleo, como en el caso de algunas avanzadas –Estados Unidos–, surge el peligro de exacerbar las presiones inflacionarias en el mediano plazo, por incurrir en un exceso de demanda. Estas pueden resultar intensificadas por un incremento de los salarios, debido a un exceso de demanda en el mercado laboral.

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Riesgos de desaceleración

En la actualidad, la principal amenaza a la baja de la actividad económica global es que las escaramuzas comerciales iniciadas por los Estados Unidos en contra de China, Canadá, México y la Unión Europea, junto con las retaliaciones de estos países, conduzcan a una guerra comercial de grandes proporciones.

Semejante confrontación tendría un efecto contractivo sobre el comercio internacional y rompería las cadenas globales de valor.

Por tal motivo, la demanda externa tendría una menor capacidad de impulsar el crecimiento mundial y muchas empresas carecerían de suministros, o tendrían un incremento de sus costos y tendrían que utilizar unas técnicas de producción menos eficientes, o dejar de producir.

Además, desmejoraría la capacidad de crecimiento sostenido de las economías involucradas, en el largo plazo, porque conduciría a una asignación menos eficiente de sus recursos que reduciría la productividad, al tiempo que generaría una incertidumbre que frenaría la acumulación de capital.

Otro peligro para el crecimiento mundial es un incremento muy pronunciado de los precios del petróleo y de otras materias primas, que podrían originar presiones inflacionarias y una desmejora del desbalance externo en muchos países.

Un riesgo adicional es que la abultada deuda acumulada por los hogares, las firmas y los gobiernos, junto con la sobrevaloración de los activos ocurrida en muchos países, al elevar las tasas de interés más rápido o en una magnitud mayor de lo previsto, les generen un incremento de la carga financiera y unas pérdidas de capital inesperadas.

Con ello disminuirían su ingreso neto y sufrirían un efecto riqueza negativo, que tendría consecuencias adversas sobre la demanda.

Otra eventualidad es que una aceleración imprevista del cronograma de normalización de la postura monetaria en las economías avanzadas, disminuya el caudal de los flujos de capital hacia las economías emergentes e incluso cause fugas en aquellas con amplios desbalances macroeconómicos y/o elevados riesgos soberano y/o geopolítico.

Por esta causa ocurrirían también abruptas desvalorizaciones de sus activos y pronunciadas devaluaciones de sus monedas. Estas eventualidades forzarían un incremento de sus tasas de interés, que tendría un impacto negativo en la demanda.

El riesgo geopolítico en varias regiones del planeta también puede generar turbulencias en los mercados financieros e incrementos abruptos en los precios de los hidrocarburos.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea y el ascenso del populismo en otros de sus países miembros, como Italia, y los desacuerdos que puede generar, también desmejoraría la actividad económica en esa región y se convertirían en fuentes de inestabilidad en los mercados.

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Medidas de política

Como los estímulos fiscal y monetario no pueden durar para siempre, porque surge la amenaza de que ocasionen una inestabilidad financiera que desmejore la actividad económica, en lugar de impulsarla; en muchas economías es preciso estrechar las posturas fiscal y monetaria para que recuperen su eficacia contracíclica, de manera que se puedan utilizar para contrarrestar la debilidad de la demanda en la parte baja del ciclo o cuando sobrevengan choques adversos.

Para que la actividad económica perdure, a medida que se retiran esos estímulos en la coyuntura actual se requiere implementar reformas estructurales para elevar la capacidad de crecimiento sostenido de las economías.

Estas deben optimizar el funcionamiento de los mercados para mejorar la resiliencia de las economías y para que se logren unas asignaciones eficientes de los recursos que dinamicen la acumulación de los factores productivos y aumenten la productividad.

De manera simultánea, es preciso reducir la inequidad y aliviar los efectos adversos de la globalización para cerrarle el espacio al ascenso del populismo, el proteccionismo, el nacionalismo y el racismo.

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