| 4/3/2013 6:00:00 PM

Los ricos que odian al Kremlin

El coletazo de la crisis de Chipre puso en evidencia la incapacidad del gobierno de Vladimir Putin para retener a los millonarios rusos y garantizar la estabilidad jurídica.

Tres periodos en el poder no le han permitido a Vladimir Putin, el hombre fuerte de Rusia, reducir la corrupción, garantizar la seguridad jurídica a sus empresarios, eliminar las trabas burocráticas, acabar con los negocios oscuros y, sobre todo, transformar su vetusto sistema financiero.

La fuerte presencia de millonarios rusos en Chipre, uno de los 27 integrantes de la Unión Europea (UE), lo confirma, El Banco Central de Rusia calcula en US$49.000 millones la fuga de capitales en 2012, y la consultora Global Financial Integrity cree que entre 1994 y 2011 esta cifra pudo llegar a US$200.000 millones. Muchos huyen por la falta de seguridad jurídica y otros para blanquear sus capitales en paraísos fiscales.

Nombres como el de Alexander Lebedev, dueño de varios medios de comunicación, Mijail Jodorkovski, magnate de la energía, e incluso Roman Abramovich, dueño de pozos petroleros y mayor accionista del equipo inglés Chelsea, se escuchan entre los posibles millonarios rusos afectados por la debacle de Chipre.

Pero no solo los inversionistas privados han sacado sus capitales de Rusia. También firmas estatales rusas en busca de mayor flexibilidad bancaria, pues su sistema financiero no está adaptado a la economía de mercado.

Ahora, estas fortunas están amenazadas por las duras condiciones impuestas por la UE al pequeño socio en crisis, a cambio de una transformación de su sistema financiero, un impuesto de entre 30% y 40% a los depósitos bancarios superiores a los 100.000 euros y mayor transparencia. En otras palabras, Chipre dejará de ser un paraíso fiscal y muchos clientes perderán sus fortunas.

El impacto de estas medidas aplica para buena parte de los 68.000 millones de euros depositados en los dos mayores bancos de Chipre, de los cuales 55% corresponde a cuentas con saldos superiores a los 100.000 euros –incluso, 42% son cuentas con más de 500.000 euros–.

Según la agencia Moody’s, por lo menos 30.000 millones de euros son de sociedades o personas naturales de Rusia. Serguéi Afontsev, jefe del departamento de economía del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales (Imemo), le dijo al periódico El País de España que el mayor efecto lo sentirán las estatales rusas pues “las empresas privadas fueron más rápidas que las públicas, que por ser más burocráticas han reaccionado con más lentitud”.

Vladimir Putin ha anunciado que no ayudará a los rusos que pierdan recursos en Chipre, pero no se descartan ‘salvavidas’ para las empresas estatales que caigan. Y, en lo que muchos consideran un anuncio populista, Putin tiene andando en el Parlamento una ley para prohibir que funcionarios públicos o sus familiares cercanos tengan cuentas bancarias o acciones en el extranjero.

Aunque el descalabro que sufrirán las fortunas rusas por el salvamento de Chipre todavía es una incógnita, queda en evidencia que la modernización rusa y la lucha contra la corrupción todavía son asignaturas pendientes para el gobierno.

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