| 5/24/2018 12:01:00 AM

Cómo quebró un casino a Donald Trump

Su deseo por construir el más grande casino de Estados Unidos lo dejó sin con qué pagar las deudas. Así fue.

Donald Trump, actual presidente de Estados Unidos, además de ser muy polémico ha tenido que enfrentar las duras y las maduras en su historia personal y empresarial. Así lo deja en evidencia el nuevo documental de Netflix: Trump, an american dream, que cuenta los pormenores de uno de los episodios más críticos de la vida de este empresario y ahora Jefe de Estado: su quiebra a finales de los años 80 y comienzos de los 90, cuando le tocó negociar una abultada deuda que, según la Revista Forbes, ascendía a más de US$3.500 millones.

La historia es toda una novela de negocios y muestra la manera en que Trump enfrenta los desafíos del mundo empresarial.

Para comenzar, es necesario devolverse a los inicios del magnate en el negocio inmobiliario. Fred, su padre, había logrado amasar una fortuna con la construcción de viviendas para los pobres de Nueva York. En 1980, Donald toma el control de los proyectos en Manhattan y ahí empezó su carrera de ascensos y descensos vertiginosos.

Entonces, Nueva York enfrentaba enormes desafíos de seguridad e infraestructura. El encargado de sacar a la ciudad adelante fue el legendario Edward Koch, que dirigió los destinos de la capital del mundo entre 1977 y 1989, cuando esta megalópolis dio un giro radical en su nivel de vida. Koch y sus antecesores se valieron de los beneficios fiscales para grandes empresarios con el objetivo de promover el desarrollo urbanístico en la Gran Manzana. Trump vio en ello una oportunidad y decidió poner en marcha un proyecto descomunal: la remodelación del tradicional Hotel Commodore en pleno centro de Manhattan, que luego de reinaugurado pasaría a llamarse el Grand Hyatt.

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El plan fue un éxito, aunque no estuvo exento de polémica: se consideraba que los beneficios fiscales eran un privilegio exclusivo para los ricos en una ciudad en la que la indigencia, la inseguridad y el hambre eran la historia cotidiana para la mayor parte de la población.

El tema fue duramente debatido en el Concejo de la ciudad y, a pesar de la controversia, Donald Trump pidió otra millonaria exención de impuestos para su nuevo proyecto. Se trataba de un rascacielos en un lote ubicado en una de las mejores esquinas de la ciudad y apenas a una cuadra del Central Park, en la Quinta Avenida con 56. Trump quería construir allí la primera torre que llevaría su apellido. Obviamente, para sacar adelante ese proyecto eran fundamentales los beneficios fiscales de que había disfrutado en su anterior proyecto.

El alcalde Koch se negó de manera enfática a esa petición y el tema degeneró en una demanda del empresario contra la ciudad. La sorpresa fue mayor cuando la justicia norteamericana le dio la razón a Trump y ordenó a la ciudad aplicarle una nueva reducción de impuestos por US$74 millones: los primeros ladrillos del impero Trump tenían el sello de las rebajas impositivas.

La Torre Trump fue inaugurada en 1983 y puso al hoy presidente de los Estados Unidos en el radar, no solo de los interesados en los asuntos empresariales y de inversión, sino de toda la farándula neoyorquina. Precisamente, en una entrevista que le hicieron tras obtener las gabelas tributarias, le preguntaron su secreto para conseguir las exenciones y su respuesta fue que había cometido el error de no pedir más.

Esta coyuntura aumentó su mala fama. El propio alcalde Koch, que falleció en 2013, escribió en un ensayo: "Trump es una de las personas menos agradables que he conocido durante los 12 años que he servido como alcalde". La cita está incluida en un artículo del diario inglés Independent sobre la conflictiva relación entre el empresario y el administrador de la ciudad. La declaración de Koch también incluía la siguiente idea: "Es incomprensible para mí que para algunas personas sea un héroe popular".

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Se refería Koch a que, hacia mediados de los 80, Trump era ya un ícono de la cultura popular que había logrado transformar la cara a Nueva York y que además tenía éxito en todos los proyectos que se proponía. Para Koch, esa imagen ocultaba el lado oscuro de Trump como un empresario que era capaz de hacer cualquier cosa para lograr sus objetivos. En eso de hacer realidad sus ambiciones, Trump aplicaba la estrategia de no detenerse ante nada.

Este episodio se cierra con una anécdota: luego de haber ganado el pleito contra la ciudad, el multimillonario anunció que quería construir otro rascacielos en la capital del mundo y para ello necesitaba de otra rebaja de impuestos por US$1.000 millones. Obviamente, el alcalde Koch negó esta solicitud y Trump desistió de su plan, según dijo, hasta que llegara una nueva administración más amigable con la inversión.

La gran apuesta

A mediados de la década de los 80, Donald Trump estaba convencido de que el éxito se había puesto de su parte de manera irrevocable: había logrado sacar adelante dos megaproyectos urbanísticos en Nueva York y eso lo llenaba de optimismo acerca de sus futuras obras.

Como no pudo seguir construyendo en la Gran Manzana, se decidió por otra ciudad y otro negocio, aunque también asociado al sector inmobiliario. Buscó expandirse en Atlantic City, una ciudad al sur de Nueva York, en el estado de Nueva Jersey, donde florecían los casinos.

Allí llegó, primero con el Trump Plaza, un gran centro de apuestas y juegos de azar que inauguró en mayo de 1984. Luego construyó el Trump Castle. Ambos proyectos se convirtieron en un éxito y esto hizo que Trump tuviera a su disposición un enorme flujo de caja no solo de las utilidades de sus propios proyectos, sino de toda la banca estadounidense: con ello compró una aerolínea, un yate, un equipo de fútbol y su aún hoy famosa propiedad Mar-a-lago en Florida.

En marzo de 1988 pagó US$408 millones por el Plaza Hotel de Nueva York y estuvo considerando su primera postulación a la presidencia de Estados Unidos, posibilidad que no se concretó.

Llegan los problemas

En abril de ese año se metió en otro de sus grandes proyectos, la construcción de su tercer casino en Atlantic City, que exigía de una inversión total de US$1.000 millones. Se trataba del Taj Mahal, que es tal vez uno de los más exuberantes y costosos de sus proyectos.

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Los excesos de apalancamiento por cuenta de todas las adquisiciones que el magnate había hecho pusieron a todo el sector financiero en alerta. Ninguna entidad financiera le prestó lo suficiente para sacar al Taj Mahal adelante. En ese momento se le ocurrió acudir al mercado de capitales, por la vía de una emisión de bonos.

Consiguió el dinero, pero a un costo elevado: recogió US$675 millones, a una tasa anual de 14%. A esto se le sumó la gran crisis económica de 1989, cuando la política monetaria y fiscal restringió la disponibilidad de efectivo y eso llevó a muchos sectores, pero principalmente al inmobiliario a una crisis sin antecedentes.

Las malas señales empezaron a aparecer entonces en su vida. El 10 de octubre de 1989, cuando estaba apenas a meses de inaugurar el nuevo casino, uno de sus hombres de confianza, Steven Hyde, fallece en el fatídico accidente de un helicóptero de la organización Trump.

Pero ya había muchas sospechas sobre los proyectos de Trump. Marvin Roffman, un analista de mercados financieros advirtió sobre los problemas financieros del empresario y su grupo. Trump presionó para que sacaran a Roffman de su cargo y lo logró. Mientras tanto, el Taj Mahal fue inaugurado en abril de 1990.

Todo indica que Roffman siempre tuvo la razón. Apenas un año después de inaugurado el exuberante casino, los problemas financieros de Trump se evidenciaron; primero, con la falta de pago a los proveedores e, inmediatamente, con problemas para responder por las obligaciones financieras que se especuló llegaron a cerca de US$3.500 millones en ese momento.

La Revista Forbes informó en una de sus ediciones que el magnate no tenía suficiente dinero para pagar los intereses de sus deudas. La única salida fue declarar al Taj Mahal en proceso de reestructuración empresarial, renegociar sus pasivos y vender varios de sus principales activos.

La aerolínea entró en problemas y el Plaza Hotel en Nueva York, un negocio en el que Trump no estuvo más de 5 años, fue vendido a un jeque árabe.
Obviamente, el magnate no se quedó sentado esperando que esos malos tiempos fueran el final de su historia. Apenas logró reestructurar sus negocios, en 1995, decidió emitir sus acciones en la Bolsa de Nueva York con las que recogió US$140 millones que le dieron un nuevo respiro en el mundo de los negocios. Pero esa es harina de otro costal.

Lo cierto es que hace casi dos décadas el hoy Presidente de Estados Unidos tuvo que morder el polvo al fracasar en un monumental proyecto que le llevó a la quiebra. Después se reinventó y además de inversiones en el sector inmobiliario se metió en el negocio de los medios con su programa The Aprentice, donde acuñó una de sus frases preferidas: ¡estás despedido!.

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