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| 5/10/2018 12:01:00 AM

¿Los mercados financieros del mundo encontrarán un piso?

Este año regresó la volatilidad a los mercados financieros, algunos de los cuales llevan a cabo pronunciadas correcciones. La pregunta es si se impondrá una fase bajista o encontrarán un piso a partir del cual reanudarán el alza.

Los inversionistas están inquietos por la manera como las tasas de interés de la deuda pública de los Estados Unidos podrían afectar el valor de otros activos. Esa preocupación llevó a muchos fondos de inversión a disminuir sus posiciones en activos riesgosos, con un efecto adverso sobre sus precios.

Vale la pena preguntarse entonces, ¿cuál será la tendencia del mercado de la deuda pública de ese país y qué repercusiones tendrá en los mercados financieros globales?

El precio de los bonos de la deuda pública está determinado por la oferta y la demanda. La oferta depende de las necesidades de financiación del Gobierno, mientras que la demanda está influenciada por las perspectivas de crecimiento de la economía y del desempeño de las finanzas públicas, la solvencia del Estado, la inflación y las expectativas inflacionarias.

En la coyuntura actual la economía de los Estados Unidos está en una fase de expansión, que la aproxima al pleno empleo. En estas circunstancias el aumento de la demanda agregada genera presiones inflacionarias. Por esta causa, la Reserva Federal (FED) está en un proceso de normalización de su postura, que la llevará a alcanzar una tasa de interés neutral y a replegar su balance a unas dimensiones apropiadas solo para implementar la política monetaria.

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Por ello los inversionistas esperan que la FED eleve su meta para la tasa de interés sobre los fondos desde la actual, entre 1,50% y 1,75%, hasta 2,9% en 2019. Incluso algunos piensan que podría haber cuatro incrementos de 25 puntos básicos este año, en lugar de tres.

Las presiones inflacionarias, los incrementos en la meta para la tasa de interés de los fondos federales y el repliegue del balance generan una ralentización de la demanda por la deuda pública de los Estados Unidos.

Los inversionistas exigen unas tasas de interés más elevadas como compensación por el mayor riesgo que entraña invertir en ellos. Su valor podría disminuir por causa de la inflación o por las perspectivas de desmejora de la solvencia del Estado durante la próxima década, como resultado de las rebajas de impuestos y la expansión del gasto implementados por la administración del presidente Donald Trump.

Por estas razones las tasas de interés de la deuda pública de los Estados Unidos se han incrementado, de modo tal que en el caso del bono a diez años bordean ya 3%, su mayor valor en 4 años. Algunos analistas prevén que esta tendencia llevará esa tasa a entre 4% y 5% al finalizar el año y que en el largo plazo su tasa real debe mantenerse entre 2% y 3%.

En consecuencia, en el mediano plazo la curva de rendimientos volvería a empinarse, en lugar de invertirse, desde su aplanamiento actual. Eso no ha ocurrido todavía porque hasta el momento el grueso del saldo de esos bonos está en manos de la FED y de otros bancos centrales extranjeros, que conservan en ellos una buena parte de sus reservas internacionales. Estas tenencias de los bancos centrales de la deuda pública de los Estados Unidos son inelásticas a sus precios. Sin embargo, las compras netas de la FED y los inversionistas extranjeros, incluidos los bancos centrales foráneos, del total de nuevas emisiones de deuda del Tesoro de los Estados Unidos, disminuyeron de un promedio de 80% entre 2010 y 2015, a apenas 17,6% durante 2017. Además, las compras netas de inversionistas extranjeros se redujeron en el primer trimestre de este año.

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La ralentización de la demanda de los inversionistas extranjeros por la deuda pública de los Estados Unidos debe acentuarse en el futuro, porque la normalización de la postura monetaria de la FED debe disminuir la liquidez y el apetito por el riesgo en los mercados internacionales.

En tal caso, los flujos de capital hacia las economías emergentes deben moderarse y con ellos la apreciación de sus divisas. Por tanto, sus bancos centrales no tendrán que comprar moneda extranjera, acumular reservas internacionales y demandar deuda pública de los Estados Unidos, en la misma medida que cuando la postura de la FED fue estimulante.

En estas condiciones, los activos y las monedas de las economías emergentes tenderán a desvalorizarse, sobre todo en aquellas que tengan grandes desbalances macroeconómicos y en las cuales la credibilidad de las políticas fiscal y monetaria sea puesta en duda por los inversionistas. En ese evento los bancos centrales de esas economías tendrán más bien que vender divisas extranjeras, desacumular reservas e incrementar sus tasas de interés para prevenir las fugas de capital.

La tendencia alcista de las tasas de los bonos de la deuda pública de los Estados Unidos podría afectar el valor de las acciones a través de la reducción de los márgenes de ganancia de las empresas. Como esas tasas son la principal referencia para las de los bonos de la deuda corporativa, aquellas firmas acostumbradas a operar con apalancamientos elevados corren el riesgo de que sus utilidades desmejoren en el mediano plazo, al aumentar sus costos financieros.

Por eso la normalización de la postura monetaria en los Estados Unidos genera temor en los inversionistas sobre los activos riesgosos. Con esa inquietud reaccionan con vehemencia ante el mayor riesgo geopolítico, las amenazas de una guerra comercial o el peligro de que la FED acelere el tránsito a la normalidad monetaria.

Como efecto de ello, la volatilidad regresó con fuerza este año a los mercados financieros. Por tal incertidumbre los índices de las bolsas de Estados Unidos no han vuelto a los máximos históricos de comienzo del año, a pesar de los buenos resultados de las empresas, sino que permanecen en una prolongada corrección.

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El optimismo de los inversionistas se mantiene, pero disminuye de una manera progresiva. Cuando eso ocurre sin un deterioro de los fundamentales que determinan la rentabilidad de las acciones, acontece con frecuencia que el mercado busca un piso para estabilizar la corrección de sus índices, a partir del cual repunta luego.

Por tanto, es probable que la normalización monetaria y las perspectivas de la inflación, las finanzas del Estado y el crecimiento en los Estados Unidos, conduzcan en el mediano plazo a una desvalorización de su deuda pública, un empinamiento de la curva de rendimientos, un repunte de las acciones y una depreciación de los activos emergentes.

EDICIÓN 562

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