| 3/7/2019 12:01:00 AM

Se acerca el fin de la guerra comercial

Todo parece indicar que se acerca el fin de la disputa comercial entre Estados Unidos y China, que tenía al mundo en vilo. Menor crecimiento, principal consecuencia.

Hace ocho meses comenzó una disputa comercial entre Washington y Beijing que solo ha dejado pérdidas en ambos bandos, así como en terceros países que quedaron en medio del fuego cruzado.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, promovió este conflicto para supuestamente corregir las prácticas industriales y comerciales de China, así como para recuperar el poderío económico de su país. Trump ha declarado en repetidas ocasiones que él va ganando sus batallas comerciales, pero varios estudios demuestran que no es cierto. Los principales paganinis han sido los consumidores estadounidenses, que han tenido que pagar más por los bienes que habitualmente compran en su país con componentes chinos. Así mismo, las autoridades del gigante oriental ya tuvieron que anunciar un cambio en sus metas de crecimiento económico, debido a los impactos de largo plazo de la guerra comercial.

Estos impactos salen a la luz justo en momentos en que el mundo espera los frutos de unas negociaciones que emisarios de ambas partes comenzaron en enero para buscar el fin del conflicto. Según medios estadounidenses como The New York Times y el Wall Street Journal, es factible que lleguen pronto a un acuerdo e incluso que el 27 de marzo se reúnan Trump y su homólogo chino, Xi Jinping. La idea sería levantar las barreras impuestas de lado y lado, para que los chinos compren más bienes agrícolas y energéticos de Estados Unidos y que estos reduzcan los aranceles al menos a US$200.000 millones de los US$250.0000 millones que impusieron a las importaciones chinas.

Algunos expertos como Randall Kroszner, profesor de economía de la Universidad de Chicago y exgobernador de la Reserva Federal, consideran que este acuerdo no solucionará ninguna de las demandas que dieron origen al conflicto. Por el contrario, piensan que, como todas las guerras, esta tampoco tuvo sentido.

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“Que termine es una buena noticia para el crecimiento de cada país y del mundo, pero no es suficiente. Una de las reclamaciones de Estados Unidos frente a China tenía que ver con los temas de propiedad intelectual, los mecanismos de cumplimiento de la Ley y el sistema judicial chino. Esos temas no se resuelven y van a seguir siendo motivo de conflicto”, le dijo Kroszner a Bloomberg.

No está claro si en el acuerdo que logre la administración de Trump acepte eliminar todos los aranceles o si mantiene algunos para presionar a China en caso de que no cumpla. La molestia del Tío Sam con su contraparte asiática tiene que ver principalmente con su forma de hacer negocios. Señala que China practica el ciber-robo de propiedad industrial y ejerce una especie de discriminación contra las compañías extranjeras.

Las víctimas

Mientras ambas potencias llegan a un acuerdo, reputados economistas publicaron investigaciones según las cuales los aranceles que Trump impuso a China son el experimento comercial más costoso visto desde 1930. En ese entonces el congreso aprobó la Ley Hawley-Smoot, que elevó unilateralmente los aranceles estadounidenses a los productos importados para intentar mitigar los efectos de la Gran Depresión de 1929. Pero en realidad empeoró la situación.

Los expertos del Banco de la Reserva Federal, la Universidad de Princeton y la Universidad de Columbia también encontraron que los mayores aranceles impuestos por Trump a artículos tan diversos como lavadoras y acero costaron inicialmente a empresas y consumidores US$3.000 millones al mes. A esto se le suma US$1.400 millones para las empresas en pérdidas irrecuperables de eficiencia, que se producen cuando hay factores que distorsionan el libre mercado, como un control de precios, impuestos o subsidios.

Esta situación también estaba desviando US$165.000 millones al año en el comercio, lo que generó costos significativos para las compañías que debían reorganizar sus cadenas de suministro. Los estudios encontraron igualmente que el lado estadounidense, y no el chino, como ha dicho Trump varias veces, estaba pagando casi todos los costos de las tarifas.

Los economistas también tratan de cuantificar la cantidad de inversión que quedó en suspenso como resultado de la mayor incertidumbre causada por las guerras comerciales.

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Así mismo, expertos de UCLA, la Universidad de California, Berkeley y Columbia sostienen que, si se tienen en cuenta las represalias tomadas por los países afectados por el conflicto comercial, queda en evidencia que pagaron los platos rotos los agricultores y obreros de estados que apoyaron a Trump en las elecciones de 2016. Esto se debe a que las retaliaciones afectaron desproporcionadamente a los sectores agrícolas, al tiempo que el alza de los aranceles estadounidenses aumentó los costos de los insumos utilizados por dichos estados.

También se espera que los datos oficiales de comercio exterior, aún no divulgados al cierre de esta edición, muestren que el déficit comercial estadounidense alcanzó un nuevo récord en 2018. Esto se debería a la combinación de un aumento en las importaciones para adelantarse a nuevos aranceles y a una desaceleración de las exportaciones.

A paso más lento

Al tiempo que se conocen los efectos negativos en Estados Unidos, el gobierno central de China anunció que reducirá la meta de crecimiento del país, de un objetivo fijo de 6,5% anual, a un rango de entre 6% y 6,5%.

Para los expertos esto señala que la segunda mayor economía del mundo vive una gran desaceleración, producto en parte de la guerra comercial que afectó la producción y las operaciones comerciales de algunas compañías, así como las expectativas del mercado.

Admitir un crecimiento más débil por causa de la presión externa no es habitual en Beijing. Pero también evidencia la gravedad de la situación en una economía con vientos en contra por la guerra comercial y con importantes problemas internos.

Las empresas chinas tienen un nivel de endeudamiento muy alto y una cantidad significativa de ellas enfocadas en el mercado doméstico podrían terminar por incumplir sus pagos. El nuevo rango de crecimiento chino estaría ligeramente por debajo del 6,6% obtenido el año pasado y sería el menor en 30 años, pero aún estaría entre los desempeños económicos más altos del mundo.

Por el bien del planeta, la guerra comercial deberá llegar a un final. Pero los ‘combatientes’ no parecen muy convencidos de deponer sus armas.

En defensa de lo multilateral

Las disputas comerciales iniciadas por Washington no solo han llevado a alzas de aranceles, también a la renegociación de tratados comerciales bilaterales. Estos a su vez ponen en entredicho aquellos pactos entre varios países (multilaterales), así como la labor de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ante esta situación, 33 profesionales latinoamericanos vinculados al comercio internacional –como el exministro Hernando José Gómez– se unieron para defender el multilateralismo y a la OMC, con el nombre de Grupo de Punta del Este.

Piensan que existe un serio riesgo de parálisis de la OMC en su labor por solucionar diferencias entre países miembros, así como en su función normativa y administrativa, lo que suele afectar a los países más débiles. Proponen primero promover los entendimientos entre China y Estados Unidos para que ayuden a preservar el sistema multilateral. Segundo, reafirmar el sistema de arbitraje de la OMC sobre la base de que sus fallos no pueden aumentar o disminuir los derechos consagrados en acuerdos pactados por los estados miembros. Y tercero, demostrar que los afiliados a la OMC sí pueden llegar a acuerdos.

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