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| 7/19/2018 12:01:00 AM

Brexit: ¿salida blanda o dura?

El Reino Unido se debate entre conservar o no unos estrechos vínculos económicos con la Unión Europea.

Dos ministros del gabinete de la primera ministra inglesa Theresa May renunciaron hace pocos días, en desacuerdo con el borrador del plan propuesto por el gobierno del Reino Unido para negociar con las autoridades de la Unión Europea (UE) los términos de su salida de esa asociación de países.

El borrador esbozó lo que se conoce como una salida suave, por medio de un acuerdo de asociación por el estilo del que tiene Ucrania con la UE, que preservaría unos lazos económicos estrechos entre ambos bloques. En esos términos, cesaría el libre movimiento de personas entre ambos territorios bajo las leyes europeas, pero el gobierno británico propondría un marco especial de movilidad para trabajadores, estudiantes y turistas que reproduciría algunas de ellas.

Al mismo tiempo, se mantendría el comercio de bienes sin restricciones bajo las normas europeas, en un área de libre comercio con la jurisdicción de las cortes británicas, pero la jurisprudencia de la Corte Europea de Justicia.

Se establecería además un acuerdo de facilitación aduanera, en el cual las autoridades británicas podrían controlar sus aranceles e implementar una política comercial independiente, pero recaudarían los impuestos de la mercancía en tránsito hacia el mercado único europeo, como si continuaran en la unión aduanera. El comercio de servicios, sin embargo, se sustraería de la reglamentación de la UE.

El gobierno británico propone, por tanto, mantener la libertad en el comercio de bienes, pero limitarla en el de servicios, flujos de capital e inmigración.

El borrador propone también mantener abierta la frontera entre Irlanda del Norte, miembro del Reino Unido, e Irlanda, que pertenece a la UE. Eso significaría preservar la libre movilidad de bienes, servicios y personas entre ambos países. En el caso de la movilidad irrestricta de personas, sería conservar un canal de inmigración sin restricciones entre la UE e Inglaterra.

No hay seguridad de que la propuesta del gobierno británico sea aceptada por la UE, cuyas autoridades consideran que la libertad en los cuatro flujos es indivisible. Pero May quiere que ese sea el punto de partida de la negociación del acuerdo de salida, que en su opinión se podrá firmar en el otoño.

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Aunque conveniente para el Reino Unido, un acuerdo como el propuesto por el gobierno no satisface a los conservadores más radicales partidarios de la salida, porque no le permitiría negociar con entera libertad acuerdos comerciales, ni retomar el control total sobre la inmigración o sustraerse del todo de la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia. Quizá tampoco le permita dejar de hacer contribuciones al presupuesto de la UE.

Por estas razones abandonaron el gabinete el ministro encargado de las negociaciones, David Davis, y el de relaciones exteriores, Boris Johnson, ambos conservadores, que quieren un acuerdo de salida más radical. Con la renuncia de estos ministros, el gobierno de May quedó tambaleante por la falta de consenso sobre el tipo de acuerdo de salida que pretende negociar: uno blando, como propone la Primera Ministra, u otro duro, como quieren los conservadores antieuropeos.

Una gran dificultad para acordar una salida dura consiste en cerrar la frontera entre las dos Irlandas para retomar el control total sobre la inmigración, porque iría en contravía del espíritu del acuerdo de paz.

Otro problema por solucionar es cómo podría el Reino unido negociar tratados comerciales de una manera independiente, al ser miembro de una unión aduanera.

Es probable que con el plan de salida blanda la Primera Ministra consiga el apoyo de los parlamentarios enemigos del abandono. Sin embargo, le resta respaldo de los miembros antieuropeos del partido conservador. Ella podría buscar entonces el respaldo del partido laborista, pero podría no obtenerlo porque su líder, Jeremy Corbyn, quiere una salida más blanda que la que propone May.

En el caso de que May no consiguiera el respaldo laborista, de modo que los parlamentarios conservadores antieuropeos lograran la desaprobación del tratado final en el parlamento, el Reino Unido quedaría abocado a abandonar la UE sin él en marzo de 2019. En esa eventualidad, la Primera Ministra tendría que renunciar y quizá habría unas elecciones anticipadas, en las cuales podría triunfar el partido laborista.

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La negociación que se avecina entre los dos bloques de países no luce fácil, ni parece que el Reino Unido tenga la mayor fuerza para imponer sus términos a la UE, como prometieron los políticos que hicieron campaña por la salida en el referendo.

Tampoco va encaminada a lograr que los británicos puedan negociar de manera independiente tratados de libre comercio, ni que obtengan total control sobre la inmigración o que ahorren grandes cantidades de fondos en los aportes al presupuesto de la UE, como aseguraron los partidarios de la salida. De tal manera, no dejará satisfechos a quienes votaron por el abandono ni a los que los convencieron de hacerlo.

Una incertidumbre prolongada sobre los términos de la salida tendería a ensombrecer las perspectivas económicas británicas, a dificultar el estrechamiento de la postura monetaria del Banco de Inglaterra y a debilitar la libra. En contraste, la posibilidad de preservar unos vínculos estrechos entre los dos bloques mejoraría las perspectivas, facilitaría el endurecimiento de la política monetaria y fortalecería esa divisa.

La eventualidad de una elección anticipada, por la alta probabilidad de que la gane el partido laborista, que es partidario de una salida suave, tendría unos efectos similares. Pero una salida sin acuerdo sería un mal resultado, porque podría generar una crisis de confianza entre consumidores e inversionistas ingleses, lo cual podría conducirlos a una recesión.

Hasta el momento, la salida suave parece implicar que el Reino Unido continuará obedeciendo una gran cantidad de las normas europeas, pero sin tener injerencia en su diseño.

Salida blanda

1 Comercio de bienes. El Reino Unido propondrá a la Unión Europea mantener un área de libre comercio y continuar como miembro de la unión aduanera para evitar fricciones en la frontera.

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2 Comercio de servicios. El Reino Unido planteará tener una autonomía regulatoria, a costa de un acceso menos amplio al mercado de servicios de la Unión Europea del que tiene en la actualidad.

3 Inmigración. El Reino Unido ofrecerá que los ciudadanos de la Unión Europea que quieran entrar a su territorio, en viajes de turismo o de negocios, lo hagan sin necesidad de obtener una visa.

4 Irlanda. El Reino Unido quiere mantener la libertad en el flujo de bienes, servicios, capital y personas entre Irlanda del Norte e Irlanda, para no ir en contra del espíritu del acuerdo de paz. Sin embargo, pretende mantener la unidad regulatoria entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

EDICIÓN 562

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