| 4/12/2018 12:01:00 AM

Donald Trump y Colombia: ¿una agenda unilateral?

El presidente Trump está dando la pelea en muchos frentes: comercio internacional, Siria y el reacomodo del nuevo orden mundial. ¿Qué tan estratégica es Colombia para Estados Unidos?

Donald Trump es realmente un outsider. Su actitud podría ser catalogada cuando menos como poco convencional, y eso, según los analistas internacionales, lo está dejando solo en la compleja e intrincada telaraña de poder de Washington.

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Claro que él no se ayuda mucho. Los escándalos por sus amoríos con actrices porno o por el papel que habría podido jugar el Kremlin en las elecciones presidenciales pasadas son apenas algunos de los temas que los medios han puesto en la agenda durante los 16 meses que lleva esta administración.

Ahora se le suma la posibilidad de una confrontación multilateral por cuenta de la guerra en Siria, que el primer mandatario ha asumido como una pelea personal: por esa razón canceló su presencia en la Cumbre de las Américas y su visita a Colombia. Lo que decida Trump respecto del conflicto sirio va a tener graves consecuencias.

Trump tiene muchos frentes de batalla: por un lado está concentrado en llevar a Estados Unidos a ser el único eje de poder mundial y, por el otro, quiere sacar adelante su programa de gobierno, fundamentado en promesas polémicas que ya está implementando. Por ejemplo, anunció un paquete de medidas para “proteger” las industrias estadounidenses. Eso ha puesto al mundo ad portas de una guerra comercial.

Pero su lucha por mejorar las condiciones de comercio para su país incluye también revisar los tratados de libre comercio (TLC). El primero de ellos, el que tiene con Canadá y México (Nafta). Eso ha puesto con los pelos de punta a empresarios y gobiernos. Trump también decidió retirar a su país del proceso del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), que busca promover la integración entre Asia y América.

Pero las medidas de Trump no solo están asociadas al comercio. Ha hecho todos los esfuerzos para avanzar en la meta de construir un muro en la frontera con México; acaba de anunciar que enviará hasta 4.000 militares para vigilar esa frontera, mientras que avanzan las obras de ingeniería.

De Trump se puede decir todo, menos que no cumple sus promesas. “Él ha sido muy consecuente con su campaña. Se salió del TPP y está renegociando el Nafta. Dijo: voy a proteger las industrias estratégicas para Estados Unidos como el acero y el aluminio y ya lo hizo. Tiene varias obsesiones; una, que Estados Unidos sea un sitio rentable para hacer negocios que había dejado de serlo por su estructura fiscal, que era muy por encima de sus socios de la Ocde”, dijo Martín Gustavo Ibarra, socio de Araujo Ibarra & Asociados.

Lo otro, que no se puede decir de él es que sea una persona predecible: por eso, hay mucha incertidumbre sobre cuál es el estado de las relaciones bilaterales con Colombia.

De otra parte, las tensiones diplomáticas en la región son muchas, especialmente por la crisis de Venezuela. Había expectativas entre algunos expertos, porque Trump se hubiera pronunciado sobre ese tema durante su frustrada visita a la región. Pero, sin duda, la situación con el vecino país es un tema que preocupa, no solo desde lo político, sino también en el campo económico, social y migratorio.

Foto: María Ángela Holguín, Canciller de Colombia, Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela.

Para entender lo que está en juego en esta agenda bilateral, es necesario desglosar, punto por punto, el listado de temas en el que ni la droga es el único ítem ni la seguridad nacional lo más complejo.

Claramente el narcotráfico va a permanecer en la agenda, mientras este siga siendo un gran negocio para productores y comercializadores. Sin embargo, y a pesar del evidente incremento de los cultivos ilícitos en Colombia, un analista que pidió no ser citado, señaló que ese realmente no es un tema sobre el que se vaya a resolver algo de fondo en los próximos meses.

La razón es simple: los dos países acaban de firmar un plan de acción a cinco años en este frente. Así que, a pesar del descontento del Gobierno norteamericano y sus posiciones radicales, y la presión de la oposición en Colombia, probablemente no habrá asuntos de fondo sobre la política antidrogas en los próximos meses. Lo único que transformaría este panorama sería una decisión impulsiva del presidente Trump, que por lo visto no se puede descartar del todo.

Otro asunto que ha mantenido preocupados a muchos empresarios y gremios es la eventual renegociación del TLC entre ambos países, pues esa ha sido una de las estrategias de Trump desde que llegó al poder: buscar mejorar las condiciones de negociación con sus pares comerciales, lo que cabe esperar, porque ya existe el antecedente del Nafta. Tanto para la presidente de la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham), María Claudia Lacouture, como para el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, esa posibilidad es remota, en primera instancia porque la balanza comercial entre ambos países es favorable a Estados Unidos (ver recuadro) y, en segunda instancia, porque hasta el momento el presidente Trump no se ha pronunciado sobre el caso particular de este acuerdo –aquí también cabría esperar un arrebato–.

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Según Mac Master, “haciendo un análisis de lo que ha pasado en estos años de TLC, no habría razón para renegociar, pues hasta ahora el tratado ha sido favorable para Estados Unidos. En 2017, por ejemplo, la balanza fue superavitaria a favor de ellos en US$1.000 millones. Y para Colombia debe seguir representando una oportunidad para llegar con más productos a ese mercado. Este debe seguir siendo un instrumento que favorezca las dos economías”.

El presidente de la Asociación Nacional de Exportadores (Analdex), Javier Díaz, igualmente cree que el TLC no será revisado, aunque considera que el presidente Trump podría utilizarlo como una forma de presión.

“Colombia tiene un TLC firmado con Estados Unidos y este país ha adoptado unas políticas en materia arancelaria que han afectado el acuerdo y uno por lo menos pediría que se respete lo firmado y, por lo tanto, que Colombia quede excluido de este tipo de medidas, cosa que no sucedió con acero ni aluminio. Uno sabe que Trump es un negociante, no un negociador, y seguramente buscará sacar algo de provecho por cumplir lo que tiene que cumplir”, aseguró.

Es la Economía...

Si el Presidente Trump no saca de la manga ningún anuncio extraordinario, las cosas de la agenda bilateral van a seguir siendo temas muy puntuales.

Desde el punto de vista económico, es claro que la entrada de Colombia a la Ocde va a ser central en los próximos meses, pues uno de los temas pendientes por aprobar en esta organización es el comercial y, dentro de él, la chatarrización de camiones. Este ha quedado prácticamente como un punto de honor para los Estados Unidos, que quiere impulsar su industria ensambladora y por eso busca que Colombia garantice un mecanismo libre de modernización de la flota de transporte, sin interferencias regulatorias como la de la chatarrización.

Como están las cosas hoy, el ingreso de Colombia a la Ocde está en manos de Trump, ya que Estados Unidos tiene prácticamente una cuarta parte de los votos de esa entidad.

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El gobierno Santos quiere despejar cualquier duda al respecto, pues la administración Trump solo estará tranquila si ve que el mercado de camiones en el país se va a liberalizar. Eso es lo que realmente garantiza el apoyo definitivo estadounidense para el ingreso de Colombia a la Ocde.

El tema es más sensible, si se tiene en cuenta que la mesa comercial es prácticamente la última que falta por ser aprobada. Hace un par de semanas Colombia logró la aprobación del comité laboral, que se consideraba como uno de los más duros.

Foto: Juan Manuel Santos, presidente de Colombia.

Si una de las más importantes estrategias de la administración Santos –meter al país en la Ocde– está en juego por un tema específico, lo que es natural es que el Gobierno haga todo para que Trump quede tranquilo con Colombia en este aspecto. La meta es cerrar cualquier margen de duda sobre el compromiso de la administración Santos. Eso implica garantizar que la administración que llegue a la Casa de Nariño en agosto próximo no tendrá cómo revivir el polémico procedimiento de la chatarrización. Habrá que ver como lo logra el actual gobierno.

Los aranceles

Otro tema clave es el de aranceles, que por ahora está relacionado con el acero y el aluminio. Según comentó la directora de la Amcham, María Claudia Lacouture, el Gobierno ha venido trabajando con la administración Trump y existe la posibilidad de que se establezca un cupo de exportaciones colombianas hacia Estados Unidos con arancel cero en estos productos.

El tema no es clave para la potencia norteamericana, pues Colombia representa apenas 0,5% de sus importaciones en estas partidas de aranceles.

Así que este es un asunto prioritario solo para nosotros. Un grupo importante de empresas colombianas les venden a los estadounidenses cerca de US$226 millones en acero y aluminio. El gobierno Santos está interesado en que las medidas de Trump no den al traste con estos empleos.

Otro asunto clave es el de propiedad intelectual. Un grupo de farmacéuticas norteamericanas ha manifestado su preocupación porque se establezcan licencias obligatorias en el mercado colombiano para ciertos productos. El tema también es central en el proceso de acceso a la Ocde.

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Para Ricardo Triana, director ejecutivo del Consejo de Empresas Americanas (CEA), algunas compañías norteamericanas están sintiendo amenazas en esta materia.

“Hay que garantizar certeza jurídica en Colombia y salir adelante con los temas de propiedad intelectual. Para las multinacionales su activo más importante es la investigación y el desarrollo. Si no se les da derecho de propiedad y se les vulnera lo que patenten, eso genera muchas dificultades”, explicó.

muy complejo

En las relaciones bilaterales también influye otro factor de mucha actualidad y que tiene que ver con la ayuda de Estados Unidos en la lucha contra la corrupción global y local.

Además de haber sido protagonista en el descubrimiento de actos fraudulentos en la Fifa y en los sobornos multinacionales de Odebrecht, la justicia del Tío Sam también ha jugado un papel determinante en los hallazgos relacionados con el llamado ‘cartel de la toga’ y ahora con el caso de alias Jesús Santrich.

El papel estadounidense en la batalla contra la corrupción va a ser indudablemente cada vez mayor. A eso hay que sumarle el impacto global de las recientes decisiones de política internacional de Trump.

Sin duda, sus medidas arancelarias, de implementarse, podrían mermar la actividad económica global, pues uno de sus pilares actuales está en el incremento del comercio, el cual estimula la inversión y la actividad industrial alrededor del mundo.

Todo indica que la estrategia de Trump es poner a sus oponentes contra las cuerdas para negociar mejores reglas del juego para sus empresas. Sin embargo, los otros países también tienen con qué defenderse. China, por ejemplo, ha respondido con la amenaza de imponer nuevas tarifas sobre las importaciones de soya y productos de la industria aeronáutica estadounidense y otros bienes producidos en Estados que son bastiones electorales del partido republicano. Se trata de una jugada inteligente del país asiático, pues los líderes republicanos advirtieron sobre el efecto negativo que ello podría tener en las elecciones parlamentarias de noviembre de este año. Sus decisiones podrían abrirle la puerta a una derrota legislativa a su partido. A Trump le están dando de su propia medicina.

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Si esto pasa de las amenazas a la acción, estará en juego todo. Estas ya no son épocas de autarquía, basta recordar que dos tercios del comercio mundial se llevan a cabo a través de cadenas de valor que cruzan por lo menos una frontera y con frecuencia varias de ellas en su proceso de producción.

En consecuencia, un producto chino de exportación contiene gran cantidad de valor agregado proveniente de otros países, sobre todo de los más próximos, como Japón, Corea y Taiwán, e incluso de otros más lejanos como los de la Unión Europea y Estados Unidos. Por tanto, encarecer su consumo en los Estados Unidos por medio de aranceles adicionales afectaría también las exportaciones que esos países hacen a China de insumos para sus ventas de bienes finales a ese país.

Foto: Martín Gustavo Ibarra, socio de Araujo Ibarra & Asociados, María Claudia Lacouture, presidente de la Amcham, Bruce Mac Master, presidente de la Andi.

Además, muchos de los bienes exportados por China son producidos por compañías multinacionales estadounidenses que tienen operaciones allí. De manera que establecer medidas proteccionistas en Estados Unidos en contra de esos bienes es como pegarse un tiro en el pie y en los de otros aliados, porque al reducir la demanda disminuirán los ingresos y las utilidades de esas firmas, que tarde o temprano repatriarían o distribuirían como dividendos a sus propietarios estadounidenses y de otros países amigos. En contraste, las empresas estatales chinas abastecen el mercado doméstico, de modo que resultarán poco afectadas por el proteccionismo de los Estados Unidos.

El otro gran interrogante sobre la estrategia de Trump es cuál será el resultado final de su estrategia fiscal. Si bien en los momentos actuales la economía norteamericana está sintiendo un impulso por cuenta de las menores cargas fiscales para las empresas, muchos interrogantes quedan en el ambiente, pues Estados Unidos es una economía que prácticamente cuenta con pleno empleo y por eso existe el riesgo de que los beneficios fiscales terminen reflejados en mayor inflación y, derivado de ello, en la necesidad de que la FED aumente sus tasas y termine desacelerando a uno de los principales motores de la economía mundial.

Todo esto ha hecho que la volatilidad de los mercados internacionales toque sus máximos históricos y que, por eso, los temores sigan creciendo.

La frustrada visita de Trump al país puso de nuevo sobre la mesa todos los interrogantes que siguen vigentes acerca de la agenda bilateral. Por la complejidad de los temas, es claro que está mucho en juego para Colombia: su acceso a la Ocde, consolidar las exportaciones y asegurar la recuperación. Ninguno de ellos es un tema menor.

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Balance en rojo

El comercio entre Colombia y Estados Unidos ha sido una constante histórica. En los años más recientes, los resultados de esta balanza han estado condicionados por la caída en los precios del crudo. Esto hizo que el flujo de comercio entre las dos naciones pasara de ser deficitario para Estados Unidos, a ser deficitario para Colombia.

Hasta 2013, nuestro país registró un superávit con la potencia norteamericana por US$2.780 millones. Dos vigencias atrás, 2011, Colombia había registrado un récord en superávit de US$8.991 millones, según el Dane.

Pero con la caída en los precios del crudo esta situación cambió, pues la canasta exportadora colombiana sigue dominada por los productos mineros y petroleros.Así las cosas, desde 2014 la balanza ha estado a favor de Estados Unidos. El récord fue ese año, cuando las ventas de Estados Unidos superaron a las colombianas en US$3.185 millones. En 2016 el déficit en contra de Colombia fue de US$1.082 millones y el año pasado de US$727 millones.

EDICIÓN 539

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