| 4/12/2018 12:01:00 AM

¿Por qué aumenta la volatilidad en los mercados financieros y qué consecuencias tiene eso?

La tranquilidad que predominó en los mercados financieros el año pasado parece haberse transformado en inquietud. ¿Cuáles son las causas y las consecuencias?

Después de un largo período de tranquilidad, los mercados financieros internacionales tuvieron un episodio de creciente incertidumbre a comienzos de febrero. En ese momento, el principal indicador del sentimiento de los inversionistas, el VIX, aumentó 116%, en lo que constituyó su máxima variación histórica diaria. El VIX mide la volatilidad implícita de las opciones del índice de acciones S&P 500 en el mercado de Chicago, para un periodo de 30 días.

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Como ocurre con una alta frecuencia (80%), el incremento del VIX en este evento de intranquilidad tuvo lugar al mismo tiempo que los índices de las acciones se desplomaron. El Dow Jones registró su caída diaria máxima histórica (1.175 puntos), mientras que el S&P 500 disminuyó 4,5%, con lo cual entró en una zona de corrección –que es aquella en la cual acumula un descenso mayor de 10% desde su último pico–.

Como en las épocas de incertidumbre los inversionistas temen una caída de los índices de las acciones, buscan cubrirse contra las pérdidas en que podrían incurrir por su desvalorización. Con ese fin demandan opciones put. Por este motivo el VIX aumenta. De manera contraria, cuando se disipan los temores, los inversionistas esperan que los precios de las acciones aumenten, por lo cual no demandan opciones. En consecuencia, el VIX disminuye. De este modo, el indicador se incrementa cuando lo hace la inquietud de los inversionistas y disminuye cuando esta cede.

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En el episodio de febrero la ansiedad de los inversionistas fue motivada por la sospecha de que estarían surgiendo presiones inflacionarias en Estados Unidos, que en su opinión conducirían a una aceleración del tránsito a la normalidad de la postura monetaria de la Reserva Federal (FED). Ello implicaría un incremento más rápido de la meta para la tasa de interés sobre los fondos federales y un repliegue más veloz de su balance –por medio de una menor reinversión del principal de los títulos redimidos–, que los previstos con anterioridad por los analistas y los operadores de los mercados financieros.

Una aceleración de la normalización significaría, en la práctica, un aumento del costo del crédito mayor que el esperado y una menor liquidez que la prevista, debido a una disminución más expedita de la base y de la oferta monetaria. También ocasionaría una elevación de las tasas de interés de los títulos de la deuda pública y privada de mediano y largo plazo en Estados Unidos, en el mercado secundario, en la medida en que las compras de la Fed disminuirían y el riesgo de su desvalorización por la inflación aumentaría, por lo cual los inversionistas exigirían una mayor compensación. Las mayores tasas de interés de la deuda de mediano y largo plazo mejorarían su rentabilidad frente a las acciones.

Foto: De izquierda a derecha: Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos, Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos y Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal.

Sin embargo, en los episodios recientes de alta volatilidad las tasas de interés de los bonos de deuda pública de largo plazo no han subido porque, a pesar del deterioro esperado de la solvencia del Estado en Estados Unidos, como resultado de la expansión fiscal puesta en marcha por el gobierno Trump, siguen constituyendo uno de los activos en los cuales se refugian los inversionistas cuando aumenta su incertidumbre.

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La caída de las bolsas a comienzos de febrero puso en evidencia que, a pesar del endurecimiento de la regulación financiera, motivado por la crisis de 2008-2009, en los mercados persiste todavía una serie de productos y comportamientos de alto riesgo, que son peligrosos para la estabilidad financiera global.

En esa ocasión, una cantidad considerable de complejos productos financieros perdió todo su valor en unas pocas horas. Algunos de ellos son, por ejemplo, los que tienen sus precios determinados de una manera inversa en relación con el VIX, como el iPath S&P 500 VIX Short Term Futures exchange-traded note (VXX) y el ProShares VIX Short-Term Futures exchange-traded fund (VIXY).

Como la volatilidad fue mínima durante un periodo muy prolongado, los inversionistas se habituaron a ella. En consecuencia, adquirieron ese tipo de productos, que en semejantes condiciones les producían una alta rentabilidad (cercana a 180% en 2017), que resultaba muy atractiva comparada, por ejemplo, con la del S&P 500 (alrededor de 20% ese año). Sin embargo, con un incremento diario del VIX que alcanzó su máximo histórico, los precios de esos productos se derrumbaron, con lo cual los inversionistas que los tenían en sus portafolios sufrieron pérdidas cuantiosas. Por tal motivo, algunos de ellos fueron retirados del mercado por las instituciones financieras que los crearon y pusieron en circulación.

Otra cosa que se hizo evidente en el episodio de febrero fue que la liquidez en momentos de tensión en los mercados financieros se puede secar con rapidez, debido a que una creciente porción de las transacciones (50%) se realiza de una forma automática, en plataformas que utilizan poderosos computadores para procesar un gran número de transacciones, a alta velocidad en muy poco tiempo. Esa manera de realizar las transacciones magnifica la caída de los precios de los activos, lo cual mina su liquidez.

Además de los temores por una mayor inflación y el apretón monetario, la volatilidad de los mercados financieros no ha vuelto a las magnitudes bajas de antes de febrero, debido a la amenaza de una guerra comercial entre Estados Unidos y China.

En el caso de que esta se desencadene, la inflación podría aumentar por causa de los mayores aranceles. Entonces los bancos centrales se verían avocados a incrementar sus tasas de interés y, en algunos casos, a replegar sus balances. En consecuencia, una postura monetaria más estrecha de los grandes bancos centrales del mundo desvalorizaría los activos financieros.

Como el proteccionismo obstaculizaría la producción en las cadenas globales de valor, las multinacionales tendrían unas utilidades más bajas. Eso disminuiría el precio de sus acciones y presionaría a la baja sobre los índices de las principales bolsas.

Por tanto, es probable que la baja volatilidad que prevaleció en los mercados financieros internacionales el año pasado no regrese. Por el contrario, es previsible que se presenten nuevos episodios de volatilidad extrema, que podrían perturbar la estabilidad financiera global.

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