| 10/4/2013 10:00:00 AM

Del cielo al infierno

Brasil pasó de ser la estrella de América Latina a convertirse en un mercado preocupante, pues al descontento de la clase media se suman un bajo crecimiento y finanzas públicas enredadas.

Ni las masivas protestas de junio pasado, ni la caída en su popularidad, ni siquiera la decisión de Standard & Poor’s (S&P) de reducir la perspectiva de la calificación de Brasil de estable a negativa, hicieron que su presidente, Dilma Rousseff, retomara su cuenta de Twitter para expresar sus opiniones.

Sin embargo, la portada de finales de septiembre de la revista The Economist fue la responsable de que la jefe de Estado, quien durante su campaña fue muy activa en las redes sociales, reiniciara su comunicación en 140 caracteres.

“Están desinformados. El dólar se estabilizó, la inflación está bajo control y somos el único gran país con pleno empleo”, escribió Rousseff en Twitter como respuesta al artículo Has Brazil blown it? (¿Está Brasil estropeando todo) en el que la prestigiosa revista británica asegura que la mayor economía latinoamericana desaprovechó el momento estelar que estaba viviendo con el alza en el precio de las materias primas y ahora, tras 20 años de boom, entra en una fase difícil, con una clase media muy descontenta y bajo crecimiento.

“Somos la tercera economía que más creció en el mundo en el segundo trimestre. Quien apuesta contra Brasil, siempre pierde”, agregó Rousseff en Twitter, donde tiene 1,9 millones de seguidores.

Pese a su réplica, lo cierto es que el vecino país pasó de crecer 7,5% en 2010, a 0,9% en 2012, al tiempo que ha sido una de las naciones más golpeadas ante el anuncio de la Reserva Federal de reducir sus compras de bonos del Tesoro. Aunque esta medida aún no se ha hecho efectiva –lo que les ha dado un respiro a los emergentes–, las finanzas públicas brasileñas siguen mostrando alta fragilidad. Prueba de ello es que en agosto registró un déficit presupuestal primario, algo que no ocurría hace más de una década.

Dicho hueco fue de 432 millones de reales (US$194,1 millones) y fue sorpresivo pues el mercado esperaba un superávit de 1.600 millones de reales, teniendo en cuenta que en junio el saldo positivo fue de 2.300 millones. “Un descache de 2.000 millones de reales no es de poca monta, pero la noticia no es el grave deterioro fiscal de Brasil, pues eso ya se sabía, lo nuevo es que en junio pasado, cuando le bajaron la perspectiva a su nota, el gobierno se había comprometido con S&P a poner sus finanzas en orden y eso no se está dando”, le dijo Tony Volpon, economista de Nomura, al blog Beyondbrics del Financial Times.

Moz Afzal, jefe de inversiones globales del banco suizo EFG Bank, le dijo a Dinero que Brasil no está dentro de sus inversiones recomendadas, pues es un país que debe construir su infraestructura, mejorar su productividad y reducir su dependencia de las materias primas. Aclaró que esto no debe preocupar a sus vecinos, que en el pasado se veían arrastrados por lo que pasara con Brasil y el real, pues a diferencia de la última década, cuando todos se veían como un mismo mercado, hoy los países con buen manejo económico sacan la cara y en la región no se disputan por ser el siguiente Brasil, sino el siguiente Chile.

Falta ver qué tanto peso tendrán las voces de alerta de bancos de inversión, calificadoras y prensa extranjera en las elecciones de 2014, cuando Rousseff tendrá que volver a usar Twitter para buscar su reelección.

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