| 4/26/2018 12:01:00 AM

Las reformas a la Unión Europea pierden apoyo en Alemania

La Unión Europea y la Zona del Euro requieren una serie de reformas para asegurar su supervivencia. Sin embargo, el apoyo para ellas se desvanece en Alemania.

Después de la elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia y la conformación de un gobierno mayoritario, bajo el renovado liderazgo de la canciller Angela Merkel en Alemania, los analistas políticos esperaban que sus gobiernos comenzarían a acordar las propuestas de las reformas necesarias para la supervivencia de la Unión Europea (UE) y del euro.

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Estas expectativas se basan en que ambos líderes son defensores de la integración europea y en que derrotaron a las fuerzas políticas extremistas y enemigas de ella en cada uno de sus países. Además, la membresía del partido socialdemócrata (SDP, por su sigla en alemán) en la coalición mayoritaria gobernante en Alemania, ofrecía un respaldo adicional para que la Canciller se empeñara en ese esfuerzo, pues su anterior líder, Martin Schulz, es un defensor de la integración.

Sin embargo, con la renuncia de Schulz al liderazgo del SDP en febrero, ese movimiento perdió el interés. Su sucesor, el ministro de finanzas y vicecanciller de Alemania, Olaf Scholz, es menos entusiasta al respecto. Por ejemplo, es un escéptico sobre los beneficios del seguro de depósitos, cuya adopción es vital para completar la unión bancaria en la Zona del Euro (ZE), que los defensores de una mayor integración consideran fundamental para su supervivencia.

Además, la oposición a las reformas dentro del movimiento demócrata cristiano de la Canciller sigue igual de fuerte que siempre. Sus representantes en el parlamento rechazan la mayoría de las propuestas de reforma del presidente Macron, porque creen que instaurarán mecanismos de transferencias de recursos desde los países que acatan la disciplina fiscal y financiera, hacia los indisciplinados, para rescatarlos cuando ese comportamiento perturbe su estabilidad macroeconómica y financiera.

Por estas razones no son partidarios, por ejemplo, del ensanchamiento del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), ni de su conversión en un Fondo Monetario Europeo (FME). Tampoco les gusta la idea de tener un presupuesto común para la ZE, ni un ministerio de hacienda para administrarlo. También rechazan la propuesta del seguro de depósitos, por lo menos hasta que los bancos italianos saneen de una forma efectiva sus balances. De un modo análogo, rechazan además cualquier alivio para la deuda de Grecia.

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La única propuesta que aceptan, sin gran entusiasmo, es la de crear un soporte fiscal para respaldar el fondo de resolución para las quiebras bancarias.

De este modo, el respaldo a los planteamientos reformistas entusiastas del presidente Macron es frío y se desvanece de modo paulatino en Alemania, en la medida en que las fuerzas políticas pro Europa se debilitan. En las últimas elecciones los demócratas cristianos y los socialdemócratas perdieron respaldo frente a los extremistas de derecha e izquierda, representados, de forma respectiva, por la Alianza por Alemania y el movimiento La Izquierda, que son enemigos de la integración europea.

Al mismo tiempo, la eventual llegada a la presidencia del Banco Central Europeo del actual gobernador del Banco Central de Alemania, Jens Weidmann, quien es un defensor a ultranza de la hegemonía alemana en la UE y un enemigo acérrimo de cualquier mecanismo que implique compartir los riesgos económicos de los países, por medio de un fondo de rescate con recursos comunes o la emisión de un activo financiero seguro por la UE, no facilitará en modo alguno la implementación de las reformas propuestas por Macron.

En estas circunstancias, la canciller de Alemania no tiene por delante una tarea fácil. No puede retirar su apoyo al ímpetu reformador del presidente francés, porque al hacerlo podría minar la frágil cohesión de la UE y perder un aliado en la defensa de los valores democráticos y liberales que ambos comparten, amenazados hoy tanto dentro como fuera de Europa. Pero debe también conservar el respaldo de la coalición mayoritaria que lidera y tratar de convencer a sus miembros de la conveniencia de algunas de las propuestas de Macron, para tratar de avanzar en ellas.

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Quizá por estos motivos, la canciller Merkel se haya visto obligada a emprender un proceso de acercamiento con el presidente Macron sobre sus propuestas, al manifestarle su intención de llegar a un acuerdo, pero al enfatizarle también sus diferencias.

Por ejemplo, en días pasados insistió en el propósito común de fortalecer la ZE para reducir su vulnerabilidad durante las épocas de crisis económica. Sin embargo, ante la propuesta del presidente francés de incrementar la solidaridad financiera entre los países, ella reiteró que eso no debe obstaculizar la mejora de la competitividad en cada uno de ellos, para que puedan responder de manera individual por sus propios riesgos económicos. En este propósito la Canciller alemana tiene el respaldo del Primer Ministro de los Países Bajos.

Al mismo tiempo, Merkel afirmó su confianza en que en algún momento se podrá completar la unión bancaria, pero insistió en que el seguro de depósitos solo se podrá introducir en un futuro distante.

Además, a pesar de apoyar la idea del presidente Macron de convertir el MEE en un FME, la Canciller consideró que deberá hacerse por medio de un cambio en el Tratado de la UE, que es un proceso prolongado.

No obstante, reafirmó su intención de progresar rápido en acordar e implementar un sistema europeo de asilo, que en su concepto es esencial para conservar la libre movilidad de los ciudadanos entre los países miembros de la UE e implementar una política común de relaciones internacionales.

De modo paradójico, ahora que el crecimiento se encuentra en una fase de expansión sostenida en la UE, es el momento de acometer las reformas para lograr una mayor cohesión y un funcionamiento más eficiente de su economía, que la haga menos vulnerable en la etapa de desaceleración.

Sin embargo, quizá haya que esperar a que las flaquezas se manifiesten en la próxima recesión, para lograr un respaldo suficiente con el cual llevarlas a cabo. En ese momento quizá será más difícil, porque en tiempos de crisis se radicalizan las divergencias políticas.

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