| 6/7/2018 12:01:00 AM

¿Hacia dónde va la guerra comercial de los EE.UU. contra sus aliados?

El proteccionismo de Estados Unidos amenaza resquebrajar las reglas de entidades multilaterales como la OMC.

Al terminar el mes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que, por razones de la seguridad nacional, las importaciones de acero y aluminio provenientes de Canadá, México y la Unión Europea (UE) no estarán exentas en adelante de los aranceles de 25% y 10% que impuso en marzo.

Comparadas con el arancel promedio ponderado de 1,6% para todos los bienes que importan los Estados Unidos, esas tarifas son desproporcionadas, sobre todo para establecerlas en contra de países amigos. Ninguno de ellos pone en peligro la seguridad nacional estadounidense, porque no se trata de importaciones de un material atómico fisionable, ni de armas, municiones ni elementos bélicos, que son las causales contempladas por la OMC para invocar ese motivo.

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El gobierno de Trump no es el primero que intenta proteger la decadente industria del acero en los Estados Unidos, que por causa de un rápido progreso tecnológico y la mayor competitividad de otras economías, perdió su dinámica para generar empleo en ese país, desde el final de la segunda guerra mundial. Antes lo hicieron sin éxito las administraciones de los presidentes Nixon, Reagan, Bush hijo y Clinton.

Al elevar los precios de las importaciones de esas materias primas, los aranceles proteccionistas desvían la demanda hacia quienes las producen en los Estados Unidos, con lo cual mejoran sus ingresos y sus ganancias. Sin embargo, como argumenta Larry Summers, de la Universidad de Harvard, son pocos los beneficiados: la industria del acero emplea apenas 140.000 trabajadores y su capitalización bursátil representa un exiguo 0,1% de la total del país.

Al mismo tiempo, esos aranceles perjudican a otras industrias que utilizan el acero y el aluminio como insumos, porque elevan sus costos de producción y desmejoran su competitividad. Esos sectores generan 50 veces más empleo que el del acero. Por tanto, es probable que los costos de las medidas superen sus beneficios. Como efecto de ellas, por ejemplo, según un estudio del Consejo de Relaciones Internacionales, se podrían perder más de 40.000 empleos solo en la industria automotriz de los Estados Unidos. Por perjuicios como ese, muchas agremiaciones de productores –como la Cámara de Comercio de ese país– e incluso sindicatos de las ramas perjudicadas se oponen a la imposición de esos aranceles.

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A pesar de elevar los costos de producción en muchas industrias, el impacto inflacionario directo de los aranceles impuestos en ese país es estimado por Goldman Sachs en 0,01%, luce bajo.

La principal consecuencia adversa de la medida en el corto plazo es incitar a la retaliación de los países afectados, lo cual amenaza de nuevo con desencadenar una guerra comercial. Como Canadá, México y la Unión Europea (UE) consideran los aranceles impuestos por los Estados Unidos como salvaguardias, de acuerdo con las normas de la OMC podrían tomar medidas compensatorias inmediatas. Por tal motivo, la UE lleva varios meses preparando las medidas con las cuales responderá, mientras que México y Canadá hicieron pública la lista de aranceles que impondrán a las importaciones de los bienes provenientes de Estados Unidos.

En contraste, ese país los implantó con el argumento de la seguridad nacional, caso en el cual las naciones afectadas no podrían responder. Bajo este supuesto, Estados Unidos podría adoptar otras medidas contra ellos, lo cual podría generar una espiral de retaliaciones que desembocaría en la guerra comercial.

En consecuencia, por sus implicaciones a posteriori sobre el comercio y la actividad económica mundial, las medidas fueron mal recibidas por los mercados financieros: los índices de las bolsas estadounidenses cayeron y las tasas de interés de la deuda pública de ese país disminuyeron.

En el mediano plazo la incertidumbre sobre la estabilidad de las normas comerciales de Estados Unidos con el resto del mundo, puede afectar la participación de sus multinacionales en las cadenas globales de valor. Con ello desmejoraría su competitividad, porque no podrían aprovechar las ventajas comparativas que tienen otros países. Eso elevaría sus costos de producción, en detrimento del bienestar de los consumidores estadounidenses y tendría mayores consecuencias inflacionarias.

Cabe la posibilidad de que los aranceles fueran impuestos como parte de la estrategia (de matoneo) de los Estados Unidos en la renegociación del Tratado Norteamericano de Libre Comercio con México y Canadá.

Lo peligroso de esa estrategia comercial extorsiva es que levanta barreras proteccionistas y genera retaliaciones en los países afectados. Hasta ahora el Reino Unido, Alemania, Francia, Japón, Canadá, México, Turquía y China han anunciado medidas compensatorias.

El proteccionismo de Estados Unidos también crea desconfianza en sus aliados. Esto afecta la cooperación en otros frentes de acción multilateral, como la presión que se requiere ejercer sobre China para que desmonte sus prácticas desleales de comercio, o la resistencia al expansionismo de ese país y de Rusia, que pone en peligro el orden económico y político liberal prevaleciente desde el final de la segunda guerra mundial.

El proteccionismo injustificado también debilita el ordenamiento jurídico, basado en reglas y principios aceptados por todos los participantes, que regulan el comercio internacional. Con ello se pone en riesgo uno de los pilares del liberalismo económico vigente desde la última posguerra mundial.

Al tiempo que prospera la imposición de medidas proteccionistas unilaterales por parte de Estados Unidos a otros países, finalizó la tercera ronda de negociaciones entre China y ese país, sin acuerdo alguno para evitar poner en vigencia las restricciones al comercio bilateral anunciadas por ambos hace pocos meses.

De esta manera, el mundo se encuentra ad portas de comenzar el tránsito al penoso camino de una guerra comercial que podría tener graves consecuencias sobre el volumen del comercio, la actividad económica mundial y el bienestar de la población.

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