| 4/12/2012 12:00:00 AM

Dos casos

Dos casos
En su libro, Charles Duhigg propone varios ejemplos de lo importante que es para las compañías entender la simple estructura de un hábito: señal, rutina y premio.

Pepsodent. A comienzos del siglo pasado, Claude Hopkins era considerado el rey de la publicidad. Hopkins fue responsable de crear marcas tan famosas como Quaker, Van Camp’s y Goodyear. Sin embargo, su mayor reto fue crear espacios para Pepsodent, la primera pasta dental. ¿Cómo vender un producto cuando no existe el hábito de consumirlo? La solución de Hopkins fue sencilla: primero creó una señal (la publicidad indicaba que las personas se tocarán los dientes con la lengua para verificar si estaban limpios) y, segundo, un premio (Pepsodent fue la primera en crear esa sensación que hace sentir la boca limpia).

Febreze: En los años noventa, la multinacional P&G tenía un secreto entre manos. Por casualidad uno de sus científicos había encontrado un compuesto químico que eliminaba cualquier tipo de olor. Con esta nueva tecnología P&G desarrolló el producto Febreze que al comienzo fue un rotundo fracaso. Investigaciones de mercado identificaron que las personas que más necesitaban el producto, dueños de mascotas o fumadores compulsivos, no sentían sus propios olores. Al producto le faltaba una señal, y por esto decidieron transformar a Febreze en un premio para el final de la limpieza.

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