| 8/9/2002 12:00:00 AM

La ilusión presupuestal

El proyecto de presupuesto presentado al Congreso dice poco sobre el rumbo en materia fiscal, pues todos los años hay una gran diferencia entre el gasto presupuestado y el ejecutado.

Hace pocos días, se radicó en el Congreso el presupuesto general de la Nación para 2003 por un monto total de $66,9 billones (38,4% para pago de deuda, 50,2% para gastos de funcionamiento y transferencias, y 11,4% para inversión). El equipo del empalme de Alvaro Uribe comentó que falta por financiar $2,3 billones del presupuesto presentado, suponiendo que la economía crezca 2,5% del PIB en el 2003.



Sin embargo, esta observación es solo una parte de la historia. La gráfica ilustra que, año tras año, hay una brecha entre el presupuesto inicial, como el que acaba de presentarse, y el presupuesto definitivo, producto de las adiciones y/o recortes de partidas de gasto durante la vigencia del mismo. Se observa que, excepto en 1998 y en 2002, que utiliza datos parciales a julio, el presupuesto final ha superado siempre al inicial, en particular en los años de la administración Pastrana.



La divergencia se explica por las deficiencias del arreglo institucional actual. El proceso presupuestal no comienza por definir las posibilidades reales de financiación del gasto público y no parte de un análisis de la consistencia macroeconómica del déficit, sino que sigue el camino contrario. Una vez aprobado el presupuesto, se elabora la programación macroeconómica definitiva. Esto explica por qué el presupuesto se elabora siempre con supuestos macroeconómicos demasiado optimistas, lo cual lleva a que sistemáticamente se sobredimensionen los ingresos del gobierno y, por ende, las posibilidades de gasto. Por ejemplo, el presupuesto del año 2001 se elaboró con un crecimiento de 4% del PIB, cuando en realidad fue de 1,4%.



El nuevo gobierno ya anunció unos gastos adicionales en materia de seguridad y en el campo social, así como algunos recortes, razón por la cual el presupuesto sufrirá sensibles modificaciones durante su vigencia. Por tanto, lo importante es seguirle la pista a la ejecución del gasto, pues el presupuesto no es más que una lista de asignaciones históricas y buenos deseos.

EDICIÓN 547

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