| 10/1/2010 12:00:00 AM

Legislación, mejor que la política...

Legislación, mejor que la política...

Si la política de un país en el campo de la generación de energía alternativa se midiera por la calidad de su legislación, podría afirmarse que Colombia es uno de los países más avanzados de América Latina en este campo. Su sistema normativo ha sido imitado en otras latitudes, pero aún así sus mejores proyectos estatales no despegan del todo.

La necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles, garantizar el abastecimiento energético y tener mayores beneficios ambientales, agroindustriales y económicos, motivó hace cerca de diez años la expedición de una legislación que favorece en el país la producción de combustibles alternativos a partir de productos del agro.

La primera ley con este propósito fue la 693 de 2001, que ha venido acompañada de una abundante legislación para crear condiciones favorables a la producción, comercialización y consumo de los denominados biocombustibles.

Durante el gobierno de Álvaro Uribe se dio un gran impulso tanto a la oferta como a la demanda. Por el lado de la oferta, se diseñaron leyes para permitir que los empresarios interesados en producir etanol -a partir de caña de azúcar- y biodiesel -con base en aceite de palma- contaran con beneficios tanto arancelarios como tributarios. Particularmente, la posibilidad de obtener la figura de zonas francas para operar plantas de alcohol carburante o biodiesel ha impulsado este tipo de proyectos entre inversionistas privados.

Por el lado de la demanda, se expidieron leyes para introducir las denominadas 'mezclas' de etanol en la gasolina y de biodiesel en el diesel que se distribuye a lo largo y ancho del país. Hoy, casi en el 90% del país las estaciones de combustible disponen de mezclas que alcanzan el 10% tanto en la gasolina como en el diesel. También se dispuso en 2008 que los vehículos que se vendan en el país a partir de 2012 deben contar con motores que permitan el uso de combustibles mezclados hasta en un 85% con biocombustibles.

Sin embargo, mientras los proyectos privados marchan viento en popa, los públicos aún no cuentan con la fortaleza deseable.

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