| 12/10/2018 10:15:00 AM

La verdad vale más que mil palabras

La verdad es el principal valor para todo ser humano y también es el principal elemento para generar confianza en un sector que carece de ella.

El sector de infraestructura es un motor para el crecimiento de la economía nacional, es uno de los principales generadores de empleo y sobre todo es un aliado para el desarrollo social de regiones históricamente apartadas. 

Durante los últimos años, cuando más inversión pública se ha materializado y mayor necesidad tenemos como nación de desarrollar las obras requeridas para impulsar la competitividad, es cuando evidenciamos uno de los momentos de mayores crisis: obras atrasadas, proyectos sin financiación, millones de investigaciones penales a sus protagonistas, protestas sociales, obras con problemas técnicos, etc.

Aunque esta realidad se debe a un sinnúmero de factores estoy realmente convencido que uno de ellos es que, como sociedad, hemos dejado de entender el valor de la verdad. 

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Aunque suene como un hecho redundante y obvio, la verdad no solo es el principal valor para todo ser humano, también debe ser el principal elemento para un sector donde la confianza es el eje articulador para su desarrollo. Y teniendo en cuenta lo anterior, la verdad siempre será el mejor camino para construir confianza y reputación. 

En algunos proyectos, por temor a la reacción de las audiencias (comunidades, usuarios, propietarios de predios, bancos, autoridades, entre otras), limitan y adaptan la veracidad de los hechos sin entender las repercusiones que esta decisión implica. Prefieren tapar con una mano los verdaderos problemas o incluso aplazarlos con tal de no tener que afrontar los efectos que se pueden generar.  

Constantemente estamos evidenciando verdades a medias, verdades amañadas o tergiversadas y sobre todo temor a decir la verdad. Vivimos en el mundo al revés, los funcionarios y los contratistas se mantienen atemorizados porque si dicen la verdad y expresan la realidad de lo que ocurre se afectarán los cronogramas, podrán incurrir en sobrecostos, afectar la rentabilidad de los proyectos o ser perseguidos por la autoridades judiciales o el selecto grupo de las IAS.

No son conscientes de que la opinión pública acepta equivocaciones y entiende que en los proyectos se pueden presentar problemas técnicos. Errar es de humanos y ellos lo saben. Pero por el contrario, no toleran las mentiras y son implacables en su juzgamiento. 

El sector de infraestructura involucra recursos públicos y su manejo debe ser implacable. 

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Vale la pena decir que los efectos que pueda tener un error en la imagen de una organización son solucionables, puede que tarde algún tiempo, pero el efecto se recupera. Sin embargo, cuando hay una mentira de por medio, la opinión pública es radical. 

En una coyuntura como la actual, en la que aún estamos sufriendo las consecuencias del efecto Odebrecht, financiadores y aseguradores están siendo más estrictos que nunca con sus políticas de cumplimiento y anticorrupción. Actualmente menos del 50% de los proyectos de 4G cuentan con los cierres financieros requeridos y otros tantos, que si lo tienen, no les han ejecutado el primer desembolso. Una pequeña muestra de lo complejo que está conseguir el respaldo necesario para ejecutar los proyectos y la necesidad que tienen los constructores de poder generar confianza. 

Con plena tranquilidad puedo garantizar que en las condiciones actuales del mercado una empresa con problemas en su reputación, que no genere confianza entre los stakeholders más relevantes del sector, tendrá prácticamente cancelada su licencia social para operar. 

Por todo lo anterior es que la única y completa verdad es que la verdad no se negocia, no se adapta a las circunstancias, no se tergiversa. 

La verdad es una.

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EDICIÓN 562

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