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| 10/25/2018 12:01:00 AM

Los 3 tormentos de Cartagena, una ciudad en asedio

La ciudad vuelve a estar sitiada, esta vez por tres nuevos verdugos: la prostitución, la pobreza y la corrupción. ¿Cuál es la salida? Informe especial.

Hace unas semanas el reconocido economista colombiano Adolfo Meisel paseaba por las bellas calles de Cartagena de la mano de su esposa, luego de una larga sesión de la Convención Bancaria que se realiza cada año en la ciudad. Era casi la media noche, así que no había tanto turista y ‘cachaco’ rondando los portales y bellos balcones del centro histórico.

De un momento a otro, Meisel se sorprendió al ver un montón de siluetas o sombras oscuras que se colaban por la Plaza de los Coches, un tradicional espacio de la ciudad que durante varios siglos fue epicentro del comercio de esclavos provenientes de África. Pocos segundos después, el excodirector del Banco de la República y hoy rector de la Universidad del Norte se percató que se trataba del tránsito de decenas y decenas de prostitutas. “Lo que se me vino a la cabeza fue una continuidad histórica de un mercado de la carne que muestra la explotación humana en una de sus versiones más terribles”, explicó Meisel a Dinero.

¿Por qué iniciar una historia económica de Cartagena con semejante anécdota? ¿Es que acaso no hay prostitutas en Bogotá, Medellín y en casi todos los rincones de Colombia? Seguro sí.

Pero como quedará en evidencia en este reportaje sobre La Heroica, la esclavitud y la prostitución, así como otros fenómenos nacionales como la corrupción y la pobreza están minando no solo el clima de confianza sino nuestro patrimonio y nuestra identidad como colombianos.

Hace un par de siglos era la ciudad más próspera y rica del país, fue la cuarta capital más importante de la América española, junto con Ciudad de México, Lima y Santafé de Bogotá; su centro histórico es patrimonio de la Humanidad y la valentía de sus primeros pobladores fue crucial para la Independencia de Colombia. Cartagena es nuestra Filadelfia.

Hoy la ciudad sigue siendo importante e influyente, pero ha perdido brillo y ahora está en medio de una de las peores crisis institucionales de su historia. La situación política y sus efectos en la economía han sido analizados con profundidad por la Fundación Cívica por Cartagena (Funcicar), entidad que se encarga de ponerles lupa a los líos de la ciudad y que es dirigida por Carolina Calderón.

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Funcicar resume muy bien la crisis política de la capital de Bolívar. Desde 2005 se han registrado 4 elecciones atípicas (Curi, Bernal, Vélez y Guerra). En 7 años han tenido 12 alcaldes y ningún plan de desarrollo se ha podido culminar desde 2011, la contralora está presa; de 19 concejales, 8 se encuentran en detención domiciliaria y uno más en la cárcel. Y la cereza del pastel: desde 2016 se han producido más de 103 cambios en el gabinete del Distrito.

Pero ese es solo el comienzo. 93% de los contratos se adjudicaron de manera directa por parte de la Alcaldía y sus entidades descentralizadas, muchos de los entrevistados para este especial se quejan por el papel del Edurbe, por ejemplo. Así mismo, Funcicar concluye que en 5 de cada 10 procesos en las diferentes modalidades de selección, solo se presenta un proponente. 

Alguien puede decir que en Bogotá, Medellín o Cali también hay corrupción o concentración de la contratación en unos pocos. Puede ser cierto. Hablemos entonces de los indicadores económicos. 

Según un documento del Banco de la República, que Adolfo Meisel cita, en 2016 Cartagena fue la tercera ciudad con mayor incidencia de la pobreza monetaria en Colombia, situación que contrasta con el dinamismo de sus principales sectores económicos como la industria, el turismo, la construcción y la actividad portuaria. 

                Adolfo Meisel, reconocido economista cartagenero. Excodirector del Banco de la República y rector de la Universidad del Norte de Barranquilla. 

Es necesario aclarar que los índices de pobreza de Cartagena cayeron de forma sostenida entre 2008 y 2015, como sucedió en el resto del país. De acuerdo con los datos del Dane, la pobreza monetaria pasó de 40,2% a 26,2%, y la pobreza monetaria extrema disminuyó de 6,9% a 4,0%, respectivamente. Sin embargo, la ciudad está aún lejos del promedio de las trece principales ciudades, donde la pobreza monetaria cayó de 36,2% a 15,4% y la extrema pasó de 7,6% a 2,7% para el mismo período. 

Lo peor sucedió en 2016 (estancamiento de la economía) cuando ambos indicadores aumentaron en mayor proporción en Cartagena que en el promedio de las ciudades principales. La pobreza monetaria llegó a 29,1% y la pobreza extrema a 5,5%, reflejando un incremento de 2,9 y 1,5 puntos porcentuales respectivamente entre 2015 y 2016. 

La pobreza por Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), de acuerdo con el Sisbén III, en Cartagena, durante el primer semestre de 2018, fue 32% y la pobreza extrema 51%, es decir, 32 de cada 100 hogares tienen privaciones en la satisfacción de una necesidad básica y más de la mitad de los hogares tienen privaciones en la satisfacción de por lo menos dos necesidades básicas.

La falta de acueducto y alcantarillado en muchos barrios de la ciudad “pone de manifiesto el alto grado de vulnerabilidad física y ambiental, el grave riesgo de la población infantil para contraer enfermedades que debieron haber sido superadas en una ciudad que se precia de tener éxito económico”, comenta el catedrático de la Universidad de Cartagena y director del Observatorio Laboral de Bolívar, Dewin Pérez.

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Pérez afirma que, hasta septiembre del presente año, Cartagena era la sexta ciudad del país donde los precios (IPC) habían tenido los mayores aumentos, con una inflación acumulada de 2,89%. “La pobreza y la pobreza extrema son el principal problema económico y social en la ciudad de Cartagena, al tiempo que ha sido el tema más descuidado en medio de la crisis política de la ciudad, pues los gobiernos han tenido otras prioridades”, explicó Pérez.

En educación, la situación no es muy distinta. El promedio de años de educación en el Barrio El Pozón, por ejemplo, es de 6,4 años, mientras que en el barrio Crespo alcanza los 9,2 años, es decir, cerca de tres años de diferencia en promedio.

“Todo esto es el reflejo de la crisis social profunda de Cartagena. Hay fallas por la falta de liderazgo empresarial, político e intelectual que no es capaz de aprovechar la prosperidad del sector portuario e industrial para erradicar la pobreza extrema”, comenta Meisel.

La solución parece demorada. El nuevo alcalde de la ciudad (designado por el presidente Iván Duque hace unos días), Pedrito Pereira, tendrá muy poco tiempo y espacio político para solucionar todos los problemas y, aunque tuviera la voluntad, su prioridad debe ser unir a la sociedad, empresarios y gobierno nacional para sacar adelante la ciudad en el mediano y largo plazo.

“No hay luz al final del túnel. No hemos llegado al fondo porque no se ha sacudido la ciudad. No se ha percatado porque hay indolencia y desconocimiento de la grave crisis que se vive”, dijo el excodirector del Banco de la República.

Pero lo más triste es que Cartagena tiene con qué recuperar el cetro de la ciudad más próspera de Colombia. A diferencia de Tumaco, Buenaventura, la alta Guajira, y otras zonas del país, como la propia Ciudad Bolívar en Bogotá, la Heroica cuenta en su patio no con una sino con varias ‘gallinitas de los huevos de oro’. 

Recordemos solo las principales. La nueva Reficar, la misma del escándalo por sobrecostos billonarios, es en la actualidad el motor industrial de Colombia. Además, le permitió a Cartagena convertirse en la cuarta ciudad industrial del país. 

Segundo ejemplo. La Sociedad Portuaria de Cartagena tiene el terminal más moderno de todo el Caribe. Empresas como Amazon están mirando con detenimiento este destino como punta de lanza para desembarcar en la Suramérica hispanohablante. Argos tiene la planta más moderna de cemento y desde su terminal cartagenero exporta a 30 países. Y el listado sigue con empresas como Tenaris, Esenttia, Ajover, Centro logístico de Bayer, y un largo etcétera.

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En el tema inmobiliario también hay mucho que contar: 500 nuevas camas hoteleras en solo dos años con la llegada de nuevas marcas de talla mundial, el proyecto Serena del Mar, que prevé la construcción de unas 18.000 viviendas en un área de 1.000 hectáreas. Argos tiene un área levemente superior para desarrollos similares.

En infraestructura también hay cosas nuevas. Se puso en operación hace unas semanas un imponente viaducto en la Ciénaga de la Virgen y se está estructurando un nuevo aeropuerto para una ciudad que recibe vuelos de 7 aerolíneas internacionales. La llegada de cruceros y viajeros foráneos aumenta a doble dígito en la ciudad y un empresario local, junto con Ospinas, inició la construcción de un gran centro comercial y, lo mejor, por fuera de Bocagrande. 

Otras cifras interesantes. El profesor Dewin Pérez destaca que el aumento promedio anual en el número de pasajeros internacionales que tienen como destino a Cartagena fue de 18% en el periodo 2013 -2016. Así mismo, durante la temporada de enero a abril de 2018 aumentó en 32% con respecto a igual periodo de 2017. De igual manera, por el Puerto de Cartagena se moviliza más del 60% de los contenedores transportados por los puertos del país y se realizan más de 50% de las operaciones de aduanas, cosa semejante pasa con la industria local que experimentó una tasa de crecimiento promedio de 5,9% durante el periodo 2012-2017. 

Así es Cartagena, La Heroica, algo inverosímil y llena de contrastes.

¿Cuál es la salida? 

Para María Claudia Páez, presidente de la Cámara de Comercio de Cartagena, hace falta un mayor liderazgo político que se consigue con confianza y conocimiento mutuo. 

“Cartagena es como esa niña bonita. Es una vitrina que todos vemos pero nadie entiende o aporta a su construcción”, comenta.

La dirigente mencionó el caso reciente de un empresario importante de la ciudad que tramitaba una escritura cuyo proceso costaba $750 millones y que fue extraviada en una oficina pública de la ciudad. “Ojalá vayas como ciudadano a obtener un documento, a ver si lo logras”, afirma.

Páez le pidió al presidente Duque iniciar una estrategia que permita a empresarios, políticos y sociedad civil sentarse a definir el futuro y recuperación de la ciudad. “Necesitamos un facilitador y ese puede ser el Presidente”, dice.

La dirigente explicó que algunos empresarios son muy cautos cuando ven la situación institucional y que hay otros que han decidido asentarse en otras partes por esos mismos motivos. “Sin embargo, el que conoce bien la ciudad termina invirtiendo por sus favorables condiciones naturales”, concluye.

La presidente de la Cámara agrega algo que es muy cierto y es que Cartagena ha aguantado mucho. “Acá se hacen todos los grandes eventos y congresos del país, imagínate si tuviéramos institucionalidad”.

Es paradójico que en Cartagena se lleven a cabo los congresos y eventos donde se planea y proyecta el país, pero la ciudad siga anclada en temas como la pobreza, la informalidad, y sí, la prostitución.

“A muchos les interesa mantener ese caos político e institucional actual porque así pueden hacer lo que les dé la gana”, afirma un dirigente gremial de la zona. 

¿En qué momento Cartagena perdió ese poder y liderazgo político en Colombia? Adolfo Meisel, en su libro El liderazgo y el futuro del Caribe colombiano,habla de una crisis que se revela al ponderar la enorme distancia entre el peso electoral costeño y su rol en la conducción del Estado colombiano. 

El académico recuerda que en las elecciones presidenciales de 2014 la influencia de los 8 departamentos costeños fue decisiva. “Al dividir el país entre la Región Caribe y el resto, se observa que Juan Manuel Santos perdió las elecciones en el resto del país, pero la victoria que obtuvo en la Costa Caribe fue tan enorme que le permitió ser elegido Presidente de la República por 4 años más”, dice el texto.

Meisel destaca que ese poder electoral no se traduce en la toma de decisiones a nivel nacional. “Desde 1894 ningún ciudadano oriundo del caribe colombiano ha sido elegido Presidente de Colombia. Esto, a pesar que la región tiene 21% de la población”, reza otro fragmento del libro.

Y va más allá. Entre 1998 y 2018 hubo 127 ministros, 41 de Bogotá, 15 de Antioquia y solo 4 de Bolívar. Así mismo, en ese periodo, de 7 ministros de Hacienda que tuvo el país, cinco nacieron en Bogotá y otro en Antioquia. “En contraste, en los últimos 100 años el país no ha tenido un ministro de Hacienda de la Región Caribe”, afirma Meisel en su libro.

Entre las causas expuestas de ese declive en el protagonismo político está una debilidad en la tecnocracia del Caribe y el rezago en la economía y en el capital social de la región, entre otros.

“Aunque Cartagena es el segundo centro urbano de la Región Caribe y la quinta ciudad del país, su liderazgo es muy débil en relación con su peso económico y demográfico. Esto por cuanto sectores clave como la industria son propiedad de personas y empresas que no son locales. Por ejemplo, las grandes plantas industriales de Mamonal (las gallinas de los huevos de oro que hablábamos antes) son propiedad de multinacionales, de Ecopetrol y de grupos económicos de otras zonas del país. No hay ningún industrial cartagenero con un peso relevante en la actividad productiva nacional. Algo similar ocurre con los grandes hoteles y con el puerto”, destaca el texto en la página 44.

Meisel lo resume muy bien. De hecho, hay otras personas en Cartagena que dicen lo mismo, no hay una apropiación de ciudad porque buena parte de los empresarios no son de allí. 

Poco puede hacer el gerente local de una planta cuando la casa matriz queda en Europa, Estados Unidos, Bogotá o Medellín. 

Por eso se pide que el liderazgo inicial provenga de la Casa de Nariño, donde hay poco acento e influencia en la toma de decisiones de los costeños.

Las soluciones no son tan complejas, pues este mismo tejido empresarial es capaz de apalancar proyectos ambiciosos. Esa debería ser una meta de la sociedad cartagenera, que cada vez más los empresarios de la ciudad se involucren en encontrar salidas estructurales a los problemas que aquejan a la heroica.

En otro estudio del Banco de la República referenciado por Adolfo Meisel se destaca que con una inversión de US$641 millones es posible sacar a Cartagena de la pobreza más lesiva (Vver cuadro). No es una cifra alta. Es casi el presupuesto de Cartagena de un año, pero claro, en estos momentos hay otras prioridades, como es financiar los 5.800 empleados con prestación de servicios que tiene Cartagena.

El mismo Banco Interamericano de Desarrollo se ha mostrado interesado en girar el cheque, pero es necesario antes que la institucionalidad esté jugada en torno a este propósito, lo cual hoy no luce fácil. También hay llamados para que se mejore el sistema tributario. Y, hablando de impuestos, el gerente general de la Sociedad Portuaria de Cartagena, Alfonso Salas, aseguró que es necesario mejorar los procesos de la Aduana, pues ni siquiera se cuenta con un sistema informático eficiente. 

Salas se declaró optimista frente a los desafíos de esta capital, tal vez porque ese sentimiento puede ayudar a sacarla adelante. El pesimismo es el hoyo negro de la economía. El experimentado directivo afirma que prepara por estos días un conjunto de propuestas para presentarlas al presidente Duque, como parte de los aportes que puede hacer el Puerto para la ciudad. Entre esas peticiones se destaca una para mejorar los trámites locales, mejorar la coordinación para asuntos del transporte, revisar el régimen municipal y reducir la burocracia, muy centralizada en Bogotá. Sin embargo, esto último no quiere decir que Salas esté de acuerdo con una regionalización, como lo ha propuesto Eduardo Verano. “Antes de descentralizar hay que simplificar los procesos, o de lo contrario lo que se hace es trasladar el desorden del centro a los municipios. Regionalizar para burocratizar es un peligro, prefiero depender de Bogotá y no de Barranquilla porque de lo contrario lo que haríamos sería multiplicar las funciones burocráticas”, apuntó.

En Cartagena hay futuro. Es necesario que desde el Presidente hasta los millones de ciudadanos que la visitan cada año se apropien de ella. No la usen como sitio ideal de prostitución, corrupción o como simple plataforma política para alcanzar el poder. Se necesita una toma pacífica, no como la de Pablo Morillo hace 203 años, sino como la que hace Catalina Escobar con la Fundación Juan Felipe Gómez, que le ha tendido la mano a miles de mamás adolescentes que quieren romper con lo que llaman los economistas la trampa de pobreza. Se lo debemos a Cartagena.

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