| 4/5/2019 7:00:00 PM

Virtualidad: ¿El futuro de la academia?

Empezó como un cambio de paradigma para los estudiantes y un desafío en infraestructura y enseñanza para las instituciones. Hoy representa el porvenir educativo.

De educación virtual en Colombia muchos han hablado hace ya unos buenos años. Pero solo en 2015 el gobierno nacional convocó a los principales líderes e instituciones de educación superior para crear con ellos la primera ‘Estrategia Nacional de Educación Superior Virtual’. Hoy, en el país este modelo ha crecido 98,9%, con 169.231 matrículas, según cifras del Ministerio.

Jorge David Páez, director del Instituto Forum de la Universidad de La Sabana, asegura que el mayor beneficio se encuentra en la accesibilidad, pues de este modo el conocimiento y la capacidad de desarrollar nuevas competencias se encuentra a un clic de distancia. “Las personas pueden relacionarse con expertos de altísima calidad disponibles para interactuar y compartir experiencias de primera mano. Las empresas ven este tipo de formación como una solución ideal para responder rápida y efectivamente a la capacitación de sus funcionarios, en un mundo donde la globalización y las tecnologías han descentralizado el mercado laboral”, argumenta Páez.

Según Páez, la virtualidad también favorece la cualificación de competencias, no solo porque permite ampliar los índices de cobertura, sino porque genera en los participantes nuevas maneras de relacionarse con el mundo.

Según un informe revelado en el Foro Económico Mundial (Davos), la educación virtual abrió camino al fomentar las habilidades de los trabajadores del mañana. Hugo Malaver, vicerrector de Calidad de la Universidad Manuela Beltrán, dice que los programas virtuales traen para el mercado laboral un enorme beneficio, al permitir perfeccionar y cualificar a los trabajadores sin interrumpir sus ciclos productivos. Eso disminuye los tiempos de adaptación laboral de los titulados en programas presenciales, que normalmente oscilan entre 6 meses a un año y representan gastos adicionales para las organizaciones.

“El mercado laboral se ha venido especializando y requiere perfiles más profesionales y menos operativos que optimicen sus niveles de producción. Los programas virtuales de educación superior se han convertido en una oportunidad propicia para diferentes tipos de personas que por sus condiciones personales, familiares o laborales no pueden adaptarse a las exigencias y tiempos de la formación presencial”, agrega Malaver.

Desde cualquier lugar

En el campo educativo resulta clave suprimir toda distracción que reduzca el tiempo de aprendizaje, y mejorar la practicidad para el desarrollo de lo aprendido. Por eso la educación virtual tiene dos puntos vitales a su favor: la flexibilidad y los desplazamientos.

"La educación virtual le sirve a todo el que requiera una formación atemporal, que desde cualquier lugar del mundo pueda avanzar en su proceso de aprendizaje, al que quiera estar con su familia y ahorrarse el desplazamiento a un lugar físico, a quien prefiera procesos de autoaprendizaje y avance a su ritmo. También es una manera de relacionarse con el mundo, pues se forman grupos de diversos países o ciudades que aportan desde su cultura y su saber. Y al evitar largos desplazamientos y el uso de transporte, contribuye a mejorar la calidad del aire. Es otra manera de relacionamiento humano en red que articula el conocimiento”, puntualiza Gloria Figueroa Ortiz, directora UPB Virtual de la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín.

La calidad

Como dato adicional y de acuerdo con cifras del Ministerio de Educación, los empleadores califican el conocimiento de los egresados virtuales positivamente. 42% lo considera bueno, mientras que 48% dice que es positivo.

Para Páez, "es importante desmitificar que la educación virtual pierde calidad y rigurosidad. Por el contrario, se ha comprobado que quienes realizan procesos de formación de este tipo desarrollan las mismas competencias y habilidades en solución de problemas, competencias digitales, networking, habilidades comunicativas escritas, discernimiento, disciplina, combinación de tareas y emprender iniciativas, entre otros. Recordemos que el aprendizaje depende únicamente de la persona. Tanto en la presencialidad como en la virtualidad se hacen grandes esfuerzos de poner a disposición los mejores elementos, recursos y estrategias para que el estudiante pueda desarrollar los conocimientos y competencias propuestos; pero si el alumno no asiste a clases, no entra a su aula virtual, no hace las actividades de aprendizaje, no pregunta a su profesor, no se relaciona con sus compañeros, difícilmente estará en el nivel que esperamos”. Páez hace énfasis en el papel que debe cumplir el estudiante para sacar sus estudios adelante.

Finalmente, vale la pena destacar que hoy los estudiantes del país ven esta alternativa con más interés. En efecto, les permite delimitar cómo aplicar en el campo laboral lo aprendido, o destacarlo en su currículum en busca de un puesto de trabajo que necesite de sus competencias específicas.

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