| 10/13/2006 12:00:00 AM

Los perfiles

En su investigación, Enrique Ogliastri resalta el hecho de que los intereses industriales, combinados con otras actividades económicas, estaban predominantemente representados en la dirigencia santandereana al punto de que se creía que hacer industria era un acto patriótico. Las fuentes de poder eran el prestigio personal, el acceso a posiciones directivas (especialmente juntas directivas), y la capacidad de decisión sobre los proyectos de desarrollo más importantes. Así se pudieron establecer los nombres de entidades y personas que tenían poder para influir en el desarrollo.

El investigador también detalla que hubo dirigentes que trabajaban tanto en el sector privado como en el público, pero que se diferenciaban de ambos sectores. La mayoría provenía del más alto nivel social, tenía carreras diversificadas, mentalidad cívica y gran capacidad de manejo político. Gustavo Liévano y Gerardo Silva entraban en esta categoría, pero a juicio de Ogliastri a la región le faltaron más de estos dirigentes polivalentes, con habilidad de negociación, como lo demostró la triste historia de Forjas de Colombia.

Señala que por razones históricas de su desenvolvimiento y estructura económica, en Santander se había desarrollado una mentalidad individualista, agresiva, franca e industriosa, que era consistente con el artesanado, el minifundio y la pequeña empresa. "Durante la primera parte del siglo XX, la mayoría de las 46 principales empresas santandereanas eran comerciales, solo 12 eran industriales y se concentraban en productos de consumo inmediato, a excepción de una sola, dedicada a la producción de maquinaria agrícola e industrial. En 1969, las principales industrias empleadoras de Bucaramanga eran las del sector de prendas de vestir, alimentos, tabaco y textiles. Se exportaban tejidos de fibra vegetal, manufactura de cuero y confecciones. En 1972 había 112 industrias, de las cuales solo 11 superaban los 100 empleados y la mitad ocupaba a menos de una decena de personas", precisa el informe.

En 1976, 35 empresas tenían más de 50 empleados y la industria era exclusivamente de bienes de consumo, con poca inversión extranjera, bajo nivel tecnológico y del sector tradicional (no de un sector dinámico con potencial de crecimiento y desarrollo tecnológico). La pequeña y mediana empresa (pyme) familiar caracterizaba a Bucaramanga.

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