| 9/19/2003 12:00:00 AM

Los jóvenes en 10 años

En una población que envejece rápidamente, los jóvenes serán un recurso cada vez más escaso y valioso. ¿Qué podemos esperar de ellos?

La competitividad de las empresas y el vigor de la economía en los próximos 10 años deberán estar apuntalados, más que nunca, en los jóvenes. Los enormes y permanentes cambios en tecnología y prácticas de administración exigirán que el país cuente en grandes números con trabajadores que rápidamente sean capaces de asimilar lo nuevo como propio. Es obvio que en esas condiciones sería bueno contar con los jóvenes, muchos de ellos.

Sin embargo, Colombia no es ajena a las tendencias demográficas mundiales y los jóvenes dejarán de ser un recurso abundante en términos relativos dentro de 10 años. Estamos en un punto de inflexión en nuestra transición demográfica. En 1990, el 53% de la población del país tenía menos de 30 años, según el DANE. Para el año 2013, este porcentaje será de 44%. Entre tanto, el porcentaje de población con más de 50 años de edad pasará de 12% en 1990 a 19% en el año 2013. Justo cuando la economía necesitará más jóvenes para facilitar la transición hacia un mundo de cambio permanente, ellos serán cada vez más escasos.

¿Quiénes conformarán esa fuerza laboral joven de 2013? ¿Qué están pensando ahora? ¿Tendrán lo que se necesita para sortear con éxito los retos que el mundo profesional les va a plantear? Este grupo, que hoy está conformado por adolescentes, tiene unas percepciones y actitudes bastante contradictorias, pues se entregan al mismo tiempo a valores superficiales (como la pasión por la apariencia física) y a otros más profundos y productivos (como el deseo de lograr una educación avanzada o de crear empresa). Algo muy grave para el país, son pesimistas, escépticos y están listos para emigrar si se les presenta la oportunidad.

Un estudio, elaborado en abril pasado entre 1.700 adolescentes entre 13 y 17 años por el Centro de Investigación del Consumidor (CICO), revela tendencias muy importantes respecto a la realidad que viven los muchachos de hoy. Ellos no son nada indiferentes a la situación del país. El estudio concluye que la situación que atraviesa Colombia está afectando la estabilidad de los adolescentes y su proyección de vida. Un 70% tiene una percepción pesimista del futuro y piensa que las cosas seguirán igual o empeorarán. Su preocupación por la seguridad es evidente y puede determinar muchas de las decisiones que tomen en el futuro. El 69% afirma que preferiría vivir en otro país. Una cifra para pensar, si se tiene en cuenta que hoy los colombianos residentes en el exterior alcanzan los 5,2 millones. ¿Qué pasará si esa proporción sigue creciendo?

Los adolescentes aseguran, además, que en Colombia la clase política es corrupta y que uno de los principales obstáculos que enfrenta el país es la falta de líderes. No se les ve un compromiso por cambiar las cosas: el 80% plantea que es aceptable conseguir dinero sin importar de dónde viene, el 89% piensa lo mismo respecto a no cumplir las reglas o normas, y un 75% cree que está bien no pagar deudas. Estas actitudes no permiten generan mucho optimismo respecto a lo que pueda ocurrir en temas tan críticos como la lucha contra la corrupción o la aplicación de prácticas de buen gobierno corporativo en las empresas.

Nuestros adolescentes sienten que viven en medio de la confusión. El 87% de los menores considera que sus padres les conceden demasiada libertad. Esta es una generación que nace acostumbrada a oír hablar de drogas y sexo. Según el estudio, el consumo de sustancias psicoactivas es común para ellos y su actividad sexual inicia más temprano que en el pasado (el 56% de las mujeres afirma que la virginidad pasó de moda).

Sienten una fuerte necesidad de suplir la ausencia de modelos de comportamiento con soluciones creadas por ellos. Buscan su identidad adhiriéndose a grupos de referencia. Un 75% afirma que pertenece a algún grupo o "tribu", como los "candies", "skaters", "alternos" o "punkeros". Es una generación acostumbrada a crear sus propios modelos, porque no ha encontrado modelos. Es difícil predecir hasta qué punto los valores formados en esas tribus podrán ser cambiados en el futuro, o hasta dónde esos grupos mediarán las relaciones entre los muchachos y el resto de la sociedad. Desde el punto de vista del mercadeo, por ejemplo, es probable que la llegada de los productos a este grupo de consumidores tenga que ver crecientemente con estos valores y afiliaciones, y menos con la versión tradicional de familia, pues el núcleo tradicional se ha fraccionado en numerosas posibilidades (padres separados, solteros, en segundas nupcias, etc.).

La preocupación por la apariencia física, que siempre ha sido importante para los adolescentes, hoy alcanza implicaciones insospechadas ante el auge de una economía de consumo anclada en la ansiedad respecto a este tema. El 72% afirma no estar conforme con su cuerpo y considera que es común que los hombres consuman productos para aumentar la musculatura y que las mujeres sufran enfermedades como la anorexia. Un 61% de ellos estaría dispuesto a efectuarse una cirugía estética y el 69% asegura que prefiere los productos light.

Las buenas noticias llegan por el lado de los objetivos profesionales. Esta es una generación para la cual la educación superior tiene una importancia sin igual. La mayoría de los adolescentes (90%) plantea que un factor indispensable para su realización personal y económica es alcanzar un título profesional. Es de esperar, entonces, que estudien más y busquen mayores alternativas de educación. El país tiene una responsabilidad gigantesca con estos jóvenes, en términos de la creación de oportunidades de educación y empleo. De lo contrario, la motivación que sienten hoy puede convertirse en una frustración igualmente grande.

El ánimo de ser empresarios también es una tendencia arraigada. Según un estudio elaborado por "Colombia Joven", el 30% de los jóvenes piensa que en el futuro será un profesional independiente y el 8% propietario de una pequeña empresa. Para que este anhelo se convierta en realidad, será necesario que estos jóvenes encuentren en el futuro alternativas para financiar sus proyectos y crecer. Los fondos de capital semilla, por ejemplo, van a tener una demanda importante.

Colombia necesita a sus jóvenes. En medio de una población que envejece rápidamente, ellos tienen la llave del cambio. Tanto el Estado como las empresas privadas deberán tener unas políticas mucho más claras que en el pasado respecto a este grupo, que es quizás el mayor recurso productivo con que cuenta nuestra sociedad para enfrentar los retos que le esperan.

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