| 3/6/2009 12:00:00 AM

A salir del regazo

La competencia en la oferta de información irá de la mano del avance tecnológico. Urge cerrar la brecha del país en ciencia y tecnología.

En los últimos 25 años la tecnología ha revolucionado la educación como ningún otro factor en siglos de historia. Hoy, los estudiantes reciben clases de profesores que están a miles de kilómetros, comparten con sus compañeros el conocimiento en tiempo real o acceden a millones de páginas web mediante sus teléfonos celulares. La ciencia aplicada ha revaluado la forma como los alumnos aprenden, intercambian datos, investigan y analizan.

En 2009 llega a la educación superior la primera generación que conoció internet desde que empezó su educación básica primaria. Este cambio en la disponibilidad de recursos de información exige un gran esfuerzo para integrar las posibilidades de la red a los currículos académicos y las metodologías de enseñanza.

Para no perder relevancia, es necesario que las instituciones de educación se diferencien en el contenido de la información que difunden. Deben priorizar elementos como la autenticidad, credibilidad, calidad, accesibilidad e inmediatez de la información que divulgan. La personalización y segmentación de los contenidos y el uso de las herramientas para su interpretación deben hacer parte central de las estrategias educativas en el mundo de hoy.

La tecnología permite el surgimiento de modalidades de educación que están por fuera de las instituciones educativas tradicionales. Hoy se imparten certificaciones en capacidades específicas que son cada día más respetadas en el mercado laboral. Otra de las más importantes tendencias tiene que ver con la formación de grupos interdisciplinarios.

Los nuevos modelos educativos seguirán evolucionando aceleradamente. Un ejemplo es el desarrollo de mundos virtuales en internet, como Second Life, una aplicación donde hoy más de 200 instituciones educativas del mundo entero han desarrollado 'campus virtuales', con una comunidad formada por más de 4.700 educadores.

En Colombia, apenas un puñado de instituciones tiene experiencias educativas de vanguardia, aunque los esfuerzos estatales están enfocados en salir del atraso tecnológico. En 2010, el Ministerio de Educación espera tener 20 alumnos por computador y el 60% de sedes educativas conectadas a internet; una tarea esencial en la estrategia.

En ciencia y tecnología los retos son enormes. Actualmente, Colombia perpetúa su rezago en la materia, por cuenta de los bajos recursos que se destinan a este fin en comparación con el gasto de países desarrollados y otros emergentes. La nueva Ley de Ciencia y Tecnología es un paso claro en la dirección correcta, pues aclara las funciones que cumplirán las distintas entidades dentro del sistema y fortalece a Colciencias como eje del desarrollo de tecnología en el país. Este esfuerzo para reducir la brecha en indicadores de ciencia, tecnología e innovación debe focalizarse y profundizarse rápidamente, para reparar el rezago de Colombia.

Las universidades, por su parte, deberán proseguir en sus iniciativas por formar científicos e investigadores, mediante la oferta de programas de maestría y doctorado que canalicen los intereses de aquellos estudiantes que buscan excelencia académica dentro de las fronteras nacionales. Se requiere también un mayor impulso para despertar el interés por la ciencia y tecnología entre los menores y no únicamente a nivel de posgrado.

Viene, también, un mayor impulso a la producción de investigaciones y publicaciones de carácter científico elaboradas en el país. Con esto se hará aún más necesaria la articulación entre sus hallazgos y su puesta en práctica.

Los esfuerzos tendrán que ser concertados entre diversos actores. La tecnología no les resta vigencia a figuras como la del profesor, pero habrá que repensar su papel, así como la importancia del salón de clase y de la universidad como institución. La vigencia de las entidades se definirá no solamente en el salón de clase, sino en una interacción más estrecha con otras entidades en la sociedad.

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