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| 11/14/2019 12:01:00 AM

La mala hora del Gobierno

El gobierno de Iván Duque tendrá su prueba ácida el 21 de noviembre, fecha del paro nacional. Muchos creen que en ese momento las protestas de la región se replicarían en Colombia.

Suena paradójico, pero cuando algunas de las cifras del país, como el crecimiento de la economía o la inversión extranjera, pasan por su mejor momento, el gobierno nacional atraviesa una de las situaciones más difíciles de su mandato. Una historia que suena familiar a propósito de lo que sucede en otros países de la región, como Chile.

Las últimas semanas han sido muy complejas para el gobierno Duque: la Corte Constitucional tumbó la Ley de Financiamiento y puso al Ejecutivo a correr para presentar y lograr que el Congreso apruebe antes de terminar el año una reforma tributaria. Esta circunstancia cambió su agenda legislativa y pospuso para el año entrante la discusión de una reforma pensional e, incluso, una laboral.

Por otro lado, el proyecto de adjudicar la operación de Electricaribe quedó aplazado para febrero del año entrante, mientras hacen nuevos cálculos; producto, precisamente, de la caída de la Ley de Financiamiento.

Además, enfrentó tropiezos en la subasta del espectro, que en primera instancia tuvo que declarar desierta y reacomodarla para final de diciembre. Y para redondear este difícil entorno, un huracán político desembocó en la renuncia de su ministro de Defensa, Guillermo Botero, por la denuncia –en pleno debate de una moción de censura en su contra– de un bombardeo a un campamento de disidentes de las Farc donde murieron ocho menores. Además, ya se anuncian otras mociones de censura contra miembros del gabinete ministerial.

El mensaje está claro: el Gobierno tiene un margen de maniobra muy limitado y una evidente debilidad política. Tanto que ya se menciona una recomposición del gabinete.

En medio de este complejo panorama, otras cifras no acompañan al Gobierno. Algunas preocupan especialmente, como el desempleo que viene con un doble dígito sostenido; y la inflación, que está cerca de superar su rango meta.

Además, el vecindario está incendiado. La agitación y protesta social siguen liderando la agenda regional. Las manifestaciones en Chile, Ecuador, Argentina, Bolivia, México y Brasil, aunque tienen distintos orígenes, han generado inquietud. A la mayoría las ha motivado un clima de opinión más sensible frente a los altos niveles de inequidad y desigualdad.

En el caso más extremo, Evo Morales renunció a la presidencia de Bolivia y enrarece aún más el entorno político, por la incertidumbre que genera la sucesión en el poder.

El gobierno de Iván Duque tendrá su prueba ácida el 21 de noviembre, fecha del paro nacional. Muchos creen que en ese momento las protestas de la región se replicarían en Colombia. Esto tiene al Gobierno muy preocupado, en especial porque, a su juicio, la iniciativa surge de hipótesis y no de hechos reales.

Pero más allá de que los proyectos de ley de pensiones o laboral estén en trámite o no, los ánimos están caldeados. El crecimiento de la economía no alcanza, como lo hemos mencionado anteriormente, para cerrar las brechas sociales. Esto es, para llenar las expectativas en salud, educación, empleo y pensiones de miles de colombianos que salieron de la pobreza y hoy están en situación de vulnerabilidad y con un alto riesgo de caer de nuevo en ella.

Es fundamental acelerar el cumplimiento de los acuerdos para que los líderes sociales y quienes se la jugaron por la paz puedan contribuir a construirla, protegidos y amparados por la institucionalidad. Y que el Ejecutivo asuma un compromiso real y concrete la transformación de las zonas del antiguo conflicto.

Llegó la hora de la grandeza. Del Gobierno, para que los proyectos e iniciativas sociales sean cada vez más incluyentes y construyan el camino para que la equidad, su bandera, lidere esa transformación social. Del Congreso, para que entienda que no todo en política es una transacción y que los tiempos están cambiando, y para que el país comprenda que es mejor construir desde la controversia y el diálogo, que desde la violencia. La frase según la cual "a la economía le va bien, pero al país le va mal", debe quedar atrás. A todos nos debe ir bien.

EDICIÓN 562

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