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| 11/29/2019 7:47:00 AM

¿Qué viene después de las jornadas de protesta?

Las multitudinarias manifestaciones que se iniciaron en Colombia el 21 de noviembre constituyen el mayor examen que ha enfrentado el país en los últimos años.

Las jornadas lamentablemente derivaron en hechos vandálicos y algunos excesos de las autoridades. Pero muestran el inconformismo de una población que ve amenazadas sus mejores expectativas de vida en materia de salud, trabajo, educación. Una población que, además, considera las oportunidades de desarrollo y crecimiento cada vez más limitadas y poco incluyentes.

Pero también otras razones han enmarcado las protestas: la corrupción rampante, los asesinatos de líderes sociales y excombatientes comprometidos con la paz; la ausencia del Estado en zonas de posconflicto, el reclutamiento de niños por grupos armados, la brecha entre la Colombia rural y la urbana.

Tras las jornadas de miedo y terror que vivieron algunas ciudades, la manifestación de los colombianos continuó con ruidosos cacerolazos.

Ante estos hechos, el Gobierno manifestó su interés en empezar a construir una nueva agenda y entablar diálogos con los actores de este creciente inconformismo.

El viernes pasado, el segundo día de las protestas y ya con toque de queda en Cali y Bogotá, y varios municipios, el presidente Iván Duque envió su primer mensaje: “A partir de la próxima semana, daré inicio a una conversación nacional, que fortalezca la agenda vigente de política social; trabajando así, de manera unida, en una visión de mediano y largo plazo que nos permita cerrar las brechas sociales, nos permita luchar contra la corrupción con más efectividad y nos permita construir, entre todos, una paz con legalidad. Esta conversación se hará en las regiones con todos los sectores sociales y políticos”.

Ahora viene una verdadera prueba de fuego. El Gobierno tendrá que abrir la puerta a las voces de inconformes y dar igualdad en los diálogos. No podrá cerrarse en una estrategia eminentemente política, necesaria en principio pero insuficiente. Deberá incluir a los estudiantes, líderes sociales y sindicatos, entre muchos otros.

Porque quedó claro que las marchas y protestas ciudadanas a nadie le pertenecen. La libertad en las multitudinarias jornadas demostró que van más allá de líderes mesiánicos que luchan por profecías autocumplidas y quieren apagar el incendio con gasolina.

Así las cosas, el Gobierno tendrá la tarea titánica de encabezar los diálogos que trazarán las reformas. Tendrá que liderar con convicción, pero además generar confianza en un país que demostró en las elecciones pasadas que está cansado de la polarización. También deberá sintonizarse con esta nueva realidad que podría llevar a un cambio dramático de su agenda de gobierno y los enfoques en las prioridades de las reformas sociales. Y algo muy importante: deberá identificar con claridad a los interlocutores.

Las reuniones y discusiones tendrán lugar en momentos en que la economía crece más que en la región, pero no lo suficiente para generar un ambiente más próspero para todos. No dejar que la locomotora desacelere será también un gran desafío para el Gobierno.

Como mencionamos en el editorial anterior, es el momento de la grandeza del Gobierno, de los partidos políticos, la oposición y de los colombianos que participarán en esas reuniones.

Los debates no serán sencillos. Hay intereses muy fuertes que no querrán perder su prevalencia, pero miles de colombianos tienen hoy expectativas más poderosas que antes. La creatividad e innovación para atender las necesidades presentes y del futuro serán prioritarias, más en un país con estrechez fiscal.

Sin embargo, el riesgo es no tomar las decisiones ni avanzar las reformas, y quedar en un escenario de parálisis por análisis. Será necesario explorar todos los caminos para buscar el bienestar de la población, una vida digna y la equidad en el país. Por eso marcharon miles de personas pacíficamente para mostrar su inconformidad.

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