| 10/24/2008 12:00:00 AM

Políticas en contravía

Ojalá esta crisis sirva para que Colombia entienda que la única forma de acabar con la vulnerabilidad externa es ajustar de una vez por todas las finanzas públicas.

En su columna del domingo 19 de octubre en el New York Times, Paul Krugman, recientemente galardonado con el Premio Nobel de Economía, hablaba de la importancia de la política fiscal para sacar a Estados Unidos de la recesión. De acuerdo con Krugman, ante la incapacidad de la política monetaria para dinamizar la economía y la ausencia de sectores que sirvan como motores para la inversión, al estilo de la fiebre de internet de finales de los noventa o la burbuja de la vivienda de esta década, ha llegado el momento para que la política fiscal salga al rescate.

La receta de las políticas anti cíclicas no es nueva y se ha aplicado con éxito en varias economías en el pasado. Esta lógica contracíclica explica por qué, cuando la economía colombiana tenía suficiente liquidez para crecer, como lo hizo en 2006 y 2007, se le pedía al Gobierno colombiano que aprovechara las circunstancias favorables para ajustar sus finanzas y se preparara para las épocas de vacas flacas. Pues bien, las vacas flacas ya llegaron y cogieron al Gobierno con los bolsillos vacíos, en un entorno en que el crédito es escaso y los inversionistas no están dispuestos a asumir riesgos en los países emergentes.

El momento actual es muy malo para tener altos déficits y altas deudas. De hecho, a raíz de la crisis financiera, el cierre de los mercados de crédito y la salida acelerada de los flujos de capital, países como Hungría y Ucrania, que mantenían altos déficit de cuenta corriente y fiscales, están al borde de la quiebra. El Fondo Monetario Internacional ha tenido que salir a su rescate y próximamente estos países tendrán que someterse a un estricto programa de ajuste, bajo los lineamientos de esa entidad. Como en los viejos tiempos.

Colombia y México son los únicos países en América Latina que mantienen altos déficit de cuenta corriente. Estos déficit son vistos como serias fuentes de vulnerabilidad, pues se acumularon en una época en que las inversiones llegaban sin ningún temor y los precios de los productos básicos estaban por las nubes. Ahora, cuando la situación cambió, reina el escepticismo entre los observadores respecto a la capacidad que estos países tendrán para controlarlos. No solo han caído los precios de las exportaciones, sino que los flujos de capital hacia los mercados emergentes se han desacelerado, e incluso se están reduciendo.

En los planes del Gobierno, los años por venir eran los de la infraestructura y se esperaba que, por cuenta de esta, el PIB lograría sostener su ritmo de crecimiento. Infortunadamente, la oportunidad para emprender la construcción de grandes proyectos de infraestructura pasó frente a nosotros y no la aprovechamos. Los mercados de capitales se cerraron y nadie está dispuesto a financiar proyectos de gran envergadura, al menos en el corto plazo. Así que, frente a la recesión mundial, Colombia se quedó sin fuentes internas capaces de sostener el crecimiento.

Al igual que está sucediendo en Estados Unidos, no faltarán quienes en Colombia reclamen una expansión fiscal para impulsar nuevamente el crecimiento de la economía. Sin embargo, al igual que en el caso de la infraestructura, dejamos ir la oportunidad de utilizar la política fiscal para estimular el crecimiento. Habría sido necesario acumular ahorros fiscales en la época de abundancia para tener un margen de expansión en la parte baja del ciclo. El gobierno colombiano no siguió ese camino y ahora no puede hacer política contracíclica, cuando más la necesita.

A diferencia de Estados Unidos, Colombia no tiene cómo recurrir al instrumento fiscal en este momento. Si lo hiciera, sería un desastre. Los mercados de crédito están cerrados y el acceso a la poca financiación disponible será para quienes demuestren gran rigor en el manejo de su macroeconomía. Esto implica, por encima de todo, disciplina fiscal.

Los años que vienen no van a ser fáciles. La única forma de salir fortalecidos como país es hacer bien la tarea y no caer en el facilismo de relajar la política fiscal para crecer. Este es un lujo reservado a las grandes potencias del mundo y especialmente a Estados Unidos, que tiene la ventaja de ser el gran refugio de los capitales del mundo en épocas de inseguridad. Los países pequeños, como Colombia, deben jugar con las reglas de los mercados de capitales internacionales.

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