| 4/1/1995 12:00:00 AM

Plan en el aire

LOS AJUSTES QUE SE LE han hecho al proyecto del plan de desarrollo en los últimos meses no arreglan el problema de su crónica desfinanciación. Todo está inflado en el plan. El crecimiento económico de los próximos cuatro años subirá al 6% anual en lugar de 4.5% anual como parece más razonable. Al mismo tiempo que el crecimiento se acelera, se proyecta que la inflación descenderá progresivamente hasta terminar en 10% en 1998.

La inversión pública aumentará sustancialmente. Pasará del 9.5% del PIB en 1994 a un 12.3% del PIB en 1998. A su vez, el gasto de funcionamiento del gobierno nacional aumentará de 16.5% del PIB en 1994 a 20.9% del PIB en 1995.

¿Cómo se financiará semejante aumento del gasto público? Con un incremento en impuestos que proporcionaría recaudos adicionales calculados en 2% del PIB cada año (entre US$1.000 millones y US$1.500 millones más de nueva tributación anual). Con captaciones masivas de recursos de crédito interno en el estrecho mercado de capitales del país (más de US$2.000 millones anuales por este concepto). Con privatizaciones de más de US$500 millones anuales. Con crédito público externo adicional que generaría en promedio US$400 millones al año más que en el cuatrienio anterior. Y con inversión privada en carreteras de más de US$500 millones al año y en el sector eléctrico de cerca de US$250 millones anuales.

El plan no dice nada del impacto sobre el sector privado de semejante zarpazo de recursos por parte del gobierno. Tampoco dice nada sobre cómo en concreto evitar la politiquería y despilfarro en el sector público y elevar su eficiencia. Es más, la mayoría de los programas "sociales" del plan de desarrollo son improvisados y están diseñados con un esquema paternalista pasado de moda, donde los que sacan tajada son los politiqueros de las regiones, sus parientes o amigos.

El presidente Samper ya violó la promesa de su campaña de no subir impuestos. Todos los problemas que se le presentan los trata de aplacar con promesas de gasto público. Ofrece el oro y el moro en materia de gasto, apoyado por un equipo económico que sigue sin presentarle cuentas claras al país.

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