| 10/11/2018 12:01:00 AM

Déjà vu: el problema de Medimás

La historia parece un déjà vu: el problema de Medimás es una herencia que antes se llamaba Cafesalud y esta fue la sucesión de Saludcoop. La situación parece empeorar.

La revocatoria de la venta de Cafesalud a Medimás por petición de la agente liquidadora de Saludcoop, y anunciada por la Procuraduría General de la Nación, es un capítulo más en la compleja historia de la salud en Colombia.

Aunque el sector en el país tiene una amplia cobertura y en las encuestas de calidad de vida del Dane la percepción de los usuarios es favorable, no hay duda de que la sostenibilidad del sistema es cada vez más compleja, así como también son mayores los retos en la calidad del servicio.

Desde el lado financiero, la estructura pareciera insostenible. Las deudas, a lo largo de la cadena –las que tiene el sector asegurador, las EPS con proveedores, no solo con hospitales y clínicas (IPS), e incluida la industria farmacéutica– pueden acercarse a los $8 billones.

Los recursos no llegan, aunque en las cuentas financieras –como en el caso de hospitales y clínicas– obtienen altas rentabilidades. Sin embargo, lo que tienen son numerosas cuentas por cobrar. Como dijo un experto del sector: “nadie se quiebra por margen, uno se quiebra por caja”. Y el flujo irriga muy lentamente las cuentas de los jugadores del sector, generando tensiones.

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El problema de Medimás, según lo informó la Procuraduría, se dio precisamente por el cierre de 8 clínicas de las 19 que integran Esimed, sumado a la falta de pago de los cánones de arrendamiento, deuda que asciende a más de $32.000 millones, así como a los líos en la atención de los usuarios.

Y la historia parece un déjà vu: el problema de Medimás es una herencia que antes se llamaba Cafesalud y esta fue la sucesión de Saludcoop. La situación parece empeorar. Saludcoop entró a liquidación con falta de pagos a muchas entidades y se permitió el paso de los usuarios a Cafesalud. Eso no funcionó y se creó Medimás, en una intención de algunas IPS de capitalizar sus acreencias y quedarse con un negocio en el que casi ninguna compañía reconocida y grande del sector –salvo Sanitas– estuvo interesada.

Pero pareciera que este modelo de integración a la inversa tampoco funcionó. Como lo advierte un prestador, a clínicas, hospitales y grandes prestadores liquidación tras liquidación les quedan innumerables cuentas por cobrar y una mayor incertidumbre sobre quién va a responder. Aún así, siguen obligados a atender a los usuarios.

Una salida de corto plazo es que las autoridades ‘repartan’ a los usuarios de Medimás entre las EPS que estén habilitadas de acuerdo con la región. Pero, en muchos casos, a las EPS que han hecho bien su trabajo, con gestión del riesgo poblacional, control del gasto, pago de sus cuentas y eficientes procesos operativos, las estarían castigando, pues les va a llegar una gran cantidad de población, muchos con tratamientos inconclusos, consultas retrasadas o cirugías sin hacerse.

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¿Qué hacer? Sin duda el sector está a la espera de una profunda cirugía reconstructiva; pero antes es necesario estabilizarlo: continuar con la política de control de medicamentos e insumos y avanzar en una política farmacéutica de mayor competencia; definir qué cubre y qué no el sistema, las exclusiones en los planes de beneficios y adelantar una gran discusión sobre la efectividad de lo que debe o no pagarse. Hoy, el No POS tiene descuadrada la caja de todo el mundo.

El ministro Juan Pablo Uribe ha asegurado que se requiere inspección, vigilancia y control y que la regulación sea efectiva en facilitar, permitir y fortalecer una competencia sana entre todos los prestadores y aseguradores para que haya incentivos al valor, servicio y transformación. Propuso que las superintendencias de Industria y Comercio y la Financiera hagan parte constitutiva y permanente de un sistema general de inspección, vigilancia y control para el sistema.

Pero también será necesario tomar definiciones en un contexto más amplio: el hecho de tener rentabilidad o agentes privados hace que la legitimidad se discuta, máxime cuando el Procurador ya ha hablado de que la salud no es un negocio. Este es un sistema público, en el que operan intermediarios privados y donde pueden existir las utilidades, y esa no es una explicación simple para los usuarios.

Esto no será sencillo en medio de una población nueva –la migración venezolana– que está buscando atención; pero también en un contexto de corrupción, donde los recursos se pierden.

El sistema enfrenta un momento complejo: será necesario tapar las hemorragias para estabilizar al paciente y que pueda afrontar con éxito la cirugía. La atención es de urgencia.

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