| 6/7/2018 12:01:00 AM

Hidroituango: más allá de la emergencia

Hidroituango es la tormenta perfecta, donde muchos factores y decisiones se combinaron y se materializaron los riesgos no solo para el proyecto, sino también para una organización tan sólida como Empresas Públicas de Medellín (EPM).

Hace apenas unas semanas, a marchas forzadas, trabajadores laboraban para llevar a la presa de Hidroituango a la cota 410 que permitiera, tras el colapso de los túneles y la inundación de la casa de máquinas, sacar de forma controlada el agua del embalse por los vertederos.

Cuando las metas se venían cumpliendo y se habían reducido las alarmas, una alerta generó de nuevo zozobra sobre el proyecto: se dieron deslizamientos de tierra en el estribo derecho de la obra y se abrió la posibilidad de que miles de metros cúbicos de tierra y capa vegetal se desprendieran de la montaña.

El riesgo –como lo ha confirmado hasta el mismo Presidente de la República– sigue alto y se ha venido incrementando. Los escenarios de amenaza son preocupantes: uno, que todo o parte de este material pueda caer sobre el vertedero; dos, que caiga en el agua del embalse y se produzca una ola gigantesca que se llevaría la presa afectando su estructura; y otro adicional y complementario, que sea la evidencia de una falla sistémica en la montaña. Y, como mencionó Jorge Londoño, gerente de EPM, este es un problema que va a tomar meses.

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La prioridad de las autoridades ha sido minimizar los riesgos para los centenares de trabajadores y los miles de pobladores aguas abajo y evitar una tragedia de insospechadas proporciones que afecte decenas de municipios.

Hidroituango es la tormenta perfecta, donde muchos factores y decisiones se combinaron y se materializaron los riesgos no solo para el proyecto, sino también para una organización tan sólida como Empresas Públicas de Medellín (EPM).

Por ahora, todas las energías se deben concentrar en recuperar el control de las obras y del proyecto. Es la única manera de garantizar la vida de los pobladores de los municipios aguas abajo que siguen viviendo con angustia e incertidumbre esta emergencia. Es necesario que las autoridades nacionales, locales y regionales trabajen de manera articulada para salir de la contingencia.

Pero una vez superado, y confiando en que no se presente ninguna catástrofe y se preserven las vidas, será necesario llegar a una segunda fase de evaluación del proyecto en su conjunto para determinar si es viable o no y si obras estructurales –como la presa o la casa de máquinas– podrán cumplir o no sus funciones.

Además, será fundamental hacer un análisis crítico, no solo desde lo técnico y de las decisiones que se tomaron, sino también desde lo social, y definir si será necesario relocalizar algunas poblaciones y cuáles serán las obras adicionales que se requerirán.

Algunos ya piensan incluso en comisiones, integradas por expertos independientes –distintas a las que han venido atendiendo la emergencia–, que den seguridad y tranquilidad en las decisiones que se tomen hacia el futuro y acompañen a quienes lideran el proyecto.

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Seguramente, los organismos de control encenderán sus radares para hallar responsables e investigar si los procedimientos de contratación cumplieron a cabalidad o fueron resultado de algunas maniobras non sanctas, como lo ha advertido la Fiscalía General de la Nación, o en qué circunstancias se tomaron las decisiones.

Pero, sin duda, será necesario aprender de las lecciones que ha dejado esta amarga experiencia y amenaza, que no había vivido el país, y que no es exclusiva de Antioquia o Medellín sino que involucra a toda Colombia.

Hoy los ojos del país están sobre EPM; sin duda, uno de los mejores ejemplos de empresas públicas en el país. Este grupo tendrá que analizar a la luz de esta experiencia los aprendizajes hacia el futuro, en medio de los ajustes de sus finanzas que generarán esta emergencia.

Pero no es la única lección. La ingeniería en Colombia también está en el ojo del huracán tras los casos del edificio Space en Medellín, la caída del puente Chirajara o la emergencia de Hidroituango. Se habla incluso de crear una instancia técnica que le haga seguimiento a las grandes obras de ingeniería.

Allí lo más importante es que la ingeniería recobre su papel protagónico en el desarrollo de obras, al parecer hoy desplazado por el financiero y por los cronogramas apretados. Y que la responsabilidad exista desde el mismo momento de la estructuración, en lugar de pretender ganarse los proyectos con propuestas artificialmente baratas, lo que afecta su concepción, su estructuración y su ejecución.

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