| 6/10/2005 12:00:00 AM

La verdad de las 5.000

Ignorar el desequilibrio que se está presentando entre las empresas colombianas es un error. Un país en el que únicamente crecen las empresas grandes no es viable y mucho menos ante un TLC con Estados Unidos.

El año pasado, las 5.000 empresas más grandes de Colombia vendieron $256 billones, una cifra similar a la del PIB, y obtuvieron utilidades por $14,3 billones. Sin duda, es una gran noticia, después de tantos años de estancamiento. No obstante este excelente comportamiento en las cifras agregadas, la realidad es que la distribución entre empresas grandes, medianas y pequeñas es preocupante. El 85% de las ventas fueron realizadas por empresas grandes (empresas con ventas superiores a los $30.000 millones), que representan el 26,8% del total, en tanto que el 15% restante estuvo en manos de las empresas medianas y pequeñas, que en conjunto representan el 73% de las 5.000 empresas.

Peor aún, las ventas de las tres empresas más grandes del país -Ecopetrol, Grupo Empresarial Bavaria y ExxonMobil- superan las ventas de las empresas pequeñas, que son el 51,4% del total.

Algo similar sucede con la inversión. Mientras que el patrimonio del grupo de empresas grandes creció 9,8% en términos reales entre 2003 y 2004, el de las medianas y pequeñas se redujo 8,7% y 0,4%, respectivamente. Esto implicaría que el beneficio de la deducción del 30% por inversión, que le costó al fisco $830.000 millones, llegó fundamentalmente a empresas grandes, que ya contaban con capital y acceso a crédito para invertir.

Por supuesto, en ningún momento queremos implicar que no es bueno que a las empresas grandes les vaya bien. Por el contrario, les debe ir muy bien, pues son las que están empujando el crecimiento. Si no fuera por estas empresas que tienen su mirada en el mercado internacional y, por tanto, pueden aprovechar el buen momento que atraviesa la economía mundial, el crecimiento del país habría sido inferior.

Sin embargo, es indispensable llamar la atención sobre la gran brecha entre las empresas grandes y las medianas y pequeñas, que no es buena y debe ser tenida en cuenta cada vez que se adoptan medidas para estimular el desarrollo empresarial. Si bien estas empresas no son grandes generadoras de ingreso, sí generan empleo, algo que no puede dejarse de lado en la coyuntura del país.

Las empresas pequeñas y medianas necesitan profesionalización y también inversión. Más allá del empleo, ¿qué puede esperar un país que está negociando un TLC con la economía más grande del mundo, si no prepara a la mayoría de sus empresas para la competencia? Estas empresas, por lo demás, son parte esencial de las cadenas productivas. Si no logran sobrevivir a la competencia, tampoco podrán hacerlo las empresas grandes.

Lo más triste es que estos resultados no son nuevos. Se vienen repitiendo año tras año y no nos cansaremos de llamar la atención sobre ellos. Sin embargo, unas medidas que al menos traten de corregir esta tendencia no parecen estar en la agenda de nadie. Ojalá cuando el país despierte no sea demasiado tarde.

EDICIÓN 545

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