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| 6/25/2020 12:01:00 AM

La corrupción tras los recursos para la pandemia

Parece que no ha sido suficiente con la tensión que vive el sistema de salud, cuando los picos de contagio empiezan a llegar a sus niveles más altos o con el dramático impacto que ha tenido el coronavirus en el tejido empresarial y económico del país.

Se han registrado caídas en el crecimiento estimadas en 5% para este año y una pérdida de más de 5,4 millones de empleos.

Ahora empiezan los síntomas de la otra plaga: la corrupción. La Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía han denunciado posibles sobrecostos en los contratos públicos para atender la pandemia en entidades del Estado, alcaldías y gobernaciones. También el presunto favorecimiento a donantes de campañas políticas. Todo esto demuestra el apetito insaciable de las redes de corrupción.

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De acuerdo con cifras preliminares, el Gobierno ha invertido más de $15 billones para hacer frente al coronavirus. Por eso, los organismos de vigilancia y control hacen alertas muy preocupantes. La Contraloría ha encontrado evidencias de sobrecostos de 21% en el valor de bienes y servicios y algunas adjudicaciones a contratistas que financiaron campañas políticas. Esta entidad ha revisado contratos por cerca de $4 billones, casi 20% del total celebrado por las entidades públicas a lo largo de este año. Y ha emitido más de 300 alertas en contratos que suman cerca de medio billón de pesos.

Por su parte, la Procuraduría ha abierto más de 800 procesos disciplinarios a 27 gobernaciones y 396 alcaldías; ha suspendido a siete alcaldes y están en juicio los gobernadores de Arauca, Vichada y funcionarios de la gobernación del Quindío.

La Fiscalía tiene abiertas casi dos centenares de indagaciones por supuestas situaciones de corrupción en todos los departamentos. La entidad imputó cargos contra los alcaldes de Necoclí y Barbosa (Antioquia), San José de Miranda (Santander) y El Charco (Nariño), y contra el gobernador del Chocó, Ariel Palacios, suspendido de su cargo.

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Los recursos públicos son sagrados, pero más aún en una situación de emergencia como la actual. Está en juego la posibilidad de garantizar la oportuna atención en salud, que requiere insumos, infraestructura y responder por las obligaciones laborales del personal de este sector. También está en juego cubrir y atender a los más vulnerables, lo que requiere dineros, alimentos y medicamentos. Y, al mismo tiempo, procurar mantener vivo el tejido empresarial para cuidar el empleo y las empresas.

Además, en una crisis como la actual, ninguna cifra será suficiente y los dineros deben servir con la mayor eficiencia y el mayor impacto posibles. Sobre todo, en momentos en que las cuentas fiscales van a quedar maltrechas, con un alto endeudamiento y un menor recaudo de impuestos, producto de la recesión venidera y la destrucción de empleos.

Por eso, hoy más que nunca, el país debe hacer una cruzada para vigilar los recursos, fortalecer la atención de la pandemia y aprovechar esta oportunidad para blindar el erario y tomar todas las medidas necesarias contra la corrupción, una verdadera plaga. Una acción que no da más espera.

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*

Sí, pero no así. El Día sin IVA ofrecía una maravillosa oportunidad para demostrar la madurez de autoridades, comercios y consumidores, y empezar a reactivar, con orden y cuidados sanitarios, la aporreada economía del país.

En muchas ciudades, el comercio y los compradores tuvieron disciplina y mesura en su comportamiento a la hora de comprar, pero las imágenes de grandes superficies, desbordadas por los compradores sin cumplir los protocolos de higiene y distanciamiento social, dejaron un sinsabor. Todo aquello es preocupante, sobre todo, por la expectativa de las otras fechas programadas de día sin IVA.

Más allá de las medidas de las autoridades, las empresas y el comercio, llegó el momento de la responsabilidad personal. Es imposible vivir confinados permanentemente, pero es necesario tomar consciencia de nuestras acciones y de las implicaciones de romper los protocolos. Un crecimiento sin control de los contagios y de los fallecimientos darían un severo golpe al sistema de salud y nos llevaría de nuevo a una cuarentena, una estocada mortal para la economía. A ponernos juiciosos todos.

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