| 1/18/2018 12:01:00 AM

Innovación: La locomotora sin motor

Hace ocho años, recién posesionado como Presidente, Juan Manuel Santos lanzó su plan de gobierno apalancado en 5 locomotoras que impulsarían la economía: el agro, la infraestructura, la vivienda, el sector minero-energético y la innovación.

Los cuatro primeros con aciertos y grandes dificultades, pero con Ministerios que podían hacer gestión y seguimiento, lograron en distintos momentos de los dos periodos presidenciales de Santos ser protagonistas en el crecimiento económico.

Sin embargo, la innovación quedó rezagada porque se trataba de un ejercicio transversal y no se asumió el liderazgo que requería. Como advierte el Informe Nacional de Competitividad del Consejo Privado de Competitividad 2017-2018, la ciencia, tecnología e innovación (CTI) son elementos centrales para diversificar y sofisticar el aparato productivo y lograr aumentos en productividad que lleven al crecimiento sostenido.

Si bien entre 2006 y 2016 casi se llegó a duplicar la inversión en actividades de CTI como porcentaje del PIB –al pasar de 0,4% en 2006 a 0,736% en 2015 y 0,711% en 2016–, sigue siendo bajo en comparación con el de los demás países de la región y aún está lejos de alcanzar la meta de llegar a 1% del PIB en 2018, cuando los países de la Ocde –a donde Colombia busca acceder– en promedio invierten 2,4%.

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Los avances son mediocres. “En cuanto a resultados de generación de conocimiento, transferencia de conocimiento y tecnología e innovación, entre 2016 y 2017 no hubo mejoras en 7 de los 12 indicadores”, dice el informe y agrega que “el país no cuenta con una política unificada de CTI, por lo que los esfuerzos que hacen los distintos actores son desarticulados y atomizados”.

Colciencias debería ser la entidad llamada a liderar esa transformación, articular los esfuerzos y juntar los recursos para liderar este proceso. Sin embargo, lo que acaba de pasar hace unos días con el cambio de su director, al haber sido declarado insubsistente el científico César Ocampo, desatar un debate sobre responsabilidades en el manejo de los recursos –con acusaciones de ida y vuelta– y llegar a ocho directores durante las dos administraciones Santos es un reflejo de las falencias en la estrategia.

El presupuesto de inversión de la entidad, que ha generado profundos debates al momento de presentar el Presupuesto General de la Nación, ha pasado de representar el 1,29% de la inversión de la Nación en 2010, a 0,69% en 2016, según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OCCT). Para este año podría ser cercano a 0,8%.

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Y, para completar, además de que los recursos son escasos, tampoco se invierten bien. Un informe de la Contraloría General de la República en un análisis del Fondo de Ciencia Tecnología e Innovación de Regalías que entre 2012 y 2016 tuvo recursos por $3,8 billones, concluyó, por una parte, que la toma de decisiones en la aprobación de los proyectos está en manos de los gobernadores, que muchas veces tienen intereses diferentes a los que exige el desarrollo científico. De 277 proyectos aprobados de 2012 a 2015, por valor de $2,2 billones, la gran mayoría (201) son ejecutados por las gobernaciones. Solo en 70 proyectos ($490.000 millones), la entidad ejecutora es reconocida por Colciencias.

De otra parte, hay un rezago en la aprobación: a diciembre de 2016 se encontraban saldos disponibles por valor de $1,5 billones de los $3,8 billones asignados al Fondo. Los restantes $2,3, billones son ejecutados en los respectivos departamentos a través de 305 proyectos. Como consecuencia, el Gobierno propuso usar estos saldos financiando vías terciarias.

El desarrollo económico de los países está soportado en gran parte por la capacidad de inversión en CTI y en productos, bienes y servicios cada vez más sofisticados. Hoy más que nunca la ecuación toma un mayor valor. Aunque los precios de los commodities en el corto plazo han repuntado, es necesario e imprescindible darle un impulso en la innovación de la industria, la tecnología, los servicios, el agro y la salud, entre muchos otros sectores, para que nuestras empresas logren diferenciarse, generar valor y vincularse a cadenas productivas internacionales. No en vano las compañías con mayor actividad innovadora en el país hoy conquistan otros mercados, son referentes regionales y poderosas multilatinas. Pero ese número debe aumentar.

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Colciencias –en especial su función– debe cuidarse y potenciarse. Aunque parecería casi imposible mantenerla al vaivén de las presiones políticas, es fundamental blindarla para que sea un verdadero eje de conocimiento y desarrollo.

Ad portas de la campaña presidencial, sería muy importante conocer cuál es la estrategia de los diferentes candidatos para apalancar a la CTI en sus planes de gobierno y qué papel debería jugar Colciencias, hoy en el ojo del huracán.

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