| 4/27/2006 12:00:00 AM

Desigualdad vs. educación

La desigualdad social y económica en los países latinoamericanos es el caldo de cultivo del populismo, que plantea grandes riesgos para la región. La baja calidad de la educación pública tiende a perpetuar este fenómeno. Es hora de actuar.

La economía global está en un excelente momento, con altas tasas de crecimiento. Para este año, el Fondo Monetario Internacional tiene prevista una expansión mundial de 4,9%, con crecimientos de 3,4% en Estados Unidos, 2,8% en Japón y 2% en la zona euro. En los países en desarrollo, los crecimientos esperados son impresionantes. La proyección es 9,5% en China, 7,3% en India y 5,2% en los países de Europa Central. Para América Latina, la cifra es 4,3%. Esto nos puede parecer alto, pero hoy esta tasa refleja una región rezagada, pues el alto crecimiento de los últimos años no se ha traducido en una mejora sustancial del ingreso per cápita ni de la desigualdad social y económica.

De hecho, en el Foro Económico Mundial sobre Latinoamérica que tuvo lugar en Sao Paulo, Brasil, entre el 5 y 6 de abril, este tema fue el centro de la discusión y fue elegido por consenso como el mayor riesgo que enfrenta la región. La desigualdad en esta zona no es reciente. Sin embargo, hoy tiene un gigantesco impacto potencial, tanto en lo político como en lo económico, pues la desigualdad es el caldo de cultivo del populismo que hoy parece recorrer América Latina como un vendaval.

Entre las soluciones para reducir la desigualdad está la educación. Pero no una educación de cualquier tipo. Tiene que ser educación de calidad y para toda la población. Si la cobertura y la calidad no alcanzan a todos, la pobreza y la desigualdad se reproducen. En Colombia, como consecuencia de las diferencias entre la calidad de la educación primaria y secundaria que imparten los colegios públicos frente a los privados, donde los estudiantes de familias de mayor ingreso asisten a los primeros mientras que los de menor ingreso solo tienen acceso a los segundos, la educación crea un sesgo que se perpetúa.

Los alumnos de los colegios que ofrecen una calidad inferior son por lo general los que obtienen los resultados más bajos en el ICFES y, por tanto, solo pueden ingresar a universidades de calidad inferior. Esto, a su vez, los lleva a obtener los resultados más bajos en las pruebas universitarias Ecaes y, posteriormente, a competir desfavorablemente en el mercado laboral (ver página 28). La desigualdad que se conforma en los primeros años de la vida también se perpetúa.

En el tema de educación, Colombia ha avanzado, pero aún nos falta mucho por hacer. Así lo muestran todos los indicadores. Falta calidad. Pero, además, hace falta que el país se decida a desarrollar las disciplinas que le permitirían competir en el mercado internacional.

Por primera vez en muchos años, Colombia tiene una perspectiva favorable de largo plazo, que le permite planear y prepararse para el futuro. No solo la economía va bien, sino que el Tratado de Libre Comercio abre una serie de oportunidades en todos los frentes, que muy seguramente le darán al país una nueva dimensión. Sin embargo, estas oportunidades no se van a materializar si el país sigue de espaldas al reto de la formación de su capital humano. En una economía cerrada, el sistema productivo colombiano pudo darse el lujo de ser indiferente ante el desperdicio del talento y la capacidad intelectual de su gente. De ahora en adelante, mantener esa miopía sería un suicidio.

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