Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

| 4/26/2018 12:01:00 AM

Colombia: Hay vida después del petróleo

El impulso que la actividad económica puede obtener de los mayores precios del petróleo, no debe hacernos posponer las tareas urgentes para diversificar la estructura de la producción y de la oferta exportable.

El repunte en los precios de los commodities del sector minero-energético, en especial del petróleo, ha sido como un bálsamo de corto plazo para la economía del país, luego de dos años de desaceleración y bajos crecimientos.

Tras el severo ajuste que tuvo que hacer Colombia desde 2014, por la caída de los precios de las materias primas, sobre todo del petróleo, al final del superciclo la actividad económica se desaceleró de un modo pronunciado. Tanto que el año pasado la tasa de crecimiento del PIB (1,8%) fue la menor desde 2009 (1,7%), cuando la economía sufrió con rigor los efectos recesivos de la crisis financiera internacional.

Como consecuencia de esto, la economía colombiana quedó sin motores de crecimiento ni fuentes dinámicas de demanda. En los primeros meses de este año se ha registrado un repunte tímido, soportado en un mayor gasto del sector privado. Sin embargo, su expansión es poco dinámica, debido a la alta carga financiera de los hogares, la lenta transmisión de los recortes de la tasa de interés del Banco de la República a las de los créditos bancarios y la poca confianza de los consumidores y los empresarios, afectada por la incertidumbre electoral. El gasto público tampoco puede ser una fuente muy dinámica de demanda, debido a la exigente senda de consolidación de las finanzas públicas establecida por la regla fiscal.

Le recomendamos: Con la paz no se juega

Los analistas en promedio pronostican un lento repunte de la actividad económica este año –cerca de 2,4%– y el siguiente –estimado en 3%–, a medida que revive la demanda interna y crecen las exportaciones.

El aumento pronunciado de los precios del petróleo desde el año pasado –que en el caso del Brent llega a 33% anual, con lo cual su promedio mensual ascendió a US$69,8 por barril en abril–, si persiste, puede constituir la chispa que faltaba para acelerar la actividad económica del país en el corto plazo y para estrechar sus desbalances macroeconómicos más de lo previsto este año y el siguiente.

Los precios más altos del crudo incrementan los ingresos por exportaciones, mejoran los términos de intercambio y aceleran el ingreso nacional. Además, elevan los ingresos públicos por impuestos, regalías y el pago de dividendos de Ecopetrol al gobierno nacional. También, los mayores precios favorecen un aumento de la inversión extranjera en el sector, porque mejoran su rentabilidad. Por estos motivos, permiten una mayor expansión de la demanda interna, por el aumento del gasto tanto privado como público.

De manera simultánea, facilitan el cumplimiento de las metas de déficit público establecidas por la regla fiscal, con lo cual ayudan a conservar bajo el riesgo soberano y a preservar el grado de inversión de la deuda pública. El mayor efecto del alza del precio del petróleo en las finanzas públicas se siente con un año de rezago, pero como están en alza desde el año pasado, sus beneficios se verán en parte este año y si persisten elevados, con mayor intensidad el año entrante. El presupuesto de la Nación se hizo sobre un promedio del petróleo de US$55 por barril para este año y cada dólar, por encima de esta cifra, le podría representar al país unos $350.000 millones adicionales.

Le recomendamos: Aranceles: guerra entre dos formas de ver el mundo

Además, los mayores ingresos por exportaciones de petróleo ayudan a cerrar el déficit en la cuenta corriente más rápido de lo previsto, como ocurrió el año pasado.

Pero la elevación de los precios del petróleo también entraña varios riesgos. Por causa de los mayores ingresos por exportaciones e inversión extranjera al sector, así como por el menor riesgo soberano, se aprecia la tasa de cambio. Por tal motivo, desmejora la rentabilidad de los exportadores y se genera un efecto de enfermedad holandesa que afecta el aparato productivo del país. Al mismo tiempo, se puede desplazar parte de la demanda interna hacia productos importados, por la disminución de sus precios debido a la caída del dólar (así se evidencia ya en el sector turismo).

Debido a estos efectos colaterales, el impulso que la actividad económica puede obtener de los mayores precios del petróleo, no debe hacernos posponer las tareas urgentes para diversificar la estructura de la producción y de la oferta exportable. Es necesario, en consecuencia, acelerar la mejora de la competitividad y la productividad de la economía colombiana. Además, debería evitarse la tentación de que el Gobierno gaste los ingresos extraordinarios que obtiene de este auge del petróleo. Sobre todo, que no vuelva a financiar gastos permanentes con ingresos transitorios y que continúe el proceso de consolidación fiscal. La tarea sigue pendiente, a pesar de la pequeña bonanza.

No se pierda: ¿Los candidatos hacen cuentas alegres con los impuestos?

EDICIÓN 562

PORTADA

¿Qué va a hacer Carrasquilla después de la regla fiscal?

Las últimas semanas han sido bastante agitadas desde la perspectiva empresarial y económica. El comité consultivo de la regla fiscal decidió conceder un margen de maniobra al Gobierno en materia de gasto y endeudamiento, al flexibilizar algunos puntos el nivel de déficit fiscal permitido para 2019 y 2020.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en DINERO Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com
Su código de suscripción no se encuentra activo.