| 9/14/1998 12:00:00 AM

¿Cambiar el verbo?

Una nueva institucionalidad se está ensayando para enfrentar la actual crisis económica. Antes de la Constitución del 91, el gobierno tenía plenos poderes en el manejo monetario y cambiario así como mayor control sobre el Congreso. Hoy, el Congreso es más independiente y la Junta del Banco de la República más autónoma.



Las decisiones fiscales, monetarias y cambiarias requieren ahora mayor discusión y coordinación que nunca. En estos momentos es vital que las nuevas instituciones faciliten la toma de urgentes decisiones y el interés público prime sobre intereses y protagonismos individuales.



El Congreso tendrá pronto su primer examen ante el paquete fiscal presentado por el gobierno. Pero el Banco de la República ya lo tuvo la última semana de agosto con las decisiones cambiarias y ¡dejó mucho que desear!



Su credibilidad se ha minado. Sus directores se acostumbraron a hablar públicamente sin ton ni son. Eso, que en momentos normales es anómalo, en momentos de crisis es explosivo.



Las diferencias de criterio entre los directores enriquecen las discusiones internas previas a las decisiones de la Junta. Pero no está bien que cada director haga públicas sus diferencias una vez tomadas las decisiones.



El anuncio en el Congreso de las discrepancias ante la decisión cambiaria es, en grado sumo, irresponsable. La filtración ante la prensa de las discusiones y discrepancias frente al proceso es imprudente a más no poder. En ningún país del mundo eso es aceptable. Con tales discusiones de parroquia, el Banco no tuvo tiempo, además, de explicarles ni al país ni a la comunidad internacional la justificación y el alcance de sus decisiones. Un circo completo que resulta absurdo en momentos de alta tensión y responsable de la confusión con que el mercado recibió las decisiones cambiarias.



Urge un código de ética para eliminar la imprudencia y el protagonismo de los directores del Banco. Ventilar a la luz pública las opiniones individuales tiene que ser considerada una falta mayor. Y romper la solidaridad ante las decisiones tomadas una falta grave.



En el Banco de la República deben primar sólo la prudencia y la unidad de criterio, para lo cual es crítica la figura del portavoz oficial que explique las decisiones más oportunamente y con mayor claridad.



Los directores que insistan en el verbo locuaz e irresponsable deberían prepararse a pronunciar el único verbo que no han usado: renunciar. Ello contribuiría a la credibilidad del Banco y de sus decisiones. El país sabría agradecérselos.

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