| 9/27/2018 12:01:00 AM

El dólar sigue siendo el rey: ¿continuará al alza?

Las condiciones están dadas para que el dólar siga al alza. Colombia la ha sacado barata frente a un contagio global, pero requiere disciplina fiscal para mantenerse a flote.

Hace 10 años, cuando el precio del dólar en Colombia se cotizaba por debajo de los $1.700 los consumidores nacionales experimentaban una especie de “efecto riqueza”, que les permitía viajar al exterior, comprar productos importados y ver que su sueldo convertido en divisas era más alto de lo que tradicionalmente había sido.

Esa sensación –que facilitaba el consumo, pero que también quebró a muchos empresarios locales que ya no podían competir con la mercancía traída del exterior– se terminó con el derrumbe del precio del petróleo, que luego de estar en US$100 por barril cayó por debajo de US$30.

Como resultado, la tasa de cambio pasó de gravitar alrededor de $2.000 a hacerlo en torno a los $3.000 e incluso en febrero de 2016 llegó a $3.400. En otras palabras, los consumidores dejaron de multiplicar por 2 para calcular el precio en pesos de un bien tasado en dólares y tuvieron que acostumbrase a la tabla del 3.

Precisamente, desde septiembre de 2015, el precio de la moneda estadounidense se ha movido cerca de $3.000, con todo y el cambio de gobierno y las numerosas crisis del exterior, que en un mundo globalizado cada día impactan más a la economía nacional.

Si bien es claro que la tasa de cambio no volverá a estar por debajo de $2.000, también es innegable que para el país es mejor una cotización relativamente estable, a una que cambia con frecuencia.

Por este motivo, los últimos tres años no han sido malos para el país en materia cambiaria, pero la duda es por lo que viene. Al igual que en la época revaluacionista, hoy el precio del dólar en Colombia depende más de lo que suceda en el exterior, que de políticas internas. Y las presiones fuera de las fronteras están a la orden del día.

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La más reciente es la que tiene que ver con un contagio de las crisis provenientes de países emergentes que, al compartir el mismo estatus de Colombia, compiten por recursos de inversionistas del exterior y se ven impactados simultáneamente cuando alguno tiene problemas. Es decir, por uno pagan todos.

Enredo emergente

En general, 2018 no ha sido bueno para las economías emergentes. Sus activos se han desvalorizado –sus bolsas, por ejemplo, han caído 16% en promedio–, la percepción de su riesgo soberano ha aumentado entre los inversionistas –alrededor de 100 puntos básicos en promedio– y sus monedas se han depreciado –cerca de 5% en promedio–.

Como consecuencia, las condiciones financieras para estas economías en los mercados internacionales se han estrechado, de manera que su acceso al crédito externo se ha encarecido y se han presentado salidas de capital de portafolio de muchas de ellas.

Entre las causas de esta tendencia está la sensación que tienen los inversionistas de que la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) y otros grandes bancos centrales del mundo –el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo, por ejemplo– empezarán a subir sus tasas de interés a un paso más rápido del previsto, debido al surgimiento de presiones inflacionarias en sus respectivas economías.

Precisamente, en Estados Unidos las políticas del presidente Donald Trump, como la reducción de impuestos a las empresas, han impulsado la actividad económica, al punto que en el segundo trimestre de 2018 su PIB creció 4,2%, cifra que no veían desde el tercer trimestre de 2014, pero su tasa de inflación está en 2,7%, cuando hace un año bordeaba 2%.

Es altamente probable que la mayor inflación obligue a los grandes bancos centrales a acelerar el incremento de sus tasas de interés y a replegar sus balances con una mayor celeridad.

En mayo pasado, los mercados le daban una probabilidad de 10% a que la FED subirá sus tasas en marzo de 2019, hoy esa probabilidad es de 53%.

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Así que tasas de interés más altas de lo previsto en las economías avanzadas, junto con una menor liquidez que la esperada en los mercados internacionales, traen como consecuencia una disminución del apetito por riesgo emergente entre los inversionistas, que prefieren inclinarse por activos más seguros, que son precisamente los del mundo desarrollado. Cuando los capitales se salen de las economías emergentes para pasarse a las avanzadas se produce una desvalorización de los activos y una depreciación de las monedas de las primeras frente a las de las segundas.

Los más golpeados

De acuerdo con las clasificaciones del Fondo Monetario Internacional, en el mundo hay 23 economías consideradas como emergentes y no todas han resultado impactadas en la misma medida por la coyuntura, pues ‘el golpe’ ha sido proporcional a la magnitud de sus desbalances macroeconómicos –el tamaño de sus déficits fiscales y de cuenta corriente, junto con sus excesos de inversión sobre ahorro doméstico–, su solvencia pública y externa, su liquidez en moneda extranjera y su riesgo político. Esto es lo que explica por qué hasta ahora los más afectados han sido Argentina, Turquía, Suráfrica y Brasil.

Colombia también ha sentido la turbulencia, pero con baja intensidad, gracias a que tiene una vulnerabilidad moderada: sus desbalances fiscal y externo (previstos alrededor de 3% del PIB este año) están en una senda decreciente, favorecida por la alta credibilidad de sus políticas económicas, el régimen de inflación objetivo y la regla fiscal.

El déficit en cuenta corriente del país, que alcanzó a 6,3% del PIB en 2015, lo que refleja la cantidad de recursos que le falta para defender a la economía ante un choque externo, se ha venido reduciendo y se proyecta que cierre este año en 3%. Al mismo tiempo, el déficit fiscal del gobierno nacional central ha disminuido de 4% del PIB en 2016 a una meta de 3,1% del PIB en 2018 y seguirá reduciéndose de acuerdo con las pautas establecidas en la regla fiscal.

Estas razones, sumadas al incremento del precio del petróleo (que este año ha subido 12% y bordea los US$80 por barril) han servido para que los precios promedio de las acciones colombianas disminuyan apenas 1,9%, el Embi –indicador que mide el riesgo país– en lugar de subir disminuyó 2 puntos básicos y el peso se ha devaluado solo 0,8% en lo corrido del año.

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Incluso, como advierten algunos analistas, con el actual precio del barril de petróleo a US$80 y del dólar bordeando los $3.000, Colombia está hoy recibiendo en pesos mucho más que cuando el crudo estaba a US$100, pero la tasa de cambio estaba por debajo de los $2.000. Además, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo el supuesto de precio del petróleo para este y el próximo año está apenas por encima de US$65.

En medio de la marea

Aunque Colombia hasta ahora la ha sacado barata, no es inmune a la situación internacional, cuyas turbulencias tienen su primer impacto en la tasa de cambio, en especial por la fuerte presencia de inversionistas extranjeros en los mercados locales. Ellos son los primeros que se asustan con los problemas de los emergentes y salen a vender y, aunque no se han ido en desbandada, sí han venido liquidando sus inversiones locales.

Lo que hagan los extranjeros con sus tenencias en el país es determinante para la tasa de cambio, pues si compran activos colombianos venden dólares para convertirlos a pesos y si venden ocurre lo contrario. Su posición es importante, ya que actualmente 25% del mercado de títulos de deuda pública (TES) está en sus manos, así como 28% de las transacciones con acciones.

Como resultado, la moneda estadounidense se ha encarecido 8,1% desde su mínimo de marzo pasado, aunque, comparada con lo que les ha pasado a otros emergentes, en el país se ha registrado ‘estabilidad’.

Juan David Ballén, director de investigaciones económicas de Casa de Bolsa, compara la situación económica global con una marea gigantesca que se produce por la llamada ‘normalización de las políticas monetarias’ de las economías avanzadas; es decir, que suban sus tasas de interés desde un punto en el que estaban vigorizando su PIB a uno en donde ni lo impulsen ni lo frenen.

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“En medio de esa marea que mueve a todos los países, Colombia es un pequeño barco que puede defenderse, pero que no se va a quedar quieto”, precisa y agrega que la marea de la normalización implica un cambio estructural y un nuevo ciclo de la economía global, que ahora se dirige hacia mayores tasas de interés (algo que probablemente también ocurrirá en Colombia) y en donde el dólar seguirá siendo una moneda cada vez más ‘dura’.

Ballén considera que, pese a que Colombia está mejor parado que Argentina, Turquía o Brasil para aguantar la marea, existe un factor de riesgo cuyos impactos aún no son claros y tiene que ver con una guerra comercial entre Estados Unidos y China. “Hay que prepararse para cuando llegue el choque externo. Esto se logra pasando las reformas necesarias para mejorar las finanzas públicas, pero hoy las cosas no lucen claras con el ruido político. Además, falta ver qué opinan las calificadoras de riesgo sobre el país. Lo ideal es hacer algún ajuste antes de que den su veredicto”, puntualiza.

Es el euro

Otra es la visión de Guillermo Valencia, cofundador de la firma de investigaciones globales Macrowise. Piensa que los impactos de una posible guerra comercial ya fueron descontados por los mercados cambiarios, pues es poco probable que se dé una confrontación de grandes proporciones.

Lo que en su opinión los mercados no están descontando es el fortalecimiento que registra el dólar estadounidense (por las mejoras en su economía interna) al no tener otra divisa que le haga contrapeso. Esa labor le ha correspondido al euro, pero en la medida en que se presentan problemas en la economía del Viejo Continente (Brexit, Italia, por sus problemas políticos, así como Polonia y Hungría, que aplican políticas contrarias a las de la Unión Europea), el dólar se vuelve más apetecido y, por ende, más caro.

“El primer semestre de 2018 el euro estuvo débil y alcanzó cotizaciones de 1,25 por dólar, recientemente se ha venido recuperando (está en 1,17), pero por los problemas políticos dentro de la Unión Europea yo lo veo cayendo de nuevo”, dice Valencia.

Lo que viene

Andrés Lozano, vicepresidente de inversiones de Colfondos, explica que las monedas son activos muy difíciles de pronosticar, pues en ellas inciden muchas variables, mientras que, por ejemplo, las acciones, se puede proyectar mejor, dado que dependen del desempeño de las compañías, así como del actuar de sus administradores.

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“Los emergentes, la guerra comercial y la subida de tasas de interés de la FED hacen que haya más incertidumbre, aunque lo cierto es que si a los primeros les va mal sube el precio del dólar; igual ocurre si hay una guerra comercial, dado que se considera que la moneda estadounidense es más segura que la china y pasaría lo mismo si suben mucho las tasas de la FED. Bajo todos estos escenarios el dólar resulta ganador”, precisa.

En concepto de Lozano lo que hace que la tasa de cambio no suba tanto en Colombia es que tiene un gobierno promercado y frente al vecindario genera más confianza. Además, sus activos están más baratos que los de Chile, lo que podría implicar que sigan entrando recursos del exterior y se contenga el alza del billete verde.

Germán Cristancho, gerente de Investigaciones Económicas y Estrategia de Corredores Davivienda, cree que el principal riesgo para Colombia está en el precio del petróleo, que hasta ahora es el que ha ayudado a contener el contagio. Estima que la oferta global de crudo va a subir, pues Estados Unidos está produciendo más e incluso Colombia tiene proyectado pasar de 866.000 barriles diarios en 2018 a 900.000 en 2019. Mientras eso sucede ve el precio del dólar entre $3.000 y $3.200, más volátil, pero no en los $3.500 que han pronosticado algunos.

Los analistas locales e internacionales que consulta mensualmente LatinFocus Consensus Forecast estiman que la cotización del dólar cerrará este año en $2.918 y el entrante en $2.943. La firma que pronostica el precio más bajo en 2018 es Standard Chartered con $2.650 y la que la ve la más alta es UBS con $3.200.

Sea como sea, es probable que sigan ocurriendo cada vez más y mayores perturbaciones externas y lo único que podrá hacer Colombia para mantenerse a flote será preservar la confianza de los inversionistas y el grado de inversión. Lograr ese objetivo solo será posible manteniendo la credibilidad de las políticas económicas, lo que implica tener acotados los desbalances macroeconómicos y la solvencia fiscal y externa, holgada la liquidez externa y baja la inflación. Esto permitirá, además, que los consumidores puedan seguir usando la tabla del 3 al hacer cuentas en dólar-peso y que no tengan que pasarse a tabla del 4.

Cuestión de oferta y demanda

Pese a que el precio del dólar oficial lleva tres años alrededor de $3.000 en la calle (casas de cambio y cambistas profesionales), la divisa se consigue casi $200 por debajo. Óscar Martínez, cambista profesional, explica que el precio de la divisa se orienta con la Tasa Representativa del Mercado (TRM), pero se fija con base en la oferta de billetes verdes de turistas, viajeros y empresarios que compran y venden.

“En Bogotá, por ejemplo, siempre hay buena oferta de dólares, cuyo precio tiende a subir cuando hay mucha demanda, como en épocas de vacaciones. No obstante, en meses como septiembre hay menos gente comprando y los precios tienden a bajar”, señala.

Conexión china

Tratando de descifrar las fuerzas que determinan el precio del dólar en Colombia en Alianza se arriesgaron a dar una nueva teoría basada en la correlación de la moneda china, el yuan, y el peso. Su argumento es que ambas llevan fluctuando tres años exactamente igual. Desde marzo pasado cuando inició el ruido de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, tras los mayores aranceles sobre el aluminio, el yuan se ha desvalorizado 10% y algo muy similar ha ocurrido con el peso. "Si asumimos que esa devaluación corresponde a las sanciones de Estados Unidos, podríamos estimar que una profundización de la guerra comercial debería proceder a descontar aranceles de 25% programados para principios del 2019”, explican en Alianza y advierten que si se mantiene la correlación peso-yuan, este año la moneda local podría tocar los máximos históricos de $3.417 por dólar.

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